CHAMPIONS LEAGUE

De dioses y hombres...

El dia después: de la euforia de los catalanes, a los insultos de los parisinos.

Luis Suárez lanza su camiseta luego del encuentro ante PSG. Foto: AFP
Luis Suárez lanza su camiseta luego del encuentro ante PSG. Foto: AFP
El agónico gol. Sergi Roberto toca con lo justo la pelota para vencer por sexta vez a Trapp y concretar la heroica clasificación de Barcelona a cuartos. Foto: Reuters
El agónico gol. Sergi Roberto toca con lo justo la pelota para vencer por sexta vez a Trapp y concretar la heroica clasificación de Barcelona a cuartos. Foto: Reuters
Un León. La prensa catalana lo definió como un “verdadero león”. Luis Suárez peleó, anotó un gol y fue protagonista en las jugadas claves del partido. Pura alegría.
Un León. La prensa catalana lo definió como un “verdadero león”. Luis Suárez peleó, anotó un gol y fue protagonista en las jugadas claves del partido. Pura alegría.
Festejo. El puño cerrado, el gesto duro de Cavani hacia la tribuna del PSG. Era el 1-3 y dejaba a su equipo “casi” clasificado en el Camp Nou.
Festejo. El puño cerrado, el gesto duro de Cavani hacia la tribuna del PSG. Era el 1-3 y dejaba a su equipo “casi” clasificado en el Camp Nou.
Sorpresa. Luis Suárez y Lionel Messi estaban a punto de fundirse en un abrazo hasta que el salteño le mostró un objeto raro. ¡El “Pistolero” tenía un limón en su mano!
Sorpresa. Luis Suárez y Lionel Messi estaban a punto de fundirse en un abrazo hasta que el salteño le mostró un objeto raro. ¡El “Pistolero” tenía un limón en su mano!
Consuelo. El abrazo de Suárez a Cavani tras la dura derrota del PSG. Los salteños fueron figuras en el gran duelo de la Champions. Uno tenía que perder y le tocó a “Edi”.
Consuelo. El abrazo de Suárez a Cavani tras la dura derrota del PSG. Los salteños fueron figuras en el gran duelo de la Champions. Uno tenía que perder y le tocó a “Edi”.

Noches diferentes, mañanas distintas. El despertar de los ganadores y el no querer levantarse de los perdedores, esa brecha cada vez más grande que existe entre la victoria y la derrota, se vivió (y se vive) en Barcelona y París. Tan lejos, y tan cerca.

No importó nada. Ni siquiera la falta de sueño para cientos y cientos de hinchas culés que se apostaron en la puerta de la Ciudad Deportiva de "Sant Joan Despí", donde entrena el plantel del Barcelona, donde los dioses de la gloria, regresan a trabajar cada mañana. "¡Sabíamos que podíais!", "¡Ahora más que nunca estamos con vosotros!", rezaban algunas banderas que colocaron donde ingresaron los autos de los jugadores.

Y todos sonrieron. Sin horas de descanso, pero felices. Los aplausos y los gritos no se hicieron esperar. Sergi Roberto, el héroe ante PSG, fue uno de los más ovacionados junto a Lionel Messi y Luis Suárez, "un león", para la crítica catalana.

Pero no fueron los únicos: el arquero Ter Stegen y Neymar fueron otros dos que recibieron el calor de los hinchas. Fueron recibidos como dioses. Y no era para menos. Ellos, habían hecho posible el milagro: remontar un 0-4 ante París Saint Germain, uno de los clubes más poderosos de Europa.

Esa felicidad, golpeó puerta por puerta, y Barcelona amaneció como nunca.

A poco más 1.000 kilómetros, en París, la desazón de millones de parisinos era evidente.

La noche más negra, la menos pensada, se hizo eterna. Y los hinchas no resistieron tanta desazón. Esperaron a los jugadores del PSG para gritarle su bronca.

En los quioscos de revistas se podía leer en letras de molde lo que había sucedido horas antes en el Camp Nou. LEquipe : Un naufragio histórico. Le Parisien: El PSG humillado."El imposible tuvo lugar". Eurosport: Un agujero negro."Era imposible, inconcebible". Libération: Un equipo parisino irreconocible... Y más, mucho más, para poder explicar lo inexplicable.

Hubo insultos, claro. Y gritos de cientos de hinchas parisinos que no soportaron la humillación. Al fin de cuentas, esos héroes de semanas atrás, ya no lo eran. Llegaban como hombres sin capa ni espada.

Se vivieron momentos tensos, de los que nadie quisiera vivir, pero la pasión y el fútbol van de la mano. En París, también.

Lo peor se vivió en las afueras del aeropuerto de Le Bourget, cuando algunos parciales rodearon el auto de Thiago Motta. El futbolista siguió de largo y atropelló a un hincha que fue derivado al hospital Saint Denis donde se le diagnosticó: "heridas leves en su espalda".

Los policías presentes requirieron la ayuda de la propia seguridad del PSG para contener a los hinchas apostados en los dos puntos de salida del aeropuerto.

Hubo golpes en los coches e insultos. Una noche interminable, e impensada.

A solo 1.000 kilómetros, Barcelona era el paraíso, y París, un infierno terrenal.

"Siento pena; se definió por el teatro de Suárez".

"Me pongo tan furioso"

Las declaraciones del entrenador, le apuntaron al uruguayo. "Me pongo tan furioso. Es puro teatro de Suárez. ¿Para qué tenemos árbitros que están junto al arco si no pueden ver estas cosas?", dijo Lagerbäck al término del partido, que comentó para el canal sueco Viasat Sport.

El técnico defendió la necesidad de utilizar el video para castigar a jugadores que finjan y señaló que es la única forma de poder acabar con ese tipo de prácticas.

El técnico sueco, de 68 años, entrenó a la selección de su país entre 2000 y 2009, clasificándola para dos Mundiales y tres Eurocopas, y dirigió además a Nigeria durante Sudáfrica 2010. Además, convirtió a Islandia en el conjunto revelación de la pasada Eurocopa, en la que alcanzó los cuartos de final, tras eliminar a Inglaterra.

"Ninguna excusa es admisible".

Al contrario de lo que apuntó Lars Lagerbäck, la prensa francesa no critica la actuación del árbitro. El diario deportivo LÉquipe habla de un "fracaso" del entrenador y plantea que "todo el proyecto parisino está ahora amenazado por esta humillación". Además, afirma que "París ha entrado en la historia" por su derrota y señala que, aunque se puedan quejar del mal arbitraje o del tiempo adicionado por el árbitro, "ninguna excusa es admisible".

"Qatar, va a pedir cabezas".

Por otro lado, Le Parisien, también advierte que el PSG "podría no recuperarse de esta eliminación vergonzosa" y presagia que "Qatar, propietario del club, va a pedir cabezas, y la de Emery parece evidente". El periódico se muestra especialmente duro con el fracaso del equipo: "ningún trofeo nacional cambiará la historia", y con Emery: "Quedará por siempre como el hombre que no supo contener la remontada, el naufragio".

¡Qué mufa!

Cris Rolandus, un hincha del Barça holandés que viajó desde su Rotterdam natal para ver el partido, no se olvidará más de lo que le tocó vivir. Se fue del Camp Nou a los 83 cuando el partido estaba 3-1. Cuando salía, llegó el 4-1 y vio el milagro en un bar. "Me quedé el resto de la noche solo, mirando la nada misma".

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