POLÉMICA EN EUROPA

El "doping financiero" de Chelsea, PSG y Manchester City para ganar la Champions

Tres de los cuatro semifinalistas del torneo de clubes más importante del mundo reciben miles de millones de euros de sus propietarios, lo que va contra las reglas.

Trofeo de la Champions
El trofeo de la Champions League no está al alcance de todos...

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Tres de los cuatro semifinalistas de la Champions League son clubes acusados de practicar “doping financiero” mediante la inyección de sumas multimillonarias que alteran la paridad de las competencias.

Chelsea, con el dinero aportado por su propietario, el multimillonario ruso Roman Abramovich; Paris Saint-Germain, con el respaldo de los petrodólares de Catar, y Manchester City, una inversión de los Emiratos Árabes Unidos. Solo escapa a esa regla Real Madrid, uno de los pocos equipos europeos que mantienen la estructura tradicional de clubes sociales, lo cual no impide que sea también una superpotencia económica.

Roman Abramovich
Roman Abramovich, propietario del Chelsea

De la misma forma, el Real es el único de los cuatro que cuenta con una presencia histórica en la principal competencia europea de clubes desde que se llamaba Copa de Campeones. Los otros tres, si bien son instituciones tradicionales en sus respectivos países, se instalaron en la elite recién después de su adquisición por poderosos capitalistas extranjeros.

La UEFA introdujo su política de control financiero sobre los clubes, también llamada “fair play financiero” en 2011, tratando de encauzar el gasto en un momento en que los equipos se endeudaban contratando estrellas. Entre otras medidas, se estableció que no se podía gastar en nuevas contrataciones más de lo ingresado en la temporada anterior, aunque se concedió un margen de 30 millones de euros. Después, ante la protesta de los clubes poderosos, esa tolerancia se estiró a 100 millones.

Desde entonces hubo advertencias, multas, e incluso sanciones deportivas por violaciones al fair play financiero. Pero también aparecieron trucos contables para esquivar las prohibiciones. La tendencia que favorece a los súper poderosos no se revirtió.

Chelsea y los millones del oligarca

Hasta que el oligarca ruso Roman Abramovich adquirió el club en 2003, Chelsea era un equipo con tradición, afincado en una zona elegante de Londres, pero casi sin títulos. Dos años más tarde ganó la Premier tras medio siglo de sequía y la Champions en 2012, gracias a la inyección de millones aportada por su dueño.

Algunas estimaciones aseguran que puso 1.800 millones de euros en el club desde su arribo, de los cuales 275 millones fueron para la compra de las acciones. Solo en indemnizaciones a los técnicos que despidió en estos años gastó 140 millones, según una reciente nota de The Sun.

Abramovich resultó uno de los beneficiados del oscuro proceso de privatizaciones lanzado por Boris Yeltsin tras la caída de la URSS. Sus negocios en petróleo y gas le permitieron colocarse entre las 150 personas más ricas del mundo. También incursionó en la política de su país. Lo curioso es que hace dos años que no pisa Inglaterra, ante el enfriamento de las relaciones entre el Reino Unido y Rusia...

Detrás del gasto no hubo una estrategia definida de crecimiento, simplemente se apeló a la cuenta bancaria bien respaldada. Así, tuvo éxito en muchas contrataciones y otras fracasaron.

Hasta que el club fue sancionado en 2018 por violar las normas sobre contratación de futbolistas menores de edad y no pudo hacer fichajes durante dos años. Cuando venció la medida en 2020, salió al mercado con una fuerte inversión, pese a que la mayor parte de los clubes moderaron sus gastos ante la pandemia.

En total destinó 240 millones de euros para contratar a Havertz (Leverkusen), Timo Werner (Leipzig), Ziyech (Ajax) y Thiago Silva (PSG), entre otros. Y no tuvo problemas con el fair play financiero, pues las ventas de Eden Hazard a Real Madrid y Álvaro Morata a Atlético de Madrid le permitieron ingresar 130 millones de euros y compensar los números. El dinero gastado le permitió llegar a las semifinales de la presente Champions.

PSG: el crecimiento de un "club-Estado"

Neymar
Neymar, la gran carta del PSG en la Champions

Paris Saint Germain es uno de los ejemplos de “clubes-Estado” en Europa, pues detrás de su paquete accionario y de sus ingresos aparece Catar, un país del golfo Pérsico que albergará la Copa del Mundo 2022.

El PSG fue creado en 1970 por un grupo de empresarios para dotar a París de un club de primera división y al estadio Parque de los Príncipes, entonces en construcción, de un inquilino fijo. Los objetivos se lograron, pero la nueva institución no llegó a dominar el fútbol francés y menos a tutearse con los grandes de Europa. Sin embargo, el glamour parisino atrajo la inversión de los cataríes.

En 2011, las acciones del PSG pasaron a manos del Fondo Soberano de Inversión de Qatar, una empresa pública de aquel país. El presidente del club es el jeque Nasser Al Khelaiffi, también jefe de la cadena informativa Al Jazeera Sports y de la cadena internacional BeInSports.

Además del dinero que aporta directamente el Fondo, el club recibe también mucho dinero por patrocinios de empresas cataríes, como la aerolínea, la organización de turismo o firmas financieras. Estos aportes superan ampliamente lo que los sponsors comunes pagan a otros clubes, de ahí que muchos lo consideren dopaje financiero.

Con esta disponibilidad de dinero, PSG pasó a ser más competitivo en la Champions, aunque tampoco fue suficiente para intentar ganarla. El 6-1 ante Barcelona de 2017, luego de imponerse 4-0 en la ida, fue una humillación que se buscó enterrar con más dinero. Así, meses después llegó Neymar por 222 millones y un año más tarde Kylian Mbappé por 135 millones. Así, en 2020 alcanzó la final del torneo, aunque perdió contra el Bayern. Esta semana se tomó el desquite de los alemanes y apunte a su primera “Orejona”.

La semifinal lo enfrentará al Manchester City, que responde a otro estado del Golf, Emiratos Árabes. Las relaciones entre ambos países no son fáciles y de hecho se restablecieron en 2021 luego de tres años de conflictos.

Manchester City, inversión de los Emiratos

Manchester City
El festejo del City tras la clasificación a las semifinales de la Champions

En febrero de 2020, la UEFA dejó al Manchester City fuera de las competencias europeas durante dos años por haber cometido “graves infracciones” al fair play financiero. Un año y dos meses más tarde, el City está en las semifinales de la Champions.

Sucedió que en junio del año pasado, el Tribunal de Arbitraje del Deporte (TAS) anuló la decisión, al considerar que el club inglés no camufló “fondos de capital” como “ingresos de patrocinadores”, como había dictaminado la UEFA, aunque sí lo encontró culpable de no cooperar con las autoridades del fútbol europeo.

El tema legal agita la discusión sobre la estrategia del City: convertir al club en el centro de una franquicia global denominada City Group, apoyada en capitales de los Emiratos Árabes Unidos.

En 2008 el City pasó a manos de la compañía Abu Dhabi United Group Investment and Development Limited, encabezada por el jeque Mansour bin Zayed, viceprimer ministro de Emiratos y miembro de la familia real local. Cuatro años más tarde y luego de una inversión estimada de mil millones de libras, el club obtuvo su primer título de liga en 36 años.

La expansión continuó tras la contratación del catalán Ferrán Soriano como director ejecutivo del club. Él trajo la idea de abrir “sucursales” en todo el mundo. Una de ellas es el Montevideo City Torque. La idea es que cada equipo colabore con la red para identificar y desarrollar futbolistas. Los clubes operan con autonomía con una supervisión central por parte del grupo.El modelo tiene sin embargo sus críticos. Un directivo de la Premier League lo comparó con un “pasillo de espejos”, a través del cual se oculta la forma en que se reinyectan los ingresos del grupo al Manchester City y así eludir el fair play financiero.

El City Group no es la única inversión futbolística de los Emiratos. Pese a la posible rentabilidad de la pasión deportiva, hay quienes piensan que, al igual que Catar con el PSG, son estrategias para mejorar la imagen de sus monarquías.

No cualquiera puede presidir al Real Madrid

Real Madrid
Frente al Liverpool,Real Madrid se clasificó una vez más para la instancia final de la Champions.


En teoría, cualquier socio del Real Madrid puede aspirar a presidirlo. En los hechos, su presidencia es un puesto reservado a una minoría absoluta. Por estatutos, los candidatos a integrar la directiva deben presentar un aval bancario -respaldado por el patrimonio personal- que garantice el equivalente al 15% del presupuesto de gastos del club. Con los actuales números del Real, el aval debe ser de 124 millones de euros.

Este año, el actual presidente Florentino Pérez, fuerte empresario de varios rubros, será candidato único. Iba a tener un rival, Enrique Riquelme (director de una compañía de energía) pero no pudo completar el trámite del aval.

Real Madrid, al igual que Barcelona, Athletic Bilbao y Osasuna, son los únicos clubes españoles que mantienen su estatus de clubes al estilo tradicional, es decir sociedades sin fines de lucro, una figura que predomina en América del Sur pero es rara en Europa.

Una ley de 1990 obligó a los equipos profesionales españoles a convertirse en sociedades anónimas deportivas. Quedaron exceptuados los que habían tenido un patrimonio neto positivo en los cinco años anteriores. Eran los cuatro mencionados, que prefirieron mantener su estructura.

Eso no impide que el Real y el Barça constituyan verdaderos colosos económicos. Si bien no cuentan con propietarios capitalistas que inviertan dinero, tienen miles de socios y millones de hinchas y una estructura comercial aceitada.

De cualquier forma, su estatus legal les significó ventajas económicas indebidas, según dictaminó en marzo pasado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Por eso, esos cuatro equipos deberán devolver a la Hacienda española los impuestos que dejaron de pagar desde 1990 por haberse beneficiado de un trato favorable frente a los equipos que funcionan como sociedades anónimas, al pagar un gravamen menor del impuesto a las sociedades. No se han revelado los montos que deben devolver.

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