SELECCIÓN

A 115 días del Mundial, diez razones para soñar con la Celeste

Potencial goleador, transformación en el juego, riqueza técnica, convicción de los jugadores y la fidelidad al entrenador permiten considerar que Uruguay está en condiciones de llegar al 15 de julio.

El festejo de Uruguay. Foto: AFP
El festejo de Uruguay. Foto: AFP

Faltan 115 días para el comienzo del Mundial. Y la Copa del Mundo empieza a calentarse. En todas partes se arman las listas de los favoritos y a casi todos les afloran con facilidad los mismos nombres, quizás a algunos los eligen por buenos equipos y a otros por tener en sus filas a muchos de los mejores jugadores del momento. Cuesta romper con los moldes y por eso a lo largo y ancho del planeta se pondera a Alemania, España, Brasil y Argentina. Los más audaces de los analistas se animan a incluir en la lista a Bélgica, Francia e Inglaterra. ¿Y Uruguay?

Para empezar, sin ignorar la dosis de fortuna que se necesita para terminar festejando un éxito deportivo, lo que hay que establecer que el título es para aquel que trabaja a conciencia en busca del trofeo. Y ese aspecto es quizás uno de los más fuertes que puede sostener la afirmación contundente de que Uruguay estará preparado para el gran reto que significa llegar hasta al 15 de julio.

Pero hay muchos más. Identidad, potencial, nivel deportivo de sus figuras, mezcla de juventud y experiencia. A 115 días del estreno de la Copa del Mundo, repasemos 10 argumentos que permiten confiar que la Celeste realice otro gran Mundial como el de Sudáfrica 2010. Que no es otra cosa que meterse entre los cuatro mejores y tener la chance de pelear por el cetro. 

Luis Suárez y Edinson Cavani hacen soñar con nuevos gritos de gol de los uruguayos. Foto: Archivo El País
Estas bestias ilusionan siempre. Foto: Archivo El País
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Potencial goleador

Es más que obvio, con un 9 goleador ya se entra con otra confianza a la cancha. Pero Uruguay duplica ese valor. Es bien sencillo: la mayoría de las selecciones tienen delanteros muy buenos, pero Uruguay tiene a dos de los mejores del mundo. Y, sinceramente, ese hecho es de enorme trascendencia. No es poca cosa entrar a jugar un partido de alta carga emotiva sabiendo que del otro lado del campo se estarán preguntando de qué manera podrán frenar a las dos bestias del gol. Con Luis Suárez y Edinson Cavani en un momento deportivo ultra fantástico, con una efectividad que envidian todos los entrenadores del mundo, la Celeste se posiciona muy bien en materia de contundencia.

Los números hablan por sí solos, Cavani acaba de convertirse en el máximo artillero de la historia del PSG y en el jugador con más goles en la historia del club jugando en el Parque de los Príncipes. Suárez llegó a 100 goles en la Liga Española, acumula 141 en la historia del Barcelona y está a dos tantos de ser el sexto artillero histórico del club.

Ojo, tampoco es para nada menor que las alternativas que pueda tener Tabárez en el banco de suplentes aparezcan prácticamente todas las semanas entre las figuras más relevantes de la Liga Española. Cristhian Stuani y Maximiliano Gómez se ganan los elogios a fuerza de su romance con las redes rivales

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El tiempo de trabajo

Como fue dicho en el comienzo, la Copa del Mundo es para aquel que la trabaja. Está más que claro que los 32 combinados que dirán presente en Rusia 2018 darán todo de sí y aprovecharán al máximo cada minuto de entrenamiento para colocarse encima del resto, pero es imposible dejar de lado uno de los elementos que le han permitido al Uruguay de Óscar Tabárez conseguir destacarse reiteradamente a lo largo de este proceso que comenzó en 2006. 

Cada vez que el entrenador reunió al equipo con tiempo suficiente como para que el laboratorio diera sus frutos, el resultado fue positivo. En el Complejo Celeste -los hechos lo demuestran- el equipo se potenció, creció y pulió defectos cuando se sumaron días de entrenamiento. Cuando Tabárez fue algo más que un seleccionador -lo que ocurría para las Eliminatorias- Uruguay fue un equipo más fuerte.

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La transformación del juego

Utilicemos de ejemplo lo que consiguió Alemania en Brasil 2014. Joachim Löw, el entrenador de los actuales reyes del fútbol, lo dejó bien en claro: "El título tenía que venir. Con sólo virtudes alemanas no lo hubiéramos conseguido, necesitábamos mejorar técnicamente y lo hicimos".

A alguien le quedan dudas de que Tabárez comenzó a visualizar que era imprescindible para Uruguay conseguir una superación en el manejo y el control del balón. Ya en las propias Eliminatorias, en fechas complejas, urgiendo la necesidad de conseguir resultados el técnico apeló a los jugadores que le transmitieron mensajes alentadores en el rubro que mayor dolores de cabeza entregaba: posesión.

Dejar de lado, o al menos un poquito al costado, aquel juego más vertical, para llegar lo más rápido posible al área de enfrente por una generación de juego que proporcione más control de las acciones no se consigue tan velozmente, pero hoy la Celeste trabaja para ello y tiene el material humano para lograrlo. Es otro punto crucial y muy positivo.

La alineación de Uruguay en el partido por Eliminatorias en el Centenario. Foto: EFE
Un plantel muy convencido. Foto: EFE
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La convicción de los jugadores

A veces, cuando la charla es más coloquial, los jugadores dejan ver el gran sentimiento que está creciendo en filas uruguayas. Más de uno, por otra parte, hasta se animó a hacerlo de manera pública, confiando que el de Rusia 2018 será "su Mundial". Suárez, Cavani, Diego Godín, José María Giménez, por ejemplo, están enchufadísimos y muy entusiasmados.

Pero no son los únicos. Si hasta el propio excapitán de la Celeste, Diego Lugano, ha dejado en claro que la próxima gran cita del planeta fútbol puede terminar entregando una gran alegría para el pueblo uruguayo.

No hay columna más fuerte que el convencimiento de que hay un objetivo que es alcanzable. Aunque no lo griten a los cuatro vientos, aunque se sostengan desde la humildad, no pueden impedir que la sensación de que están muy fuertes les permite ir deslizándose hacia el gran sueño. 

Sebastián Coates, Diego Godín y José María Giménez. Fotos: archivo El País
Coates, Godín y Giménez, tres zagueros de primer nivel.
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Buen plantel, suplentes de lujo

Para fortuna de Uruguay no es para nada sencillo armar la lista de 23 futbolistas que irán a la Copa del Mundo. Que al DT se le genere el pequeño gran inconveniente de borrar algunos nombres es fiel reflejo del nivel alcanzado por muchos jugadores, fundamentalmente en algunos puestos.

Este hecho, por otra parte, es revelador de que se irá con un plantel muy competitivo. A modo de ejemplo, hay cuatro zagueros de gran nivel compitiendo en Europa. Si se quiere, hasta cuesta establecer qué es mejor: la dupla Giménez-Godín o la de Sebastián Coates-Godín.

¿Y en el medio? No se presentará un gran problema la eliminación de jugadores de la nómina, sino hasta el armado del equipo titular. Pero ese inconveniente no hace otra cosa que obligar a los jugadores a rendir un disparate para no quedarse fuera del once. 

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La recuperación de Martín Cáceres

Es cierto, el cambio del Hellas Verona a la Lazio quizás no lo benefició en lo que refiere a la continuidad del juego, pero lo que está muy claro es que Martín Cáceres recuperó su nivel de juego.

Y no es poca cosa, porque el "Pelado" supo convertirse en el "Suárez de la defensa" como lo llegó a definir el propio entrenador. Quizás no sea necesario remarcarlo, pero la realidad marca que Cáceres por velocidad, por temperamento, por capacidad de despegue y por su buen juego aéreo es pieza de enorme trascendencia para la retaguardia uruguaya.

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El promedio de edad

Un dato no menor es el promedio de edad que tendrá el plantel de la Celeste a la hora de jugar el Mundial. Si nos guiamos exclusivamente por el informe que hizo la FIFA y el CIES Football Observatory sobre el perfil de cada una de las 32 selecciones clasificadas a Rusia, tomando en cuenta los jugadores que tuvieron minutos en los partidos de las Eliminatorias, el equipo de Tabárez clasificó con un plantel que tuvo de promedio 28,7 años.

Pero ese porcentaje puede descender un poco con la renovación que tendrá el equipo. De hecho, la ausencia de Egidio Arévalo Ríos ya influirá de manera notoria. La mezcla de experiencia y juventud harían, entonces, que la Celeste llegue con un plantel que ronde de promedio los 27,4 años.

Foto: archivo El País.
Un técnico que manda porque convence. Foto: archivo El País.
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La recuperación del potencial defensivo

Los números no mienten, pero las sensaciones que se fueron transmitiendo en algunos partidos empezaron a generar preocupación. En pocas palabras, es real que Uruguay nunca abandonó los puestos de clasificación directa de las Eliminatorias, pero ciertos partidos dejaron al descubierto la pérdida de un rubro crucial de la Celeste: la fortaleza defensiva.

Ese tema, incluso, fue manejado con sumo interés en la interna del plantel, como lo reconoció el propio Suárez al traslucir los diálogos mantenidos con Diego Godín tras la derrota sufrida en Lima ante Perú. Por suerte, el problema se eliminó y Uruguay volvió a ser el equipo sólido.

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La fidelidad al DT y su poder de convencimiento

Diría que Tabárez es un discreto optimista, pero lo es. Hace muy poco, el profesor José Herrera -en el programa Telenoche Especial que Eduardo Rivas realizó sobre el técnico celeste- evocó el dolor que provocó en el entrenador la derrota ante Holanda en el Mundial de Sudáfrica, porque él estaba convencido que Uruguay tenía las armas para ganarle la final a España. Hoy, el técnico asume con sinceridad que tiene una expectativa real de poder vivir una gran Copa del Mundo en Rusia. Y ese mensaje llega al plantel. Los jugadores están con él. Manda porque los convence. Domó, o si lo prefieren, armonizó los egos. Hay un plan mayor y todos son fieles a él, sin importar el papel que les toque cumplir. En este juego del fútbol no hay nada más importante que tener eso: un grupo empujando unidos.

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La superación técnica

El mundo valora a Uruguay por su fuerza, por su entrega, por el convencimiento y la fidelidad a una idea. Muchos quisieran tener algo de eso para ser más competitivos, para poder festejar títulos. Este Mundial promete ser muy exigente, sobra calidad en varias selecciones y quizás no sea suficiente llegar con mucha fortaleza en un rubro solo. Sabemos, de sobra, que Uruguay muchas veces atacó mal o muy poco por la falta de generación. Hoy eso va a cambiar. Cuando aún falta conocer la definición de Tabárez sobre el armado de la lista, lo que puedo remarcar es que ver a Lucas Torreira cortar juego y asociarse en el armado de la jugada de ataque es una señal muy contundente de que se puede llegar a tener un equipo de mucha riqueza técnica.

Rodrigo Bentancur, Matías Vecino, Federico Valverde, Giorgian De Arrascaeta, Guillermo Varela, Martín Cáceres, Gastón Ramírez, Carlos Sánchez, Nicolás Lodeiro, Cristian Rodríguez, Jonathan Urretaviscaya, elijan los jugadores que quieran para armar el mediocampo, pero les será imposible no terminar de asimilar que esta vez se llegará con futbolistas que asegurarán juego asociado.

Repasen para adelante y para atrás la cantidad de jugadores que tiene para elegir Tabárez, y terminarán aceptando que hay muchas razones para creer que Uruguay está en condiciones de realizar un extraordinario Mundial.

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