TORNEO DE VERANO

Las diferencias entre los grandes tras el clásico

El análisis de lo que dejó el primer juego entre Peñarol y Nacional del 2019.

Foto: Gerardo Pérez
Foto: Gerardo Pérez

La primera estocada ya fue dada. Como si fuera un campeón de esgrima Peñarol manejó mejor el arte de la defensa y ataque para tocar a su contrincante y empezar a demostrar que está más firme, más habituado a las alteraciones que se dan en un partido y más preparado para todo lo que pueda venir en un plazo bien cercano. O sea, la fuerza de su juego colectivo y del trabajo acumulado durante dos años hoy lo colocan por delante de Nacional.

Además, todo trabajo asociado necesita de un destaque individual de los jugadores y allí también hubo grandes diferencias a favor del equipo que terminó llevándose la victoria.

Porque para que en la cancha mandara Peñarol, fundamentalmente después de las expulsiones, fue notoria la influencia de Walter Gargano en el manejo del balón y en el aprovechamiento de los espacios libres que dejó Nacional. El “Mota”, por cierto, volvió a ser -a mi juicio- la figura y esta vez con buena colaboración. Para comenzar gracias a la recuperación de Agustín Canobbio con su velocidad y el influyente aporte de Guzmán Pereira en el eje central, los desplazamientos aurinegros fueron siempre más incisivos.

Con todo, las señales del tricolor no son tan malas como las que asoman en el rápido repaso de lo que ha sido este comienzo del trabajo de Eduardo Domínguez sin triunfos y con el antecedente pesado de que ya acumula siete clásicos sin conocer el triunfo.

El primer síntoma de que la rehabilitación es posible la dan pequeños detalles como el criterio de Gabriel Neves para armar el juego desde atrás, el desparpajo del juvenil Sebastián Rodríguez para encarar y habilitar a sus compañeros en su estreno clásico y hasta el atrevimiento con el que se encaró el partido desde el inicio frente a un equipo mejor preparado.

Lo que para muchos puede haber sido la peor decisión de Domínguez (no presentar batalla física con marca en el medio) quizás sea un avance significativo de lo que se está buscando: jugar otro fútbol.

juego colectivo

Mejor preparado

Los movimientos para generar los desenganches, la rotación de la pelota y los retrocesos para ocupar espacios están más automatizados en Peñarol. Nacional, un equipo en obra, tiene el aliciente de que en la primera media hora de juego planteó un juego de paridad.

equilibrio

Más balanceado

Las circunstancias obligaron a Eduardo Domínguez a armar un once inicial sin Christian Oliva, lo que desarmó un doble cinco que funcionó con eficiencia en inferiores. Peñarol ganó la batalla en esa franja del campo y entregó menos posibilidades de ataque. Además, la búsqueda de un nuevo estilo de juego en Nacional precisa mucho trabajo.

ataque

Más agresivo

El fútbol mejor armado colaboró sustancialmente para que el ataque de Peñarol fuera más agresivo. Es cierto que todo cambió después de las expulsiones, pero quedó en claro que hoy el aurinegro genera más jugadas ofensivas y que puede hacerlo jugando por afuera o tirando la pelota al área.

defensa

Poco trabajo

Diego López resaltó la labor de la zaga aurinegra y su análisis en realidad refleja lo que sucedió en la cancha. Igualmente, hay que decirlo, tampoco hubo mucho apremio porque a Nacional le costó encontrar los caminos hacia Dawson. Del otro lado, en tanto, Mejía antes de ser expulsado y Viña con sus cierres aportaron algo de seguridad.

rendimientos

Mayor peso

Peñarol tuvo líderes anímicos en Walter Gargano y Guzmán Pereira. A Nacional le faltó un jugador que cargara con el equipo. En el aurinegro hubo trabajos destacados en Canobbio, Lucas Hernández, Gabriel Fernández. En el tricolor muy flojos Rafael García, Gonzalo Castro y Octavio Rivero.

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