EL REGRESO

Para Enzo Scorza lo pasado, pisado

Fue el pibe maravilla, el otro Maradona; hoy recordar todo eso le hace mal. Está de nuevo en su Rivera natal y quiere volver a jugar profesionalmente.

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Como todas las tardes, Enzo Scorza entrenando en Rivera para seguir "ágil y rápido" como asegura que está. "Sigo siendo el mismo",  le dijo a Ovación. .

Enzo Scorza está en su Rivera natal. Tras una década deambulando por diferentes países regresó al pago para quedarse y con la ilusión de volver a jugar profesionalmente en Uruguay.

Vivió en Rivera sólo hasta los 12 años, cuando jugando en Sarandí Universitario se convirtió en el pibe maravilla. En ese tiempo fueron varios los clubes que se interesaron por el botija, que por su habilidad parecía destinado a ser el nuevo Maradona. River argentino y Barcelona pusieron sus ojos en él. Los dos equipos de Porto Alegre (Inter y Gremio) se lo disputaron, pero fue el tricolor gaúcho el que le ofreció un contrato increíble para un niño. Le daban una cifra muy importante, una propiedad para él y su familia y un trabajo para su padre.

A pesar de eso y siguiendo los consejos de un representante se mudó con su familia a Montevideo para terminar de criarse en Danubio. Fue campeón con la franja en el pecho, pero tras una promesa incumplida de pasar a un grande rompió con su representante y se fue de Danubio. Estuvo unos meses en Central Español y luego marchó al exterior. Pero su carrera no resultó ni por asomo lo que podía haber sido.

“Me vine y me traje el pase porque el equipo en el que jugaba en Guatemala dio quiebra. Arreglé con Peñarol de Rivera y jugué un poco antes de que se parara todo. Me siento bien físicamente y mentalmente como para jugar un par de años más; para volver al fútbol profesional”, dijo el expibe maravilla, que tiene 32 años.

“Mi pasión es el fútbol, yo amo el fútbol y hoy o mañana cuando me retire pienso seguir vinculado al ambiente porque el fútbol es mi vida”, agregó el delantero, que hizo sus valijas cuando tenía solamente 21 años y jugó en Italia, en México, en Brasil, en Perú, en Grecia, en España y en Guatemala, donde Rosario fue su último equipo.

EN LA ALTURA. “Mi mejor momento afuera fue en Cienciano, en Perú. Al principio me costó adaptarme por el tema de la altura, pero después me sentí bárbaro. Hice goles y me renovaron el contrato. Allí, jugando en Primera, con mucho público en las tribunas, me volví a sentir profesional, que era lo que me faltaba. En Perú y en el Iraklis de Grecia tuve mis mejores momentos afuera”, relató y admitió que su carrera no fue lo que pudo haber sido.

“No fue lo que yo esperaba. Podría haber sido mucho mejor. Capaz que tomé malas decisiones, capaz que siendo un chiquilín me equivoqué. Y eso me afectó en el resto de mi carrera. Capaz que no debí haber salido de Danubio cuando lo hice. Y para completar me separé del grupo (Casal) y en Uruguay no pude jugar más. Se complicó todo. Capaz que si hubiera seguido con ellos hubiera sido diferente y no hubiera quedado mal con Danubio. Eso fue lo peor para mí, porque Danubio me llevó a Montevideo cuando era chico con toda mi familia. Esa es una espina que tengo clavada, un gran dolor. Pero ya no es hora de lamentarse. Hoy tengo un hijo y sólo pienso en positivo para salir adelante. No quiero volver a pensar en el pasado porque todo resultó muy difícil para mí. Siempre luchando y luchando”, explicó quien nunca más tuvo representante y de ahí en más se manejó solo.

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Danubio. Celebrando un gol con la franja en el pecho. Hoy se arrepiente de haberse ido mal del club. Foto: archivo El Pais.

Cada tanto recuerda su niñez y la lucha de los clubes por quedarse con su ficha. “Dos por tres me viene todo eso a la cabeza. Son cosas que nunca se me van a ir de la mente. Además, ahora estando de vuelta en casa, en Rivera, estuve revisando papeles, diarios, diplomas y camisetas. Y las medallas que gané con las selecciones juveniles; la de plata y la de bronce. Y me vinieron muchos recuerdos a la cabeza, pero sinceramente no me hace bien pensar en esas cosas porque considero que podía haber llegado muy lejos. Y me veo hoy en día sin tener un equipo profesional y veo a compañeros míos que juegan en un nivel bárbaro. Y pienso que podía estar ahí si hubiera tomado otras decisiones. Me hace mal pensar en el pasado”. Es que en las juveniles celestes fue compañero de Luis Suárez y Edinson Cavani, entre otros futbolistas, que llegaron a lo más alto.

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Celeste. Enzo jugó Sudamericanos y Mundiales con las selecciones Sub 15, Sub 17 y Sub 20. Foto: archivo El País.

“Ojalá pueda volver al fútbol profesional. Soy el mismo: sigo ágil y rápido. Me encanta encarar por la punta. Dribleando y haciendo gambetas, como fue mi característica siempre. No cambió nada. Solo que estoy más maduro. Mi hijo me hizo pensar y cambiar. Hoy solo quiero luchar y volver al fútbol por él”, afirmó sobre el pequeño Renato.

Cuando regresó a Rivera la gente lo recibió como el hijo pródigo que es. En la calle le preguntan cuándo se vuelve a ir y quieren saber en qué cuadro va a jugar. Es más, cuando estuvo jugando en Peñarol de Rivera, uno de sus compañeros, Felipe Araujo, le reconoció que siempre había sido su gran ídolo. “Un día me invitó a la casa a tomar mate y me miraba y me miraba. Me contó que yo era su ídolo y hasta tenía fotos mías guardadas. Él me veía en la tele y no podía creer que estuviera tomando un mate conmigo. Uno no se da cuenta de esas cosas, pero somos todos iguales”, afirmó.

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Once años de casados

Mantener una relación no siempre es fácil para un futbolista, más cuando las cosas no ruedan bien. Sin embargo Scorza cumplirá en mayo los once años de casado. “Natalia es una compañera bárbara, que me acompañó a todos lados. Sólo en Guatemala estuve un mes sin mi familia mientras buscaba apartamento y fue horrible estar sin ella y sin Renato. Nuestro hijo nos cambió la vida. Estamos muy felices con él”.

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En familia. Con el pequeño Renato y su esposa Natalia: ella ha sido un gran apoyo para él.
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