NACIONAL

El efecto Tyson

Intenso y frágil como el ex campeón mundial pesado, Nacional afronta un “round” clave.

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Jugadores de Nacional. Foto: Archivo El País.

El fútbol es así: sólo cuentan y/o valen los resultados; y quizá sea por eso que, según informó Ovación en su edición de la pasada jornada, "los dirigentes de Nacional están conformes con lo que ha mostrado Gustavo Munúa, pero se analizará su continuidad al final de la temporada".

Sin embargo, al menos a veces, hay y/o se considera algo más que el saldo del "gana-pierde" que surge de la actuación de un equipo al final o incluso durante los campeonatos, y que en el caso de los tricolores debe ser, supuestamente, mirado desde afuera, a la distancia, lo que llevó a que recién después de la derrota del sábado pasado ante Rentistas la dirigencia se haya puesto a pensar en repasar lo que ha sido el trabajo del entrenador, cuando la realidad indica que el que jugó frente a los "bichos colorados" fue el último de una serie de nueve partidos en el marco de los cuales Nacional sólo ganó uno: 1 a 0 a Racing, el penúltimo en la tabla del Torneo Clausura, que logró únicamente dos triunfos en los once cotejos disputados, y que ya tuvo tres técnicos en lo que va del año.

Importado.

Es que, al fin y al cabo, esa racha pasó poco menos que desapercibida para la consideración general, incluso en contraposición con lo que ha ocurrido respecto al tradicional rival, que ganó el Torneo Apertura, era líder del Torneo Clausura hasta el clásico, y está a un solo punto de ganar la Tabla Anual, pero se dice —con el aval implícito de la propia dirigencia aurinegra, que manifestó su preocupación en varias oportunidades— que "no juega a nada", porque en cualquier circunstancia y frente a diferentes resultados, el fútbol de Nacional tuvo un sello, una marca, incluso "importada" para lo que es habitual y tradicional en el fútbol uruguayo de cabotaje.

Grifa.

Esto es, bien o mal, gane, pierda o empate, Nacional "juega a algo", su fútbol tiene una grifa que se puede definir en cinco palabras: presión, potencia, explosión, velocidad y dinámica; aunque, por contrapartida, o en forma adjunta, tiene otra característica, ya en el plano de los resultados: cada vez que un rival logró frenar su gran ímpetu y, como si fuera un boxeador, le pegó en la mandíbula, el equipo tricolor tardó para levantarse y recuperarse.

Esa también, entonces, es una marca de Nacional en esta temporada, porque no le pasó una sola vez, sino en tres oportunidades. En el Torneo Apertura, después de ganarle a Fénix por 2 a 0, "lo trajo a tierra" Sud América, y a partir de ahí demoró cuatro partidos para volver a ganar, y lo hizo por 3-2 en uno frente a Rentistas, en el que se le vio tambaleante; en el "mix" del Torneo Clausura y la Copa Libertadores, luego de vencer por 2-1 a Wanderers empató 1 a 1 con Rosario Central, y tardó cinco encuentros para retomar la senda del triunfo; y tras el empate 0 a 0 con Corinthians en el Gran Parque Central, disputó diez partidos y ganó únicamente uno: al débil Racing.

En uno y otro sentido, acaso, Nacional es como Mike Tyson, uno de los campeones mundiales de peso pesado más agresivos, potentes, intensos y explosivos de la historia, que no en balde ganó el 76% de sus peleas (44 de 50) por nocaut, y que en 20 años de trayectoria como profesional entre 1985 y 2005 solamente perdió seis de sus 56 combates: no casualmente, aquellos en los que fue a la lona, se encontró frente una situación adversa y/o fue abajo en el puntaje que llevaban los tres jurados.

Es más, Tyson nunca perdió por puntos, sino que cinco de sus seis derrotas fueron antes del límite, y en la restante resultó descalificado, siendo este caso el más conocido a nivel popular, pero también el más gráfico en cuanto a qué le pasaba: en la revancha de la pelea que había perdido con Evander Holyfield el 9 de noviembre de 1996 en Las Vegas, como otra vez no le encontraba la vuelta a la superioridad de su rival, que además le metía cabezazos sin ser sancionado ni observado por el árbitro, Tyson perdió por descalificación pues le arrancó un trozo del lóbulo de la oreja derecha a su oponente de un rabioso mordiscón de impotencia que le pegó en el tercer round, en momentos en donde estaba perdiendo 29/26 en las tarjetas de los jurados.

Presión.

Es decir, pese a su intensidad y exuberancia arrolladoras, y a la gran presión física que ejercía sobre sus rivales, armas con las que también Nacional se impuso en muchas ocasiones a lo largo de la presente temporada, Tyson resultó paradójicamente —y, sobre todo, mentalmente— muy frágil cuando las circunstancias lo pusieron ante el compromiso de levantarse y/o recuperarse para salir adelante.

En el caso de "Iron Man" —el "Hombre de Hierro", como lo llamaban— los especialistas atribuían esa debilidad que contrastaba con la agresividad que tenía para con sus rivales, a un resabio espiritual producto de los vejámenes físicos y sicológicos que en los bajos fondos de Brooklyn había sufrido durante su infancia; pero en el de los tricolores, la hegemonía impuesta en los últimos diez clásicos, por ejemplo, como también su clasificación entre los ocho mejores equipos de América al cabo de partidos y cruces eliminatorios de muy duro tramite, descartan la incidencia de cualquier factor de orden anímico o sicológico absolutamente de plano.

Respuesta.

Tal vez sea por esto último, y en el intento de encontrar la respuesta más adecuada que, según informó Ovación en su edición de la pasada jornada, "los dirigentes de Nacional están conformes con lo que ha mostrado Gustavo Munúa, pero se analizará su continuidad al final de la temporada".

En espera de tal instancia, entonces, para Nacional —y, al parecer, para el futuro de su entrenador— el último round del Torneo Clausura frente a Liverpool puede ser muy importante; y, tal vez, hasta resultar clave.

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