Clásico

Los espejos que reflejan el clásico

Atrás, en el medio y en la ofensiva, Peñarol y Nacional tienen jugadores que inciden, y pueden terminar decidiendo el gran duelo del Clausura.

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Collage clásico Clausura 2015

Muchos dicen que el espejo no refleja la imagen de quien lo contempla, sino sus deseos más profundos. Algunos afirman que el espejo es capaz de mostrar el futuro, que uno puede proyectarse, y mirarse más allá de la realidad.

El espejo clásico refleja imágenes muy similares, muy parecidas, aunque con diferentes camisetas.

El espejo de este nuevo clásico muestra a Diego Polenta por un lado, y a Carlos Valdéz por otro.

Esa es la primera imagen que aparece cuando se intenta reflejar la compulsa clásica en las defensas de Nacional y Peñarol. No son iguales, eso está claro, pero tienen la misma incidencia en sus defensas. Son importantes, relevantes, porque pesan en las dos áreas. Primero defendiendo, y después atacando.

Polenta y Valdéz son pilares. Los primeros pilares en donde se sostienen las estructuras de los grandes.

El zaguero tricolor tuvo asistencia perfecta a lo largo de las 11 fechas del Clausura. Y ha mostrado un rendimiento parejo, que ha ido de menos a más.

El zaguero aurinegro se perdió tres de los 11 partidos que jugó su equipo. No empezó jugando, estuvo ausente ante Cerro y Juventud, y también quedó afuera del último partido ante Rampla, pero por decisión técnica: sumaba cuatro amarillas.

Pero no son los únicos pilares, claro. Hay otros, que se reflejan en el espejo por rendimiento y condiciones.

Sus imágenes se reflejan con fuerza, la misma fuerza que tienen en cancha. De un lado Jonathan Urretaviscaya y del otro, la de Carlos De Pena. No es casualidad que ambos carguen con la mochila de "desnivelantes", por explosión, velocidad y gol.

De Pena es el que corre y deja un surco por el andarivel izquierdo del avance tricolor. El que pica, y deja el tendal de rival.

Urretaviscaya es su fiel imagen en Peñarol. Llegó de Portugal en plena forma. Y hoy es el que hace la diferencia de mitad de cancha hacia adelante con su explosión, con sus corridas de velocista por el andarivel derecho, el que pica y deja a los rivales parados como postes, y también lleva la cuota de gol sobre sus hombros.

El espejo del clásico los muestra tal como son. Parecidos, muy parecidos, pero en veredas diferentes. Con las mismas armas y el mismo porte, pero uno con la blusa tricolor y el otro con la casaca aurinegra.

Por si eso fuera poco, ambos llevan convertidos cinco goles en lo que va del Torneo Clausura. Y llegan al clásico con esa cuota a favor.

Son importantes, de los que terminan pesando en propios y extraños.

Ahí están. Las imágenes reflejan a cuatro figuras. Dos por bando, pero si uno recorre unos metros más en la cancha y enfoca el espejo del clásico, se encuentra con dos emblemas de los grandes: Marcelo Zalayeta e Iván Alonso, uno de cada lado, muy distintos, pero prácticamente con el mismo perfil de jugador diferente, de esos Clase "A" que aparecen muy de vez en cuando.

Zalayeta no tiene tanto gol como Alonso, pero tiene más juego, más llegada, más armado, más generación de fútbol.

Alonso vive casi pura y exclusivamente del gol. Es de área, de esos pescadores que están en donde tienen que estar cuando la pelota llega a la zona caliente de la cancha.

El espejo los refleja y muestra una misma imagen de incidencia en sus equipos. Nacional depende los goles de Iván Alonso y Peñarol del fútbol que pueda generar (con pases y paredes) Marcelo Zalayeta.

Las imágenes recorren las cuatro tribunas y se ven reflejadas en los hinchas. En esos incondicionales que nunca fallan, que siempre están, de esos que acompañan en las buenas y en las malas.

El espejo clásico no falla. Tiene a sus figuras frente a frente, cara a cara, en las mismas posiciones, en el mismo sector del campo, pero con diferentes colores, los colores que dividen al Uruguay en dos.

Diego Polenta.

Tiene 23 años, mide 1.85 y pesa 87 kilos. Es polifuncional, se desempeña tanto de zaguero como lateral izquierdo. Hoy está firme en la zaga y se ha transformado en una de las figuras que tiene Nacional. Desde su llegada, tomó la voz de mando en la defensa con personalidad y también con buenos desempeños.

Carlos Valdéz.

Cumplió 32 años el pasado 2 de mayo. Mide 1.83 y pesa 72 kilos. Siempre fue defensa central y desde que llegó a los aurinegros cumple ese rol a la perfección. Es de los futbolistas de mayor ascendencia en el equipo, no sólo por su experiencia, sino también por buenos rendimientos en la zaga.

Carlos de Pena.

Es de los más jóvenes del clásico, pero pese a sus 23 años, ya tiene larga experiencia en estos encuentros. Mide 1.77 y pesa 74 kilos. Es un jugador dúctil, práctico y polifuncional. Aplicado tácticamente. Se desempeñó como lateral zurdo y como delantero por izquierda, hoy es volante "por afuera". Es figura.

Jonathan Urretaviscaya.

Cumplió 25 años en marzo pasado. Mide 1.74 y pesa 62 kilos. Llegó a los aurinegros para sumarse al plantel de cara al inicio del Clausura y ha sido una de las figuras relevantes de Peñarol en el torneo. Es veloz, volante o delantero, también carrilero. Es referencia de mitad de cancha hacia adelante. Desequilibra.

Iván Alonso.

Goleador nato. Hoy, a sus 36 años, sigue siendo uno de los jugadores más desnivelantes del medio. Mide 1.80 y pesa 80 kilos. Es delantero de área, de esos punta-punta bien definidos. Puede "postear", jugar de espaldas al arco pero su mayor fuerte está dentro del área rival donde es letal y no perdona.

Marcelo Zalayeta.

Tiene 36 años, pero mantiene intacta su clase y calidad. Mide 1.88 y pesa 88 kilos. Se desenvuelve como delantero o como media-punta. También puede hacerlo como cabeza de área, pero en los aurinegros juega algo más retrasado. Tiene gran visión de campo y manejo de pelota. Es de los que marca la diferencia.

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