DESDE EL ARCO

Una estatua para Fabián Coito

JOSÉ MASTANDREA

JOSÉ MASTANDREA

Nadie propuso (ni propondrá) una estatua para Fabián Coito, uno de los pilares más importantes en el proceso de selecciones. Claro, Coito no hace política, tiene perfil bajo, es un caballero, un gran docente y un excelente entrenador que se lleva bien con todo el mundo. Jamás ha tenido problemas con la prensa y menos respuestas fuera de lugar. Coito ha sido un hombre correcto, sencillo, trabajador, afable y muy inteligente. Conoce como nadie el proceso de selecciones desde 2007 cuando asumió la conducción de la Sub 15 de Uruguay. Luego asumió en la Sub 17 (desde el 2009 al 2014), donde fue vicecampeón sudamericano y vicecampeón del Mundo. Pero eso no fue todo. En 2014 asumió al frente de la Sub 20 y en 2017 logró ser campeón sudamericano en Ecuador, título que no se lograba desde 1981. Pese a sus logros, jamás cambió su postura ni su relación con los medios. Pero no sólo logró mantener el proceso en funcionamiento desde la Sub 15 hasta la Sub 20, también condujo (interinamente) a la selección mayor y dejó su sello en el juego, en su paladar futbolístico y en las nominaciones de futbolistas. Su última carta en la mayor fue la goleada Celeste ante México (4-1) en septiembre pasado, en el amistoso de Houston. Fue una gran actuación de la selección, donde se vio un equipo veloz, explosivo, dinámico y ofensivo. Su trabajo y sus logros lo posicionaron internacionalmente donde es requerido y seguramente se vaya después del Sudamericano Sub 20 de enero. Si se confirma su salida, será una pérdida enorme. Siemptre creí que Coito era parte del recambio. Pero no.

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