PEÑAROL

Diego, de zurda y de derecha

Hizo un golazo como aquellos de Sudáfrica 2010 y otro de penal con clase.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Gol de Peñarol

Cuando las imágenes de la pantalla gigante del Centenario mostraron los goles de Diego Forlán en la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010, los hinchas aurinegros aplaudían y se ilusionaban. Nadie imaginó que apenas 30 minutos después, el mismísimo Forlán, la iba a "clavar" desde afuera del área junto al caño derecho de Leonardo Burián. Golazo y pico. De zurda, un zapatazo como aquellos de Sudáfrica, que inflaban la red y levantaban a todo un país.

Ayer, ese golazo con el sello de Diego Forlán, lo gritaron a rabiar los hinchas de Peñarol, y lo sufrieron los de Wanderers, en la tribuna.

Fue su mejor carta de presentación en el campo de juego. Porque mostró lo que puede hacer y lo que puede dar con la "10" de los aurinegros.

Se juntó con Marcelo Zalayeta, conformó una nueva sociedad de pases y toques, y cayó por tanto por derecha como por izquierda. Libre.

El equipo de Pablo Bengoechea estrenó nueva figura táctica. Y le fue muy bien. Porque Forlán tuvo protagonismo.

El entrenador armó la oncena con cuatro hombres en el fondo: Aguirregaray, Valdez, Viera y Diogo; Nandez en el medio, delante de ellos, sobre la derecha Federico Valverde, por la izquierda Luis Aguiar, y unos metros más adelante, Zalayeta por derecha y Forlán por el andarivel zurdo, dejando como único punta de área a Diego Ifrán.

Con ese esquema salió a jugar con Forlán. Y le dio buenos dividendos porque generó fútbol, se encontró con Zalayeta, manejó la pelota y tuvo varias chances de gol de cara al arco bohemio.

Forlán empezó con el pie derecho: levantó un centro con precisión quirúrgica para Zalayeta, Burián salió en falso, la pelota derivó para Aguiar, que de volea anotó el 1-0 cuando corrían 10 minutos de juego.

Tres minutos después, Forlán apareció suelto por el segundo palo, por derecha del avance aurinegro y su disparo pegó en el lateral. Jugada anulada porque la pelota había salido, pero mostró llegada y profundidad.

A los 22 minutos quedó ante Burián. Definió notable, "tres dedos" por arriba, pero el arquero adivinó y con brazo extendido evitó la caída de su valla.

Cinco minutos más tarde, otra vez en carrera por izquierda y ante la salida de Burián definió por bajo. El arquero ahogó un nuevo grito de gol.

Pero claro, Diego fue por más. Y la tercera fue la vencida. Recepcionó un pase de Valverde, paró la pelota, enganchó, se perfiló de zurda y sacó un zapatazo inatajable que se coló junto al segundo palo del arco bohemio.

Golazo. Bautismo y ovación en su presentación con recuerdos mundialistas.

Ya en el complemento, tuvo la chance de ejecutar un penal tras infracción de Cristóforo sobre Ifrán. Y definió con la clase habitual. Eligió el palo de su pierna derecha. Tiro rasante, preciso con arquero al palo contrario. Iban 59 minutos de juego. Gol. Beso al escudo y despedida. ¿Qué más?

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