MUNDIAL SUB 20

Ecuador reaccionó y se terminó el sueño de Uruguay en la Copa del Mundo

La Celeste estaba dominando el partido y el resultado, pero la “tri” se lo dio vuelta y lo despidió de Polonia.

Foto: EFE
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El cuento del Mundial Sub 20 de Polonia ya no tendrá un final feliz. Ni siquiera una expectativa mayor. Ecuador, con dos penales bien cobrados y un bombazo tras un rechazo -después de un tiro de esquina-, venció 3-1 a Uruguay y lo mandó de vuelta a casa.

A pesar de que la historia pudo narrarse de otra forma, porque se empezó a escribir con una Celeste dominante en la cancha y también en el tanteador, la gran culpa de un desenlace inesperado la tiene la reacción de la “Tri”.

Sí, es así. Ecuador cambió. Y el cambio fue grande, tan relevante como la alteración que sufrió Uruguay. Ecuador fue paciente. Reorganizó sus filas, empezó a ejercer el dominio en el eje central, se adueñó del control de la pelota y empezó a distribuirla con claridad y precisión. La zurda de Alexander Alvarado empezó a subir escalones en la categoría de la exquisitez y encontró la colaboración que necesitaba para que las deficiencias defensivas de Uruguay asomaran con mayor claridad.

La derecha del fondo Celeste fue una grieta bien utilizada por los campeones sudamericanos y, de forma paralela, a los muchachos de Gustavo Ferreyra se le fueron cayendo los valores de los diferentes rubros que antes tenían dominados.

Nada de juego asociado, mucha pelota perdida demasiado rápida, cero asistencia a Brian Rodríguez, nada de conexión con Santiago Rodríguez y puro envío largo para ver si Darwin Núñez podía bajar la pelota, controlarla y arrancar con todo hacia el arco adversario.

Por si fuera poco, Juan Manuel Sanabria dejó de tener la manija. Entonces, la tranquilidad y el orden cambiaron decididamente de banda. Por ello aunque después del 1-0 se pudo meter otro buen golpe, el partido cambió radicalmente.

La perdida del estilo fue demasiado grande y Ecuador se percató de ello, por eso jugó con más naturalidad y más confianza, mientras que la Celeste pasó a ser la suma de esfuerzos individuales.

Ferreyra mandó a presionar más arriba en la segunda mitad y eso, en gran medida, originó una postura diferente. Esa actitud, hay que decirlo, dejó traslucir la sensación de que podía concretarse el regreso a la cancha de un Uruguay más compacto, firme y agresivo.

La presión cambió una parte de la imagen que se había deteriorado, pero no toda. Porque atrás no hubo firmeza, porque también se perdieron pelotas fáciles y porque después de robarse el balón en apenas tres o cuatro jugadas hubo coordinación en las jugadas ofensivas.

Y, mientras eso pasaba en las filas uruguayas, en las ecuatorianas lo que se buscaba era encontrar el momento exacto para empezar a contar una historia ganadora. Un bombazo primero y un Uruguay regalado luego fue lo que posibilitó el triunfo y el pasaje a los cuartos de final.

Para ellos, la historia que comenzó mal, sí tuvo un final feliz.

Lo que faltó en el duelo ante Ecuador:

Juego asociado: Sostener el juego con el que se había iniciado el partido. A partir de los 25 minutos Uruguay fue decayendo en el control de la pelota, retrocedió en la cancha y perdió la agresividad con la que había atacado al fondo ecuatoriano.

La perdida sostenida del balón en acciones sencillas y la determinación de tirar la pelota sin un destino claro incrementó las frustraciones de los futbolistas. En el sube y baja del partido, el repunte anímico llegó del lado ecuatoriano, que además nunca se descontroló pese a que tuvo que reponerse de un gol que llegó a los 10 minutos de juego.

Foto: EFE
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Ni siquiera en el repunte del juego que se tuvo en la segunda mitad se consiguió exhibir la precisión en las triangulaciones y la rotación de la pelota. Uruguay pecó por quedar condenado a alguna acción individual, fundamentalmente de Brian Rodríguez.

Fondo seguro: La superación que tuvo Ecuador en el partido, por encima del orden que mostraron sus mediocampistas centrales y del buen manejo del 11 Alexander Alvarado, también llegó porque encontró brechas en el sistema defensivo de Uruguay.

El sector más flojo fue el de Ezequiel Busquets, aunque después Emiliano Ancheta tuvo pasajes en los que no encontró ayuda para cerrar la banda. Sorpresivamente también fue notorio que dentro del área de Uruguay hubo facilidades para el ataque ecuatoriano.

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Un gol anulado por falta, un cabezazo que pasó cerca y otras dudas más dejaron en claro que se había descendido en el nivel de seguridad con la que el equipo celeste llegó a los octavos de final.

Decisiones: Con un descenso notorio en el trabajo del juego colectivo, Ferreyra debió recurrir más rápido a algunas modificaciones en el equipo para tratar de revertir el panorama que se apreciaba.

Aún con las dificultades físicas con las que llegó Nicolás Schiappacasse al partido pudo ingresar al cotejo mucho antes para tratar de recuperar identidad de juego. Algo similar debió ocurrir con Thomás Chacón, más cuando el futbolista de Danubio se había mostrado muy conectado con los dos Rodríguez en las tareas realizadas en el Complejo Celeste.

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Cuando el partido terminó inclinándose definitivamente a favor de Ecuador (75 minutos), ya pasaba a dependerse de una reacción más anímica que de organización del juego, por eso las decisiones de lograr un repunte en el rendimiento debieron tomarse antes.

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