EUROPA

Dinero y poder: las dos razones de siempre también están detrás de la Superliga

Las críticas a los 12 clubes que han presentado el proyecto de su creación han sido despiadadas y el presidente de la UEFA habló de "avaricia, egoísmo y narcisismo".

Edinson Cavani en el partido Manchester United - Arsenal. Foto: AFP.
Edinson Cavani en el Arsenal-Manchester United. Foto: AFP.

A lo largo de la historia de la humanidad las guerras se han desatado por dos razones clave: poder y riqueza. El grande le quiere subyugar al chico y cuanto más crece, más grande quiere ser. Y alguien debe pagar ese precio. Esto es un poco lo que ocurre hoy en Europa con la creación de la Superliga de fútbol.

No puede sorprender que sea precisamente en Europa que ocurra esto. Primero, porque es allí donde están los clubes más poderosos y ricos del mundo que, obviamente, quieren seguir creciendo a costas de los pequeños. Y segundo porque es la idiosincrasia del continente, que históricamente se ha desangrado en esas guerras por riqueza y poder que, incluso, llevaron al resto del mundo.

A todo esto hay que sumarle otra cultura expansionista o imperialista: la de Estados Unidos. ¿Qué tiene que ver en esta cuestión? Mucho no como país o federación, sino por sus capitales.

El desembarco en la Premier League

Quizás LaLiga de España sea la de más jerarquía futbolística en el mundo, pero la de mayor poderío económico es sin lugar a dudas la Premier League. Desde su nacimiento en 1992 tuvo una única meta: transformarse en la principal liga del mundo, potenciar a sus equipos y dominar Europa. Y lo hicieron, sobre todo a través de Manchester United en su momento, a comienzos de la década del 2000.

La cuestión fue que los demás equipos empezaron a ver que el triunfo era solo de uno, entonces decidieron crecer a su manera. ¿Cómo lo hicieron? Con capitales extranjeros. Es así que Chelsea encontró al ruso Roman Abramovich como inversor y se transformó en campeón de Europa. Y detrás de él vinieron otros millonarios, muchos de ellos desde Estados Unidos.

Manchester United pertenece a la familia Glazer, dueña de los Tampa Bay Buccaneers de fútbol americano que en febrero pasado ganaron el Superbowl.

Fenway, un grupo económico-deportivo instalado en Boston, es propietario de los Red Sox (equipo de béisbol) y también del Liverpool.

Stan Kroenke, un multimillonario de 73 años nacido en Columbia (Missouri), se dedica a adquirir franquicias deportivas, es dueño del Arsenal. También lo es de Los Angeles Rams (fútbol americano), Colorado Rapids (MLS), Denver Nuggets (NBA) y Colorado Avalanche (hockey sobre hielo), todos equipos de Estados Unidos.

Stan Kroenke
Stan Kroenke, dueño del Arsenal, entre otros equipos.

La idiosincrasia estadounidense...

De la creación de la Superliga se viene hablando desde hace años y mucho tienen que ver estos tres equipos, porque si bien Liverpool recuperó esplendor con la llegada de Jürgen Klopp, ganó una Champions League y llegó a la final de otra, en los años anteriores le había costado mucho incluso clasificar al máximo torneo europeo de clubes. Arsenal ha perdido pie en Europa y a Manchester United tampoco le ha ido demasiado bien.

Entonces, la idiosincrasia deportiva estadounidense empezó a regar la semillita plantada en Inglaterra. Acostumbrados a ligas cerradas, en las que no hay ascensos ni descensos sino franquicias que se mueven al compás del flujo del dinero (MLB, NBA, NFL, NHL, MLS), encabezaron esta creación de una Superliga que sería un híbrido, en el sentido de que los 15 clubes fundadores serían franquicias permanentes (lo cual les asegura cuantiosos ingresos cada año) y otros cinco sí se ganarían el derecho a disputar el certamen por méritos deportivos.

... y el dinero estadounidense

Sede del JP Morgan. Foto: Reuters
JP Morgan, el financista de la Superliga.

El dinero está asegurado. El banco JP Morgan, uno de los principales del mundo y de capitales estadounidenses, confirmó que será el que financie este proyecto con el adelanto de 5.000 millones de euros. Y entonces, también desde Estados Unidos, se pone la pata que faltaba para que la Superliga nazca.

Por supuesto que la mejora de ingresos para uno significa la pérdida para otros y es aquí que se plantea el problema mayor. Los clubes que no tomarán parte de esta Superliga son los que se preocupan, porque no son los más poderosos y los que sufrirán la baja de los ingresos por derechos de televisión, porque no se pagará lo mismo por emitir encuentros en que no están los más poderosos.

Tampoco los patrocinadores pondrán grandes sumas para financiar un producto que no tiene lo mejor.

La guerra del poder

Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA
Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA.

Hasta ahora hablamos sólo de dinero, pero también está la parte del poder. Por un lado están los clubes fundadores de la Superliga y por otro el resto del fútbol, encabezado por la UEFA y secundado nada menos que por la FIFA, la mayor multinacional del mundo.

La UEFA no puede perder su negocio, que es la Champions League, pero menos su poder, que sin dudas es mayor al de los clubes. Tiene la sartén por el mango, porque (con la anuencia de la FIFA y de las federaciones que rigen a los equipos que pretenden la escisión) puede inhibir a los clubes de competir a nivel local, internacional e incluso a sus futbolistas de que disputen torneos oficiales de la FIFA, incluido el Mundial. Es decir, la posición es clara: los que jueguen la Superliga serán parias de la FIFA.

"El proyecto de la Superliga es fruto de la avaricia, el egoísmo y el narcisismo de algunos", dijo Aleksander Ceferín, presidente de la UEFA.

Poder y riquezas. Póngalo en el orden que quiera, pero eso sigue rigiendo al mundo y, como dijo alguna vez Jorge Valdano, "el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes" en la vida de los habitantes de este planeta.

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