HACIENDO HISTORIA

Enero de 1958: el inicio de una era dorada

Hace 60 años era elegido el presidente más joven de Peñarol: terminaría siendo el más exitoso, hasta el último día de su vida

Güelfi con la Copa Uruguaya, junto a Maidana y el técnico Anselmo, tras la conquista del Quinquenio en 1962. Foto: Archivo El País
Güelfi con la Copa Uruguaya, junto a Maidana y el técnico Anselmo, tras la conquista del Quinquenio en 1962. Foto: Archivo El País

Un gran equipo para 1958”, era uno de los lemas de la lista 1 para las elecciones de Peñarol del 18 de enero de 1958. Las promesas electorales suelen ser aspiraciones lejanas, letras escritas en folletos que luego el viento del tiempo se lleva por ahí, pero en este caso se quedaron muy cortas. El club ganaría el campeonato del ’58 y otros ocho en once años, más tres Libertadores, dos Intercontinentales y una Supercopa.

Esa culminación era inimaginable hace ahora 60 años, pero ese resultado electoral tuvo decisiva influencia: la nueva directiva, presidida por el contador Gastón Güelfi, logró que el club recuperara los títulos locales y después apuntó como pionero a las competencias internacionales. “Mi padre quería que Peñarol fuera en América lo que Real Madrid era en Europa”, recuerda Gastón Güelfi hijo.

Sin embargo, el panorama en el verano del ‘58 era oscuro: Nacional había conquistado los últimos tres Uruguayos y se especulaba con un nuevo quinquenio. Y Peñarol tenía problemas económicos como para pensar en formar un equipo de figuras.

Se presentaron cinco listas: la 1, “Vanguardia Peñarolense”, de Güelfi, Fernando Parrabere, Washington Cataldi, Pablo Terevinto, Alberto Goyeneche, Darío Queijeiro, Ernesto Titunno, Miguel Cappuccini, José Cappellini, Francisco Turturiello y Joaquín Olaso; la 2, “Álvaro Gestido”, de Luis Lorenzo y Deal; la 3, “Todo por Peñarol”, de Manuel Ojeda; la 4, “Unidad Peñarolense”, de José María Labandera, y la 5, “Glorioso Peñarol”, del coronel Pedro Onetto (hijo).

Participaron 3.496 socios, de 9.677 habilitados. La lista 1 obtuvo 1.387 votos y cinco cargos, seguida por las listas 2 y 3.

“Sabemos que tanto en lo deportivo como en lo financiero deberemos trabajar de firme desde el comienzo para que Peñarol represente una fuerza futbolística de enjundia, de acuerdo a los gloriosos antecedentes que tiene ganados”, dijo ese día.

En aquel momento, Güelfi trabajaba en la empresa importadora familiar, Manuel Güelfi y Cía., además de ejercer como contador público. Había figurado en algunas listas aurinegras en elecciones anteriores, simplemente para acompañar y desde puestos bajos. Pero Parrabere, a quien conocía de la Liga de Defensa Comercial, lo convenció para encabezar su lista.

Los triunfos llegaron tan pronto que Güelfi sería reelegido en siete oportunidades. Completaría 15 años en el cargo, el mandato más largo de un presidente de su institución. También fue el más joven en acceder al cargo (39 años) y el más joven en ser designado presidente honorario, la máxima distinción del club (43 años).

“A mi padre le gustaba formar equipos de trabajo, pero sabía que había tareas que debía cumplir él por la investidura de su cargo”, indica Güelfi hijo. Así, en 1959 se encargó de viajar a Ecuador para contratar a Alberto Spencer. En 1962, fue quien acordó con el árbitro chileno Robles que la final de la Libertadores con Santos en Vila Belmiro terminara de jugarse amistosamente para evitar una tragedia ante la violencia generada, aunque el partido “oficial” ya lo había ganado Peñarol. Antes de eso, en los pasillos del estadio brasileño alguien lo amenazó con un revólver, algo que la familia de Güelfi se enteró mucho después.

“El 24 de noviembre de 1961, una asamblea lo designó presidente honorario. El domingo 26 se jugaba un clásico y si Peñarol ganaba era campeón. Pero Nacional terminó 2 a 0 arriba el primer tiempo. Y los hinchas de Nacional que estaban en la América miraban al palco y gritaban: ‘A ver cómo lo arreglás, presidente honorario’. Peñarol lo dio vuelta y lo ganó sobre la hora. A su lado, el dirigente Carlos Zeni, que era muy pasional, gritó el gol y se desvaneció en su asiento. Entonces mi padre, al mismo tiempo que llamaba a un médico para que asistiera a Zeni, les decía a esos hinchas de Nacional que se quedaran a ver la vuelta olímpica”, relata su hijo, que estaba allí también.

Como único vástago varón, acompañaba siempre a su padre. Así, recuerda haber asistido a charlas técnicas de Roque Máspoli, compartir un agasajo a plantel y autoridades de Real Madrid en la quinta de pueblo Peñarol donde vivían en 1960 o las masitas que dirigentes y Máspoli compraban en la confitería La Liguria, de camino entre Los Aromos y el Estadio Centenario.

El 23 de enero de 1973, alrededor de las diez de la noche, Güelfi acordó con el presidente de River, Eduardo Castro Quintela, el pase de Fernando Morena, el futbolista más codiciado del momento. La reunión fue en la vieja sede de la calle Maldonado, donde el ambiente era febril, pues en tres días se realizarían las elecciones, con Güelfi aspirando a una nueva reelección.

El titular aurinegro llegó a su casa de Carrasco cerca de la medianoche. Y a las seis de la mañana murió de un infarto. Poco tiempo antes había sufrido algún malestar, por lo que se había realizado completos chequeos, que no revelaron ningún problema. El estrés de esos días le resultó fatal. Un año después, por decisión unánime de la asamblea de socios, el club designó “Cr. Gastón Güelfi” al Palacio Peñarol. Ya hacía tiempo estaba haciendo goles Morena, el último éxito de su presidencia.

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