DE VOLEA

Eternamente gracias, capitán

DANIEL ROSA

Daniel Rosa

Siempre que un futbolista se retira genera algo. Mucho tiene que ver con cuánto provoca lo que hizo en su carrera. Y para los uruguayos que Diego Lugano haya decidido ponerle punto final a la suya es algo muy significativo.

Su imagen con el brazalete de capitán es sinónimo de buenas épocas para la selección celeste. Será recordado como el capitán que lideró la revolución del fútbol uruguayo a nivel internacional. Fue quien, dentro de la cancha, encabezó el proyecto del Maestro Tabárez que desde 2006 se ha transformado en modelo de gestión y por qué no de admiración para el resto del mundo.

Fue Lugano el que convirtió el gol de visitante ante Costa Rica en 2009 para el triunfo 1-0 de visitante y allí podría decirse que comenzó el verdadero despegue de La Celeste, porque hasta entonces la Eliminatoria había transcurrido con la incertidumbre de siempre para Uruguay, que había terminado en el quinto puesto y con derecho al repechaje ante los ticos. Esa victoria fue clave para llegar a Sudáfrica, donde el equipo que la “Tota” capitaneaba dio la gran sorpresa al meterse entre los cuatro mejores del mundo. ¿Quién no tiene asociada a esa alegría la imagen de Lugano saliendo a festejar la “picadita” del “Loco” Abreu saltando en una pierna porque la otra la tenía casi inmovilizada por una bolsa de hielo?

Luego vino la Copa América 2011, que una vez más Uruguay ganó en Argentina, transformándose así en la selección más ganadora de la historia del certamen con 15 conquistas. La última había sido en el ya entonces lejano 1995.

Llegó otro Mundial, el de Brasil 2014, el que para el capitán fue más sufrimiento que disfrute. Le puso el pecho a las balas ante los periodistas extranjeros luego de la mordida de Suárez y siempre, siempre fue ese líder positivo que transformó a Uruguay en una selección a la que a pocos le interesaba venir, en un grupo ganador, en una familia, en una motivación para que todo joven se rompa el alma para que lo convoquen.

Lugano ha sido (y lo es, porque aún afuera de la selección sigue teniendo voz e influencia en quienes fueron sus compañeros, que lo respetan) el estandarte de la revolución celeste.

Ídolo en São Paulo, el club le ofreció ser el superintendente de relaciones institucionales con el objetivo de transmitir los valores propios y de la institución al mundo. Mejor no pudo haber elegido. Gracias por todo, capitán.

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