PREOLÍMPICO

La distancia que separa al Uruguay de Ferreyra de Tokio 2020

Por la pobre exposición colectiva y los bajos rendimientos individuales, la búsqueda de la clasificación a los Juegos Olímpicos solamente se logrará de milagro.

El clásico del Río de la Plata lo ganó Argentina
El clásico del Río de la Plata lo ganó Argentina. Foto: Reuters.

El destino final parece sentenciado. Quizás un nuevo milagro, como el que permitió que se consiguiese la clasificación al cuadrangular final, es lo único que podría evitar lo que asoma como de realización inminente. Hoy, a juzgar por lo expuesto en cinco partidos, la lectura es bien simple: la Sub 23 de Uruguay dirá ausente de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Proyectar un futuro mejor, a falta de dos partidos para terminar el Preolímpico de Colombia, es difícil cuando el equipo -que no juega como tal- se mueve entre las tinieblas. Lo que se recoge de cinco cotejos es llamativamente alarmante por la ausencia de una identidad deportiva, por un estilo de juego que no termina de definirse (ni defiende ni ataca con fortalezas) y por la poca capacidad que se ha tenido para recomponer o reparar lo que no está bien.

El Uruguay de Gustavo Ferreyra ha querido iniciar los encuentros con firmes intenciones de limitar al rival y de hacer prevalecer sus virtudes: se ha fallado en absolutamente todo.

La última presentación ante Argentina, cuya derrota terminó siendo maquillada al final por un resultado de 2-3, no hizo otra cosa que confirmar que se transita sin un rumbo seguro y en medio de un mar de dudas. El análisis de lo expuesto es el siguiente:

1. El equipo es débil defensivamente. Padece problemas por los costados y eso termina quebrando también a los zagueros, cuyos desplazamientos, además, no son cubiertos con atención. Se puebla el mediocampo, pero no se cortan los circuitos de juego elaborado. Contra la Albiceleste, además, se empezó el partido con un regalo del arquero Ignacio De Arruabarrena.

2. Pobrísima generación. La utilización de mediocampistas de buen pie no fue suficiente para que se pudiese gestar el juego asociado. Se observa demasiado toque intrascendente en terreno propio y escasísima certeza en las entregas que permitan superar líneas defensivas. Sin posibilidades de asociarse por los costados para generar sorpresa, sin engaño individual para abrir brechas, Uruguay es un equipo fácil de controlar.

3. No se ataca. Contra Argentina, y recién en la segunda mitad, se empujó, que no es lo mismo que atacar. El equipo terminó arremetiendo con actitud y rebeldía, pero sin la capacidad necesaria como para entregarle opciones de definición de jugadas a los delanteros. La mayoría del tiempo, además, se tuvo a un atacante colgado y muy lejos de sus compañeros. Si la pelota no se lleva hasta los últimos metros para que luego sea empujada al arco rival o no se prueba desde lejos con remates al arco, se hace difícil festejar goles.

4. Ni una sociedad interesante. Puede faltar juego colectivo, pero esta vez ni siquiera hubo una dupla -menos un tridente- que consiguiese desarticular el juego defensivo del rival. Sin posibilidades de darle profundidad a las incursiones ofensivas la Celeste quedó muy limitada.

5. Cero apuesta al riesgo. Un esquema muy conservador, con jugadores muy replegados, obligó a realizar transiciones individuales, lo que quebró incluso la chance de sorprender de contra. Lo mejor recién apareció cuando hubo dos hombres arriba y se tiraban pelotazos para complicar a la zaga. Demasiado poco. Demasiado pobre. Por eso Tokio queda muy lejos.

Gustavo Ferreyra no pudo encontrar soluciones
Gustavo Ferreyra no pudo encontrar soluciones. Foto: Reuters.
DE MENOS

Los rubros a mejorar

Las sociedades
Las mini sociedades ofensivas tampoco existen, lo que colabora para que el juego de Uruguay carezca de sorpresa.

Presión alta
La obsesión por protegerse y no tomar riesgos minimiza el poder ofensivo. Presionando arriba podría ayudar a ser más incisivo en ataque.

Fallas defensivas
Muchos son los que se cometen defensivamente y que terminan, además, regalando goles. No alcanza con replegarse para defender bien.

La generación
No hay progresión en la cancha con juego asociado. No se sorprende ni siquiera con la acción individual.

El ataque
Hay que atacar por afuera y tener dos hombres arriba. Que el equipo tenga otra fuerza cuando busca el arco rival. Hasta ahora nunca se pudo intimidar al rival.

Decisiones técnicas
El técnico, que admitió que seguía buscando el equipo titular en el torneo, tampoco pudo encontrar soluciones para potenciar a Uruguay.

sin héroes

Tampoco aparecen las individualidades

En ocasiones un jugador puede ponerse la ropa de héroe y así se consigue el resultado positivo y queda en un costado, a la espera de una superación, la exposición colectiva. Esta vez ese rubro tampoco apareció en una medida influyente. Algunos de los nombres más importantes que no despegaron:

Diego Rossi
Empezó el campeonato con un gol ante Paraguay, pero no apareció en la dimensión que se podía esperar. Parece el jugador ideal para jugar como segunda punta, en lugar de recostarlo sobre una banda. A lo mejor la figura táctica no es la más adaptable a sus características.

Juan Ignacio Ramírez
Goleador empedernido en el fútbol uruguayo que quedó colgado de un pincel en el ataque de la Sub 23. Lo mismo le pasó a Federico Viñas. Realizan un gran esfuerzo por entrar en juego, pero no les elaboran acciones para que puedan confirmar sus características.

Santiago Rodríguez
Le costó encontrar un lugar en el equipo titular y cuando lo consiguió penó por no lograr un acompañamiento ideal para el destaque de sus virtudes. Contra Argentina rompió los ojos que acelerar con pelota dominada era ir a meterse en una jaula llena de rivales. Nadie lo secundó.

Facundo Waller
Es de los mediocampista más completos del fútbol uruguayo, pero extrañamente se lo observó contrariado. Eso hizo que, entre otras cosas, fallara mucho en las entregas, corriera desesperado y sin orden táctico, y no aportara lo que sabe.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados