El Análisis

Más que entrenador, un pastor

Como si no estuvieran hartos de ciertos grupos de gente que van al fútbol de cabotaje, algunos aluden al público de los partidos de las Eliminatorias como añorando al de los fines de semana.

JORGE SAVIA

Más allá de que el primero, con su atribuida "frialidad", que hace que no haya que soportar cantos insultantes y se le vea entrar al estadio sobre la hora, sin avalanchas, de manera civilizada, contribuye a que el fútbol se viva según lo que es, un espectáculo como los de Inglaterra y España, su comportamiento se volvió un aliado estratégico de la Celeste en el Centenario.

Ocurre que, ante el fútbol "de respuesta", como dice Tabárez, el hincha no pide "más huevo" ni incita al equipo a dejar de lado su postura táctica, como pasó frente a Colombia: tolera, espera igual que el cuadro adentro de la cancha, aún cuando —como en los 45 iniciales— el que tenga más la pelota sea el visitante; y allana el terreno para que Uruguay "trabaje" el partido de acuerdo a sus posibilidades. Tanto que, más que un maestro, el DT parece un pastor al que los feligreses le han entregado su fe, sin esperar otra concesión que la de un resultado que les alegre el alma.

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