DIEGO FORLÁN

Dedicación y talento

"Cachavacha" escribió una columna para The National y, con anécdotas de su vida personal, se refirió a Juan Sebastián Verón, David Beckham y Ronaldo.

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Foto: archivo El País/AP.

Los mejores jugadores destacaban tanto por su dedicación como por su talento , como Verón, Beckham y Cristiano Ronaldo

La semana de fútbol internacional significaba partidos y viajes de larga distancia pero, en el Manchester United hubo un parón en el que no jugaba ningún equipo sudamericano. Así que hice lo que cualquier futbolista sensato hubiera hecho con su tiempo libre y me fui a Euro Disney a ver a Mickey Mouse.

Fue idea de Juan Sebastián Verón. Cuando fiché para el Manchester, mi compañero de equipo argentino me hizo sentir muy bien acogido desde el principio, y me invitó a ir al parque temático con él y su familia. No éramos los únicos futbolistas en las montañas rusas. También estaban Laurent Blanc y mi compatriota Álvaro Recoba. Subimos a tantas atracciones que durante el vuelo de vuelta a Manchester ni siquiera notamos las sacudidas del avión al atravesar una zona de turbulencias.

“Seba” Verón fue uno de los mejores jugadores con el que he compartido vestuario. No solo era técnicamente muy bueno, tenía gran habilidad para hacer pases largos con precisión y sabía anticipar hacia dónde iban correr los rivales, sino que además él también corría. He visto a jugadores con esta misma capacidad de pase que piensan que no hace falta correr. Seba corría mucho; era fuerte y sorprendentemente rápido, sabía chutar, lanzar tiros libres… de todo. No es de extrañar que el United pagara una cifra récord por su traspaso en 2001.

Después del entrenamiento él y David Beckham se quedaban a ensayar lanzamientos de falta. Yo los miraba. Tenían un panel móvil que colocaban en diferentes posiciones. No daba saltos pero los “jugadores” eran más altos. Durante una hora se dedicaban a chutar el balón por encima del panel y alrededor de él.

Sus técnicas eran totalmente diferentes pero ambos chutaban cada vez al mismo punto de la portería. Con el balón más cerca o más lejos del panel siempre daban en el mismo punto. Beckham chutaba por encima del panel y marcaba desde una distancia de poco más de siete metros, Verón de unos catorce. Me parecía extraordinario. Se suponía que debíamos estar cansados pero ellos no paraban, buscaban la perfección. Por eso, cuando les veía hacer lo mismo en los partidos, sabía que no era un golpe de suerte sino el resultado de su talento y muchas horas de trabajo.

En Italia Seba había tenido éxito jugando con el Sampdoria, el Parma y el Lazio. También en Argentina era un héroe pero la vida en Inglaterra le resultaba más difícil. Hizo todo lo posible para integrarse pero no era un joven de 22 años recién llegado de Sudamérica. Estaba casado y tenía hijos. Había vivido en Roma, una de las ciudades más bellas del mundo. Había aprendido italiano. Fue duro para él volver a empezar en Manchester, aunque hizo muy buenos partidos con el United.

El United contaba con otros jugadores de talla mundial. En Inglaterra el nivel era más elevado que en Argentina. Los jugadores eran más altos, más corpulentos y más rápidos. El césped de los campos se humedecía a propósito para acelerar el juego incluso más. Me di cuenta de que tenía que mejorar.

Jugué contra Rio Ferdinand, entonces defensa del Leeds, que era un buen equipo. Nunca había jugado contra un defensa de ese nivel. Lo tenía todo. Me alegré mucho de que se uniera al equipo algunos meses más tarde.

Podía entender por qué la gente elogiaba a Paul Scholes pero Roy Keane también era un jugador de talla mundial. Era el capitán, la figura más importante dentro y fuera del terreno de juego. Podía ser muy duro con nosotros, realmente duro. Hoy en día no se ven jugadores así. Enojaba a sus compañeros de equipo pero quizás algunos jugadores más jóvenes necesitaban que un jugador más veterano les mostrara agresividad.

Keane también era un tipo inteligente. Me daba consejos constantemente. Comentaba mi posicionamiento en el entrenamiento y me decía los movimientos que debía hacer y los que debía evitar. No entendía por qué debía practicar sobre un cuadro con cuatro jugadores para pasar el balón y me decía: “El sábado no tendrás a cuatro jugadores a tu alrededor corriendo hacia la portería. Estarás solo.” Quería que estuviese preparado para marcar en los partidos no para pasar el balón.

Cristiano Ronaldo fichó para el United un año después que yo. Tenía una confianza extrema en sí mismo y el talento para corroborarla. También mostraba una gran dedicación y, después del entrenamiento, trabajaba con el mismo empeño que los demás jugadores. Se notaba que quería ser un gran jugador, el mejor.

Cuando pensamos en los mejores jugadores practicando, se nos viene a la cabeza una imagen como la que he descrito antes con Verón y Beckham. Ronaldo entrenaba con la misma dedicación pero también en el gimnasio. Trabajaba estrechamente con Mike Clegg, el preparador físico.

Se hizo a sí mismo a base de muchas horas en el gimnasio. Ahora es normal pero hace diez años no había muchos jugadores que entrenaran así.

Fuera, en el terreno de juego, si un jugador hacía algo que él no sabía hacer, le decía que lo aprendería y sería mejor que él en una semana. Solía entrenar con pesas atadas alrededor de los tobillos para adquirir más fuerza. Su vida entera estaba dedicada a mejorar su juego.

Escribiré una columna acerca de Cristiano, de cuando nos volvimos a encontrar en España, como haré con otros grandes jugadores con los que he jugado como David de Gea y Kun Agüero. Juan Riquelme fue uno de ellos, a quien dediqué una columna cuando se retiró hace poco. Entonces no mencioné que en un derbi en La Bombonera en Buenos Aires, Riquelme, de espaldas, pisó la pelota y la hizo pasar por entre las piernas de Mario Yepes, un defensa excepcional. Fue increíble. Lo pueden ver en youtube.

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