FÚTBOL

Delanteros casi ni pisan el área rival

Los grandes extrañan a los artilleros como Morena, Victorino, Aguirre y el ‘Loco’ Abreu.

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del

JOSÉ MASTANDREA

Cambia, todo cambia, y el fútbol no es la excepción a la regla. Ha ido mutando década tras década y esos cambios, han logrado una metamorfosis en las tácticas, en el juego, y en el desempeño de los futbolistas. Ya no hay más posiciones fijas, y la velocidad es otra.

Primero, empezó a extinguirse el "10", el típico enlace sudamericano, y casi al mismo tiempo, los punteros.

La táctica, la dinámica, la velocidad con que se compite y el ritmo que hoy se impone en el fútbol no da tiempo para pensar ni para "andar" con la pelota al pie.

Si hasta cambió el vocabulario. Hoy, "la pelota se fue ancha", los equipos "no tienen volumen de juego", o "poca tenencia del balón".

Cambia, todo cambia. Tanto que para encontrar un típico "10" sobran los dedos de una mano. ¿Y punteros?, bien gracias.

¿Dónde están los que corrían pegados a la "línea de cal" a toda velocidad? esos que parecían malabaristas con sus gambetas y moñas y dejaban rivales por el camino. Del gran Alcides Edgardo Ghiggia para acá, un montón: Luis Cubilla, el "Pardo" Abbadie, Juan Joya, Julio César Morales, Venancio Ramos, Alberto Bica, el Pollo Vidal, entre los campeones "de todo" y quizás el último sobreviviente de aquella raza inextinguible, el "Principito" Ruben Sosa.

Con los delanteros de área se da una situación similar. ¿Ya no hay más goleadores? ¿Cómo hacían Spencer, Artime, Morena, Victorino, Aguirre o Abreu para sumar goles y más goles? ¿Faltan punteros? ¿Hoy juegan más retrasados los delanteros que casi ni pisan el área rival?

La realidad está marcada en la tabla de goleadores: en el pasado Torneo Apertura los 9 de los grandes apenas llegaron a los cuatro goles. Hugo Silveira en Nacional y Junior Arias en Peñarol.

Claro, su posición en la cancha no es la misma que tenían los artilleros de antaño. Ni siquiera cuentan con punteros bien abiertos, que desborden y metan la pelota en el área. Hoy, van "al sacrificio", como se dice en la jerga futbolera. Tienen que bajar, que pivotear, jugar de espaldas al arco, pasar, y hasta fabricarse las mismas jugadas de gol. Casi ni pisan el área, y en el caso de Junior, es el que ejecuta los tiros de esquina.

Es otro fútbol. Está claro. Spencer contaba con el Abbadie y Joya por la zurda. Artime tenía al genial Luis Cubilla por derecha y al "Cascarilla" Morales por izquierda. Les generaban infinidad de situaciones de gol, y cuando una pelota llegaba al área, era jugar y cobrar.

Más acá en el tiempo, el Peñarol de los 70 y el Nacional de los 80, tuvo goleadores de raza. Fernando Morena, el máximo anotador del fútbol uruguayo, siempre tuvo socios vitales. Quevedo, el "Pepe" Cruz, Galilea, Liuzzi, Romero Corbo.... y en su última época, Venancio y Ruben Paz. ¡Casi nada!

Y Waldemar Victorino, otro goleador infalible, contaba con dos trenes por cada andarivel. Alberto Bica por derecha, y "Cascarilla" Morales en otra década de oro.

Claro, los grandes, jugaban con un 4-3-3 definido, y además de dos punteros bien abiertos, tenían volantes talentosos, y en ambos casos, hay un nombre que se repite: Ildo Maneiro.

Hoy todo es diferente. Hay que ocupar los espacios y "caer" por sorpresa por las bandas. El 9 tiene que pivotear y esperar a que llegue su oportunidad. Los defensas son otros. Más ágiles, más grandes, más fuertes, y eso también pesa a la hora de hacer un balance sobre la sequía goleadora de los 9 actuales.

Diego Aguirre a fines de los 80 y el Loco Abreu a fines de los 90, fueron goleadores en los grandes "como los de antes", pero tuvieron aliados por las puntas, jugadores de buen pie en el mediocampo que los abastecían con pases-gol. "Asistidores", como le dicen en el fútbol moderno.

Hugo Silveira aparece solo. Demasiado solo. Tiene que salir del área, buscar la pelota, pasarla, e ir a recibir la devolución. Ha sido más asistente que goleador, y Nacional no ha encontrado un buen circuito "por afuera" para abastecerlo. Ha hecho pocos goles, es cierto, pero han sido relevantes, de esos que significan una victoria, y eso lo ayuda.

El caso de Junior Arias es muy similar. Es más chico, no tan corpulento, pero también es más veloz, más escurridizo que Silveira. Al igual que el 9 tricolor, el aurinegro ha marcado poco, pero ha hecho un gol significativo para cualquier delantero de Peñarol: el del clásico.

Los últimos 9 goleadores, de los que siempre se abastecieron los grandes, pueden ser Juan Manuel Olivera, en aquel equipo de Peñarol 2011 que llegó a la final de la Copa Libertadores de América, e Iván Alonso, el goleador tricolor que cuando pisaba el área era infalible.

Alonso dejó al tricolor cuando llegó Gustavo Munúa a la dirección técnica, y de ahí en más, Nacional buscó y buscó, pero hasta ahora, bajo la conducción de Martín Lasarte, ha repartido sus goles en varios futbolistas y no en uno solo.

En Peñarol pasó igual. Ya no tuvo un 9 goleador, un delantero de área letal, y sigue buscándolo bajo la pupila de Leo Ramos.

Cambia, todo cambia. Están desapareciendo los 10 (Martín Ligüera, "Nacho" González) y ya no quedan punteros-punteros. Hoy, los 9 parecen otra especie en extinción. Ya casi ni pisan el área. Juegan más para el equipo. Los arqueros, agradecidos.

Los ‘60 y ‘70: Los socios de Spencer y Artime para conquistar América y el Mundo.

El Peñarol de los 60 tuvo un goleador implacable: el ecuatoriano Alberto Spencer, hasta hoy maximo artillero de la Copa. Pero no estaba solo. Tenía a Abbadie y Joya por los extremos y la clase de Rocha a su servicio. El Nacional de los 70 contó con un Luis Artime infalible, también abastecido por dos punteros y un crack: Cubilla, Morales e Ildo Maneiro.

Los ‘80: Morena y Victorino tuvieron flechas por las bandas para servirles los goles.

En los inicios de la década de 1980 Nacional y Peñarol ganaron todo. Tuvieron goleadores tremendos como Waldemar Victorino y Fernando Morena, ambos con punteros bien abiertos y veloces. Victorino tuvo a Bica y a "Cascarilla" Morales, mientras que Morena contó con Venancio Ramos y "Pinocho" Vargas, dos flechas por los extremos.

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