ENTREVISTA

Evaristo González el rebelde: un dirigente sui generis

De lavar baños como cualquier emigrante en Australia a asistir económicamente a Peñarol para devolverle al club lo mucho que disfrutó como hincha.

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Evaristo González es el dueño de El Clon y el secretario general de Peñarol, el club al que llegó para saldar una deuda emocional que tenía. Foto: Francisco Flores.

Es el secretario general de Peñarol y el que más asiste económicamente al club. Es capaz de darle una mano a los cuadros en desarrollo si lo necesitan y se nota al ingresar en sus dominios la buena relación que tiene con sus 530 empleados. “La puerta de mi oficina siempre está abierta”, dice con orgullo Evaristo González, un dirigente sui generis. “Soy un jefe leal. El que está conmigo sabe que puede contar conmigo. Tengo un equipo enorme de personas que me respaldan. No hago diferencias”.

Rebelde de nacimiento se volvió a Florida con su padre porque se enojó con su madre con quien vivía en Montevideo cuando estaba apenas en quinto de escuela. Aunque al año regresó. Hijo y nieto de cirujanos pasó por 14 instituciones educativas, púbicas y privadas, antes de llegar a la facultad de ingeniería que luego abandonó. Reconoce que era un muy mal estudiante y tenía mala conducta. Fue el rugby el deporte que le enseñó muchas cosas, entre ellas la disciplina.

Vivió y sigue viviendo en Pocitos y por eso su amor por Trouville, el equipo que defendió jugando al rugby nueve años. “Me gustaba el deporte y al rugby juegan todos: el alto, el bajo, el grande, el flaquito, el rápido y el más lento. Nunca me lucí pero era grande y me gustaba el contacto. Y ponía muchas ganas. Además me templó. El rugby me educó. No se permitían inconductas. Te suspendían por tres o cuatro fechas y me dolía porque yo lo que quería era jugar. Y si no tenías disciplina no jugabas. A mí me vino muy bien el rugby, es muy formativo. Siempre he trabajado mucho por el rugby y ahora en Peñarol uno mis dos pasiones”, explicó quien fue el impulsor del equipo profesional de rugby de Peñarol, que jugará la Superliga Americana de Rugby donde debutará en marzo.

Es hincha de Peñarol desde siempre. En su casa no había otra chance. “Todos los que me rodeaban eran de Peñarol. Y yo soy de le época de Morena, mi único ídolo. Iba a Luis Alberto de Herrera y 26 de marzo sólo a verlo subir al ómnibus cuando se iba a la práctica. La pasé muy bien en esa época, disfruté muchísimo y eso generó en mí una deuda enorme con Peñarol. Tantas veces llegué el lunes al liceo y mirarle la cara a mis compañeros bolsos era un poema. Todo eso me generó esa deuda. Por eso estoy en el club, para aportar. Fue lo mismo que me pasó en Trouville. Siempre apoyo al rugby de Trouville y a las juveniles del básquetbol. Lo mismo me pasa con Peñarol: estoy en deuda por tantos buenos momentos que pasé, por todo lo que disfruté. Por eso pongo horas y ganas de trabajo para devolver algo de lo mucho que me dio Peñarol”, insistió quien fue uno de los principales precursores y sponsors de la vuelta al básquetbol de Peñarol. Porque por más que jugó nueve años en Trouville “Peñarol es Peñarol”. Y le había dolido mucho que el club dejara de ser el Club Atlético Peñarol.

“Apenas asumimos dije ‘vamos por el básquetbol’. Y se dio, la gente acompañó, obviamente no éramos pocos los que queríamos que el básquetbol volviera. Al primer amistoso fueron 2.800 personas. Eso nos impulsó. La directiva del básquetbol es un ejemplo de trabajo sin tanta perturbación política. Quieren lo mejor. Ahí ves a ese hincha que se hizo directivo por pasión. Y yo soy eso también”.

GANADOR. Dijo ser honesto al asegurar que su objetivo no es llegar a la presidencia del club. “La meta es dejar algo en Peñarol, tratar de devolver. Y conseguir un triunfo importante a nivel internacional. Yo soy de la época en que fuimos campeones del mundo, de la época en que ganamos dos Libertadores y del Quinquenio. Quiero pagar la deuda de lo que yo disfruté consiguiendo lo mismo. Es una meta extremadamente alta, lo sé. Lo que quiero es que Peñarol vuelva a ser ganador. Si en un futuro la gente me acompaña para ser presidente, notable. Pero más que ser presidente, lo que me gustaría es que Peñarol vuelva a ser campeón de una copa internacional. La Libertadores, que ganamos cinco veces, es la obsesión. Ese es mi principal objetivo”.

carbonero

No se sonroja al responder sobre si pone plata en Peñarol. “Soy uno de los que tuvo que asistir económicamente al club, sí”, reconoció, pero aclaró que no por eso es el nuevo Damiani. “No me interesa ser el nuevo Damiani. Tenemos características distintas. Juan Pedro hizo mucho por el club. Pero tuvimos tres grandes presidentes que generaron la diferencia: Güelfi, Cataldi y José Pedro Damiani. Presidentes que lograron lo que ellos lograron, que Peñarol ganara la Libertadores o fuera campeón del mundo, es mucho más importante que todo el resto”, aseveró.

“Asistir a Peñarol, con la deuda que yo tengo en lo emocional, es sin ningún otro interés. No tengo ningún beneficio, todo lo contrario. Tuve que desarmar colocaciones importantes que tenía de dinero para prestarlo a Peñarol. Cuando se habló del préstamo y se estipuló una forma de pago que incluía intereses, eran mucho más bajos, la mitad de lo que se acostumbra a pagar. En ese momento hablé con el presidente del básquetbol y le dije que no se preocupara que esos intereses los iba a volcar 100% al básquetbol. Porque el sueño de tener de nuevo al básquetbol no podía canibalizar a Peñarol. Es lo mismo que ahora con el rugby. El presupuesto del rugby es tres veces el del básquetbol. Muchos más jugadores y hay que viajar. La plata la hemos puesto la Unión de Rugby del Uruguay y varios de nosotros. Es un sueño muy importante. Es la primera vez que va a haber rugby profesional en el Uruguay. Me iba a doler si no estaba Peñarol. Tomé esa responsabilidad. Lo hablé en mi familia y empecé a tirar para adelante”.

La ayuda económica

Evaristo González, director de El Clon. Foto: Fernando Ponzetto
"Pagar mi deuda emocional"Soy uno de los que asiste económicamente al club. Es sin ningún otro interés que pagar mi deuda emocional con Peñarol".

Se considera una persona proactiva y basta con saber todo lo que hace en un día para entenderlo. Generalmente se levanta a las cinco de la mañana y a las seis menos diez ya está en su empresa cita en Aparicio Saravia. Si hay práctica, a las nueve y media va a Los Aromos a ver el entrenamiento y regresa. Hay mucho trabajo El Clon está por sacar el mailing de artículos escolares. Por la tarde dos reuniones: una de trabajo en su empresa y otra sobre el rugby de Peñarol dado que el miércoles jugarán el primer amistoso frente a Corinthians en el estadio Charrúa. Hay que preparar el evento y estar en muchos detalles. Todo eso sin descuidar el Consejo Directivo aurinegro. “Trato de estar un poco en todas estas cosas que me motivan. Y cuando uno hace cosas que realmente le gustan aparece el tiempo y aparecen las ganas. La única persona que me tiene amenazado de muerte es mi señora, que soporta todo esto. Je. Pero tengo una gran compañera que me banca”.

AUSTRALIA. Su primer trabajo fue a los 15 años en el laboratorio Gautier donde rellenaba los desodorantes y los talcos de la línea Sanidor. Luego trabajó en un reparto de leña y en un correo privado. Más adelante comenzó en Saman, en el sector importaciones y allí aprendió el “know how”, del asunto que hoy es su gran actividad.

Se fue a Australia siguiendo su corazón y vivió allí tres años. “Como cualquier emigrante empecé limpiando baños en un edificio. Luego pasé a ser el jefe de los limpiadores de baños y luego el encargado de todos los limpiadores. Tuve que dejar atrás la zona de confort, mi madre, los amigos con los que vivía para irme a un lugar tan lejos como Australia. Iba a trabajar y tenía un objetivo. Trabajaba desde les cinco de la mañana hasta las diez de la noche. Fue la primera vez que me tomé el trabajo y la responsabilidad en serio. Y no paré nunca más y siempre tratando de dar lo mejor de mí”.

Se casó con Silvia, por quien se fue a vivir del otro lado del mundo, en Australia. Llevan 29 años juntos y son padres de dos varones. “Sabíamos que íbamos a volver a darle otra oportunidad al país ya con algún pesito ahorrado que nos traíamos. Y así fue. Yo empecé en mi empresa con un local de 25 metros cuadrados. Y El Clon nació el 8 de agosto del 2002, en plena crisis. Las crisis son momentos de oportunidades y hay que hacer cambios profundos. Hoy tenemos 22 locales”.

La forma en que conoció a su mujer, también lo pinta de cuerpo entero. “Ella pasó en un auto. Yo venía con unos amigos de pasar semana de Turismo y les dije, vamos por esas chicas. Las empezamos a seguir, las paramos. La invité a tomar algo y fue una lucha para que me diera bola. Era algo raro para ella, que era gringa porque vivía en Australia desde los 9 años y estaba acá de vacaciones. Fue un flechazo. La primera vez que salimos, a bailar a Magic, una discoteca que había en el Parque Rodó, le dije que era importante que le aclarara algo. Le expliqué que mi primer hijo se tenía que llamar Evaristo. Ella se reía, pensaba que era un demente. Pero es que con González de apellido había que ponerle un poco de sabor al nombre. Porque Juan González hay como siete mil. Pensó que era una broma, pero después de siete años de casados, cuando estaba naciendo nuestro primer hijo en Impasa, se lo recordé. ‘¿Ah, no era broma?´, me preguntó”.

en asia

Ya hizo más de 100 viajes a China

Comenzó a viajar a China en 1995. Ya tiene más de 100 viajes al país asiático. Va dos o tres veces al año para realizar las importaciones para su empresa. “El otro día hice el cálculo y he pasando en China aproximadamente 1.500 días", contó Evaristo. "Fui dos veces con Beatriz, mi madre que hoy tiene 88 años y es una gran compañera. Fuimos a Indonesia y Tailandia también”.

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