EL ANÁLISIS

Algo no se dijo sobre el Tróccoli

No hay nada más por decir de la cancha del Tróccoli; o sí, como que, siendo de recibo las críticas que se hicieron después del domingo, es asombroso que nadie mostrara preocupación antes, como si fuera difícil tomar cabal conciencia de cuál es su estado, o que el estadio de Cerro estuviera en Kabul o Calcuta.

JORGE SAVIA

Así, pues, no sólo se desmerece el producto "fútbol uruguayo", como escribió ayer Daniel Rosa en esta columna; la propia idiosincracia nacional cae bajo la lupa: no jugamos a anticipar, picamos a buscarla recién después que pasa la pelota.

En otro orden, lo que se vio y dijo es un homenaje a los jugadores de otrora, y desde no hace mucho: las canchas se empezaron a mejorar con y por la televisación de los partidos en 1998. Antes, gran parte de las "chicas" eran así, y peor, peladas, con césped salteado, en "lamparones".

Es más, hubo años en los que el Centenario estuvo igual; basta ver fotos de la final Racing-Celtic en el 67, cuando la lagarta no había nacido, para cerrar un viejo debate: cuándo era o es más difícil jugar; si antes —sin TV ni tarjetas— o ahora; aunque haya canchas como la del Tróccoli.

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