CLÁSICO

En el día de la madre, ellas también jugarán su propio partido

Alicia, la mamá de Zunino y Lourdes, la de Giovanni, celebrarán su día muy nerviosas.

Giovanni González, junto a su madre Lourdes y su hermano.
Giovanni González, junto a su madre Lourdes y su hermano.

Hoy se festeja en Uruguay el día de la madre. Pero no todas podrán compartir el almuerzo con sus hijos. Las mamás de los jugadores de Peñarol y Nacional vivirán un día diferente. Con muchos nervios por el clásico, el primero en el Campeón del Siglo, y esperando a la noche para recibir el abrazo de su hijos, y también algún regalito. Tal es el caso de Lourdes, la mamá de Giovanni González, y de Alicia, la de Matías Zunino.

Lourdes es abogada penalista e hizo un alto en su trabajo en Fiscalía con los detenidos para hablar sobre su hijo mayor con Ovación. Tanto Giovanni como Bruno, el menor de 20 años, siguen viviendo en la casa de mamá en Malvín, aunque el futbolista aurinegro está pensando en independizarse. Bruno, el menor, es muy bueno jugando al fútbol, según Giovanni mejor que él, pero un poco vago según su madre. Hoy estudia Educación Física.

“A Giovanni le gusta el fútbol desde que nació. Me acuerdo un día en que yo iba por el supermercado con él bebé en el carrito y empezó a gritar como loco y a señalar y era porque había visto las pelotas. Y cuando empezó a caminar pateaba todo lo que veía, botellas, lo que fuera. Lo único que quería era jugar a la pelota. No sé si es innato o lo adquirió porque de bebé yo también lo llevaba a la cancha a ver al padre (el exdelantero Juan González). Cuando nos fuimos a España (“Juanchi” pasó de Nacional al Oviedo), Giovanni cumplió enseguida los tres años y se pasaba jugando a la pelota en la plaza por más frío que hiciera, en un momento en que los niños en España se pasaban encerrados jugando a la play. Conectados, como pasa acá ahora”, contó Lourdes.

Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

AL FIRME. Lourdes y Bruno no se pierden un partido de Giovanni. Lo siguen a todos lados, incluso fueron a Chile cruzando la cordillera en auto cuando jugaba en River Plate. “No lo dejo nunca. Él siempre me pregunta si voy a ir para guardarme la entrada y a veces llega el fin de semana y estoy cansada porque trabajo mucho. Pero si ve que dudo, enseguida me dice ‘ahh dale mamá...vas siempre y no vas a ir’. Él quiere que estamos ahí acompañándolo. Nos ubicamos siempre detrás del banco de suplentes, cuando sale nos saluda y yo le grito, es como un ritual que tenemos”.

“Me pongo muy nerviosa con los partidos, más en un clásico donde la expectativa se multiplica. Este además, va a ser muy particular porque es el primero en el CDS y por lo que pasó el otro día con Flamengo. Tienen doble responsabilidad, tienen que ganar sí o sí. Y allí estaremos al firme. El mayor regalo que espero es que gane Peñarol y si de yapa viene un gol de Giovanni, alucino. Yo lo único que quiero es que mis hijos sean felices. Y Giovanni hace lo que ama y vive de lo que ama. Yo lo hago también, la abogacía es mi pasión, y no todo el mundo tiene esa posibilidad. Yo le digo que somos afortunados porque es maravilloso hacer lo que uno ama. Y es un premio también porque tampoco le vino nada de arriba. A él le costó mucho sacrificio. Ha pasado las mil y una, ha llorado y pasado mal. No lo ponían en Danubio y al principio tampoco lo tenían en cuenta en River. Son años de sacrificio. De no salir con sus amigos, no fumar, no tomar, no ir nunca a bailar. Y cuando estudiaba y jugaba al fútbol venía y me decía que no podía más de cansancio, pero al otro día se volvía levantar a los 7 de la mañana para terminar Sexto de liceo. Estaba en River, el ómnibus lo dejaba en Coronel Raíz y tenía que caminar no sé cuanto kilómetros. Salía de ahí y Osvaldo Canobbio, que es el padrino de mi hijo chico, lo llevaba hasta el Liceo 15 para terminar su liceo. Y llegaba a casa a las ocho de la noche. Por eso para mí es un campeón de la vida. Además de amarlo infinitamente, lo admiro por su tesón y constancia”.

KARMA. Desde los 20 años que Lourdes anda por las canchas, dado que primero acompañaba a su exmarido Juan González. “El fútbol ha sido un karma para mí, je. Ya me gusta y lo extraño si un fin de semana no hay fútbol”. Hizo gran parte de su carrera de Derecho en España, estudiando allá y dando los exámenes libres. “Cuando nos fuimos yo ya era procuradora y si me hubiese quedado acá en dos años más me recibía. Pero la carrera me llevó mucho más de lo que pensaba. Cuando volvimos tuve mucha ayuda, de mi mamá, de mi abuela y de Juan, que me cuidaban a los chiquilines. De repente tenía un examen y me encerraba con una compañera a estudiar”.

Matías Zunino junto a su madre Alicia.
Matías Zunino junto a su madre Alicia.

EN CANELONES. Alicia, la mamá de Matías Zunino, vive la previa del clásico con muchos nervios y expectativa. “Esperemos que sea un clásico sin violencia. Yo decidí no ir, porque tengo otros dos hijos, Matías es el mayor, pero luego están Luciana y Sofía y me voy a quedar a almorzar con ellas. Con Matías lo festejaremos de noche. Me quedo con lástima porque voy siempre”, contó quien siempre acompañó a su hijo desde sus épocas de baby fútbol en el Tres Esquinas de Canelones.

“Siempre estuvo en las selecciones de Canelones, tanto de baby fútbol como en las juveniles, Sub 15 y Sub 18 cuando jugaba en Liverpool de Canelones. Íbamos a Rocha o a donde le tocara jugar. Siempre atrás de la pelota y nosotros atrás suyo”.

A Alicia le costó dejarlo ir a jugar al fútbol. Fue mamá muy joven, tuvo a Matías a los 16 años. “Él pedía para ir a jugar al fútbol, pero me costó largarlo. No quería saber nada con el fútbol. Tenía miedo que me lo lastimaran. Vivíamos a la vuelta del Tres Esquinas y un día, cuando tenía seis o siete años, me pidió para ir a la cancha con mi hermano. Fue a que lo vieran y cuando volvió y me dijo que el técnico quería hablar conmigo y así empezó. Como no estaba fichado no pudo jugar el campeonato, pero jugaba los amistosos. Igual iba fascinado y en el campeonato entraba con la bandera a apoyar a su compañeros, era el abanderado”.

Foto: Marcelo Bonjour
Foto: Marcelo Bonjour

BOLSOS. Matías tuvo altibajos en su carrera. Vino a Montevideo para jugar en Danubio, de donde un día tuvo que irse. Pasó a Sud América y luego a El Tanque. Cuando parecía que su carrera iba cuesta abajo reapareció en Defensor Sporting y de allí pasó a Nacional. “Siempre tratamos de acompañar porque la cabeza es algo muy importante para un jugador. El fútbol es así: tiene altibajos. Uno lo sufre como él y trata de darle para adelante, que es lo que uno puede hacer desde su lugar. Y después, cuando está bien todo es alegría. Para nosotros, que somos todos hinchas de Nacional, fue un sueño hecho realidad cuando llegó al club. Para él y para todos. Aunque yo siempre fui a la tribuna del cuadro donde jugara él aunque fuera contra Nacional. Porque soy hincha de Nacional, pero primero soy hincha de mi hijo. Y siempre vestí la camiseta que él se pusiera”.

COCINA. Alicia cree que si no le hubiera ido bien en el fútbol el lateral volante hubiera agarrado para la gastronomía, siguiendo los pasos de su familia paterna. “Te hace gramajo y la parrilla es exquisita. Si no tuviera que jugar hoy me estaba preparando algo. Cuando jugaba en Liverpool acá en Canelones, estudiaba y trabajaba con el tío en el restaurante de su familia paterna. Repartía y de chiquito ya atendía las mesas. Todas esas cosas siempre le gustaron, pero la pelota le gustaba más”.

Matías y Luciana, los dos mayores suelen combinarse para hacerle el regalo del día de la madre, mientras que a Sofía, de 12 años, le compra el regalo su papá. Hoy Alicia tendrá que esperar hasta la noche, aunque con un triunfo tricolor en el CDS se quedaría muy conforme.

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