PEÑAROL

“Estábamos entrando en la historia”

Eduardo Pereira recuerda y explica la campaña del Peñarol campeón de América 1987: “Un grupo excepcional”.

Foto: archivo El País.
Foto: archivo El País.

Todo es tranquilidad en la chacra de Juventud de Las Piedras este viernes por la mañana. Mientras afuera llueve, Eduardo Pereira, gerente deportivo del club, se entusiasma al hablar de la próxima inauguración de la tribuna principal del Parque Artigas. Pero de inmediato sube la voz cuando recuerda al Peñarol campeón de América 1987, del cual fue arquero y capitán.

“Cuando llegué a Peñarol ya tenía una carrera hecha. Me había ido del país en 1973 y había estado seis años en España. En 1984 quise volver y arreglé con Wanderers. En el último partido del Uruguayo jugamos contra Peñarol en el Estadio. Fue una gran actuación, le empatamos y por ese punto Central fue campeón. Y entonces en el ‘85 me ofrecieron ir a Peñarol”, evoca.

Mucho antes hubo otra época, a menudo olvidada: empezó su carrera en Alto Perú y con 15 años pasó a Nacional. En 1971 el Pulpa Etchamendi lo subió a primera y así fue el tercer golero del club, detrás de Manga y Héctor Santos. No llegó a jugar, pero con el número 25 llegó a campeón de América.

En 1986 fue campeón uruguayo tras aquella famosa y polémica final con Nacional. Y de aquella atajada ante Juan Ramón Carrasco en el último instante. “Tuve la suerte de evitar el gol. Tiramos el achique en la mitad de la cancha, pero Nacho Saavedra le metió un pase en profundidad a Carrasco, que llegó solo, con la pelota dominada. Yo achiqué, afuera del área, y se dio ese duelo entre el delantero y el arquero. Y le saqué el tiro con el pie. No pensé nada en ese momento, porque no estaba nada resuelto y venían los penales. Las grandes atajadas, las grandes jugadas, tienen que estar relacionadas con un título, porque si no quedan en el olvido”, cuenta.

Después de ganar la Liguilla siguiente se marchó el técnico, Roque Máspoli, y llegó Oscar Tabárez, a quien considera el mejor entrenador que conoció en sus 25 años de carrera. “No tenía la experiencia de dirigir a un equipo grande, pero lo que tuvo siempre fue organización y profesionalidad llevados a un nivel muy alto, que nos permitieron conocer absolutamente todo de los rivales. Y con el ordenamiento interno que hoy se está viendo en la selección”, afirma.

crecimiento. Pereira cree que el clásico del 8 contra 11 resultó “fundamental como espaldarazo” para aquel plantel. Después nos enteramos que podía estar en juego el puesto de Tabárez. No veníamos con una regularidad y los clásicos siempre marcan, sean por un campeonato o por una copa de verano. Por la forma en que ocurrió pasó a la historia. Cuando quedamos con ocho planificamos para aguantar el empate y al final se pudo ganar. Lo que recuerdo fue que estábamos festejando contra el arco de la Colombes y vimos que empezaba a salir hinchas del túnel, como el agua que va subiendo. Algo está pasando, nos dijimos”, señala.

A su juicio, otros dos episodios terminaron de consolidar a aquellos jugadores: el triunfo de Uruguay en la Copa América de Argentina, con seis futbolistas aurinegros, y una gira de un mes por México.

“En Buenos Aires, un 9 de julio, fiesta nacional argentina y contra el campeón del mundo con Maradona y todo, íbamos solo a participar de los festejos de Argentina. Y los eliminamos y ganamos la Copa”, dice.

Ya por las semifinales de la Libertadores, llegaron otros triunfos resonantes. “Cuando le ganamos 3 a 0 a Independiente nos dimos cuenta que estábamos para más -explica-. Fue un partido excepcional, con jugadores que se plantaron de igual a igual ante las estrellas extranjeras. No era fácil aguantarle el ritmo a aquel Peñarol, con gente joven, muy rápida. Creo que sorprendimos a los rivales, en aquel momento no existía Internet donde podés saber todo sobre tu próximo rival”.

En Santiago le tocó recibir la Copa Libertadores en el palco del Estadio Nacional. Dieron la vuelta olímpica y al regresar al vestuario siguieron festejando. “Estábamos muy contentos, pero todavía no nos dábamos cuenta que estábamos entrando en la historia y menos que luego iba a pasar tanto tiempo sin la Libertadores”, comenta.

¿Y cómo explica el éxito de aquel grupo, formado en gran parte por jugadores jóvenes? “No solamente Peñarol, sino el fútbol uruguayo, por eso es hazañoso, si no logra formar un gran grupo humano es imposible competir con equipos que tienen más figuras y más infraestructura. Por ejemplo el América de Cali era una selección sudamericana. Para la gente, para la prensa internacional éramos ilustres desconocidos. Pero aquel grupo tenía una fuerza extraordinaria”.

Poco después de la conquista de la Copa, Pereira se alejó de Peñarol por discrepancias con el presidente José Pedro Damiani. “Yo era un capitán que representaba a mis compañeros y me sentía plenamente respaldado por ellos. Con el presidente cada uno defendía su parte, algo propio de dos personas de carácter fuerte. Teníamos discusiones pero con un objetivo común que era Peñarol”, dice. En 2008 volvió al club como gerente deportivo, llamado por Juan Pedro Damiani.

A 30 años de aquellos triunfos, Pereira destaca dos motivos de celebración personal: “Primero, el orgullo de haber entrado en la historia de un club de la trascendencia mundial que tiene Peñarol. Y también el orgullo de haber representado como capitán a un grupo excepcional de jugadores. Y hasta el día de hoy lo siento, porque todavía por suerte seguimos todos en contacto”.

Desde el arco: así vivió el gol de Diego Aguirre

“La jugada del gol de Aguirre a América la empecé yo, mandé a todo el equipo arriba y saqué largo. Lo raro es que la pelota estuvo seis veces en el aire, sin tocar el suelo, hasta que Villar la bajó para Aguirre y este remató. Yo tenía una maraña de jugadores por delante y no me enteré que fue gol hasta que lo vi correr a Diego. Después hubo que aguantar hasta el final, porque el juez dio como cinco minutos de descuento. No terminaba más”.

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