COPA LIBERTADORES

El empate en Barranquilla dejó al xeneize muy complicado

Boca tiene una vida más. El dramático empate 1 a 1 frente a Junior le permite mantener una luz de esperanza de clasificación a los octavos de final de la Copa Libertadores. Aunque ya no depende de sí mismo.

Nahitan Nández en el Junior vs. Boca. Foto: AFP
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Dos situaciones paralizaron los corazones de los hinchas de Boca. El primero fue cuando Luis Ruiz marcó el 1 a 0. Entonces, un sudor frío recorrió toda la espalda de cada hincha de Boca, sea futbolista, entrenador, dirigente o fanático. La posibilidad de quedarse afuera en la fase de grupos por primera vez en 24 años fue tangible.

La otra tuvo como protagonista, otra vez, a Agustín Rossi. El arquero había hecho un partido aceptable, e incluso había desviado el penal de Ruiz, que anotó en el rebote. Pero a minutos del epílogo quiso despejar un pase atrás y le pifió a la pelota a metros de la línea. Enmendó su error rechazando con su pie derecho. Unos instantes después, una desatención con sus defensores lo tuvieron otra vez fuera del área. Por suerte, Junior malogró la chance.

Por momentos, Boca jugó con el corazón de los hinchas. Porque hubo lapsos de entrega, empuje y desorden, protagonizados en su mayoría por Cristian Pavón, que ilusionaron con la victoria. Y ratos inexplicables. De fallos indefensibles para futbolistas profesionales. De falta de diálogo entre compañeros. De desconcierto absoluto.

Pero finalmente Boca respira aliviado. Salió con vida de uno de los partidos más difíciles de su historia reciente. No por Junior, que le planteó un juego de igual a igual y jugó con la presión del rival, sino por el contexto. Porque no había margen de error. Porque estaba en juego nada menos que la posibilidad de quedarse afuera de los octavos de final por primera vez en casi medio siglo. Porque al menos ayer evitó un fracaso mayúsculo. Nada menos.

Hacía mucho tiempo que Boca no se sentía tan visitante. Acostumbrado a recibir el aliento y el apoyo de sus hinchas en todas las provincias de la Argentina y en distintos rincones del planeta, en Barranquilla jugó en terreno hostil. Y, por momentos, también jugó contra el árbitro, que a instancias de asistente 1, Christian Lescano, sancionó un penal difícil de explicar por una supuesta infracción de Barrios sobre Piedrahita.

La tensión se vivió en todo momento. En las gradas, en el campo y en sus alrededores. Porque no sólo jugaron los once que estaban dentro del campo. Uno que cumplió un rol fundamental fue el preparador físico Javier Valdecantos, desesperado por frenar a los suplentes, que ante cada fallo en contra se acercaban al cuarto árbitro a recriminar la decisión.

Un manto de rumores rodeó a Wilmar Barrios en su vuelta al equipo. El hombre nacido en Cartagena llegó con lo justo en lo físico, y estuvo en duda hasta el mediodía de ayer, cuando Guillermo Barros Schelotto lo confirmó como titular, Se dijo que no quería jugar e incluso que se estaba cuidando para llegar sano al Mundial. Sólo él sabrá la verdad. Al final, dijo presente, y tuvo la desgracia de intervenir en la jugada del supuesto penal a Piedrahita. Una sanción muy discutida, que incluso el árbitro Zambrano tardó en sancionar.

Ante una nueva "ausencia" de Carlos Tevez, fue Cristian Pavón el que se puso el equipo al hombro, contagiando voluntad, sacrificio y entrega. Corrió 80 metros para recuperar un balón sobre la izquierda. Lo derribó Piedrahita en el medio, pero se paró y siguió corriendo. Su desgaste tuvo premio. Fue de sus pies que llegó el 1 a 1, cuando un tiro libre suyo, a los 6 minutos del complemento, se desvió en la cabeza de Ruiz, uno de los 16 futbolistas que coparon el área chica de Junior, y se coló en el arco por uno de los únicos huecos que podía hacerlo.

Con el empate, Boca ya no depende de sí mismo. El 16 de este mes, en la Bombonera, deberá ganarle a Alianza Lima, y a la vez necesitará que Palmeiras, que esta noche puede asegurarse un lugar en la próxima instancia le dé una mano en San Pablo, al menos empatando con el conjunto colombiano.

Boca respira aliviado, pero se vuelve preocupado a Buenos Aires, donde deberá cambiar rápido el chip. Porque por esas cosas del calendario, el domingo puede consagrarse bicampeón del fútbol argentino frente a Unión, con la cabeza puesta en Alianza Lima.

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