SELECCIÓN

Los deberes esta vez son para el maestro

Tabárez tiene que apuntar a mejorar el juego para que llegar a Catar 2022 no termine siendo un sueño frustrado.

El maestro Óscar Tabárez en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Foto: Archivo El País
El maestro Óscar Tabárez en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Foto: Archivo El País

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Toca mirar hacia adelante. En el estilo que se quiere imponer para mejorar la producción colectiva y en la forma en la que hay que elaborar las acciones para que Luis Suárez y Edinson Cavani no queden condenados a vivir en una soledad absoluta dentro del campo.

Hay que poner acento en ello: ¡toca mirar hacia adelante! Se vienen unas Eliminatorias que serán durísimas. Ir al Mundial de Catar 2022 no será para nada sencillo y es lógico comenzar a preguntarse ¿cómo llegará la Selección de Uruguay a esa instancia?

"La cosa salió mejor contra Brasil que contra Francia. No hay que poner en un plano demasiado lejano que se jugó un viernes y el martes ya hubo que jugar contra un equipo muy exigente que tenía una fiesta”.

Óscar Washington Tabárez en conferencia de prensa en Francia. Foto: EFE
Óscar TabárezDT de Uruguay

Los últimos cuatro partidos de la Celeste dejan en evidencia que hay mucho para hacer. Que no significa, vale precisarlo, que no haya señales claras que reflejan que se está insistiendo sobre un libreto diferente al que por mucho tiempo fue la bandera del entrenador, y también de los jugadores.

El papel fuerte aquí lo va a tener que jugar el propio Óscar Tabárez, que notoriamente no está improvisando. Una cosa es que aún no se vean resultados positivos, que se sigan encendiendo una luz de alerta por la debilidad del ataque, pero otra muy diferente es que no haya una idea clara de lo que se quiere.

"No pudimos conseguir los resultados que aspirábamos. Más allá de que había incertidumbre por la calidad de los equipos a los que enfrentábamos, y los problemas que tuvimos, soy consciente de que esto del fútbol profesional es para ganar. Y no se pudo hacer”

Óscar Tabárez. Foto: Archivo El País.
Óscar Tabárez

Seducido, como todos (que nadie se aleje hoy del enamoramiento deportivo que generaron los Bentancur, Valverde, Torreira y Vecino), por las prometedoras apariencias de los nuevos mediocampistas que surgieron en Uruguay terminó aceptando que el gran cambio para fortalecer un crecimiento pasaba por dejar de lado los “coches todo terreno” por aquellos que lucían como “modernos autos deportivos”. Para ser gráficos: menos raspadores y más creadores.

Y está bien. Sería de ciegos desperdiciar esa energía renovada. Esa calidad de futbolistas que son capaces de ocupar un puesto de ofensiva en el mediocampo o, caso contrario, de ubicarse algunos metros más atrás.

"Que del otro lado vengan críticas... Todos queremos ganar. Cuando no se gana y cuando no se juega bien, vienen las críticas. Pero creo, modestamente, que estamos un poquito más allá de recibir consejos de cómo tenemos que jugar y esas cosas”.

El maestro Óscar Tabárez en el partido de Uruguay ante el local en el Mundial de Rusia 2018. Foto: Nicolás Pereyra
Óscar Tabárez

Pero renovar el equipo no se logra como si simplemente se tratase de encender una llave que permita accionar otro estilo. Nada llega con facilidad. Y mucho menos cuando se va a tratar de dejar un poco en el costado un estilo arraigado, casi tradicional del proceso.

Experimentar.

Lucas Torreira y el maestro Tabárez. Foto: Archivo El País.
Lucas Torreira y el maestro Tabárez. Foto: Archivo El País.

No queda otra, en consecuencia, que probar. Experimentar. Machacar con trabajo, que en una Selección no es tan accesible de conseguir como en un club, porque se juntan esporádicamente.

La repetición de los movimientos, en consecuencia, además de ponerlos en un pizarrón tienen que llevarse a la práctica y es ahí donde empiezan a verse los defectos y las formas de corregirlos.

"Acá lo que se planifica se trata de llevar a cabo. Después de haberlos visto, los caminos son dos: insistir con esto en alguna otra oportunidad, porque hubo cosas buenas, o seguir buscando y tratar de cambiar. Buscar gente más veloz por los costados”.

Washington Tabarez. Foto: Reuters
Óscar Tabárez

No hay magos. Ni siquiera los grandes entrenadores que logran éxitos en otras ligas, porque ni Jürgen Klopp ni Pep Guardiola han conseguido que los equipos que orientan se adapten a sus ideas futbolísticas con cinco días de preparación. Cambiar hasta la forma de entrenar del Bayern Munich, por ejemplo, fue un ejercicio que al entrenador catalán le demandó muchas horas de trabajo. Hasta tuvo que esforzarse para hacerles ver a los germanos que no era necesario correr mucho en los entrenamientos.

Comprometerse.

Jonathan Rodríguez. Foto: AFP.
Foto: AFP.

Para experimentar, en principio, lo que también se necesita es un compromiso total a la idea madre. Un convencimiento pleno de que la apuesta nueva contribuirá para que la Celeste sea más fuerte. Para que la lucha deportiva en la cancha no se limite exclusivamente a cuidar el rancho.

Toquetear lo que se venía haciendo es lógico que genere incertidumbre, interrogantes. Establecer una distancia de aquello que posibilitó estar a la altura de grandes desafíos se irá consolidando con el paso de los partidos y en la medida que los resultados acompañen.

La búsqueda.

Diego Godín, José María Giménez y Lucas Torreira, tres pilares en la clasificación en cuartos. Foto: Nicolás Pereyra
Diego Godín y José María Giménez: vitales en la zaga. Foto: Nicolás Pereyra

Ahora bien, el gran tema es qué se necesita para que el nuevo Uruguay tenga un esquema de fútbol más balanceado, porque la fuerza defensiva está, pero el método que viene pasa por retener más tiempo la pelota y administrarla mejor para encontrar la ruta que lleve al gol.

Hay puestos que son inamovibles, pero a lo mejor hay otros en los que necesariamente el entrenador tendrá que apostar al desfile para lograr la movilidad, dinámica, velocidad y profundidad que demanda una selección que quiere sostenerse en la elite del fútbol mundial.

El dibujo que se ofreció ante las fuertes selecciones de Francia y Brasil tuvo sus debilidades en la falta de desborde por los pasillos exteriores. En la ausencia de un pase profundo por la poca confianza que se tuvieron los más creativos y técnicos en tomar riesgos.

La rotación del balón estuvo. La pelota fue manejada con criterio, pero ocasionalmente se consiguió cambiar de ritmo y así el equipo no tuvo la jugada que sorprendiera a las defensas francesa y norteña.

Ojo, es imposible ignorar el hecho de que los muchachos que estaban enfrente son de los mediocampistas de mayor destaque en el Mundial, que su velocidad fue un símbolo clarísimo de la gesta alcanzada en Rusia, pero también es notorio que a Uruguay le faltó audacia en la toma de decisiones.

"Cuando se quiere competir a un nivel del que venimos de competir, hay que tener un medio local mucho más significativo desde el punto de vista de su infraestructura, su organización y del juego. Porque el poco juego no se ve solo en la Selección”.

Uruguay vs Arabia Saudita en Rusia. Foto: EFE
Óscar Tabárez

Hoy, cuando el choque visual de lo observado, más el ADN uruguayo que demanda mayor velocidad para llegar al arco rival, debe ser precisado que para lograr un cambio radical no se puede renegar del pase lateralizado. Lo que sí debe solicitarse es una mayor intensidad en su realización.

Hay que entender que un movimiento constante y veloz de la pelota es lo que termina generando el desacomodo de las líneas defensivas y, recién ahí, después tiene que surgir el ojo que encontró el espacio perfecto.

Ese rubro Uruguay lo tiene que potenciar, calidad para conseguirlo tiene. Quizás solamente se trate de que ganen en confianza.

Organizar el juego.

Marcelo Saracchi. Foto: @Uruguay.
Marcelo Saracchi. Foto: @Uruguay.

Encontrar la forma de organizar el juego, entonces, debe ser una prioridad para el futuro de Uruguay. A lo mejor no pasa exclusivamente por darle un papel protagónico a un “arquitecto, porque eso en la Celeste no ha dado resultado, pero sí por transmitirles seguridades a quienes potencialmente pueden ser los gestores de una habilitación de gol.

Por todo lo puntualizado parece claro que el nuevo equipo de la selección uruguaya no está hecho. Si hasta el vértigo que aportó Jonathan Rodríguez deja planteada la duda de si no habría que encontrarle un lugar en el equipo. De la misma forma que también podría preguntarse si una banda izquierda con Marcelo Saracchi y Diego Laxalt no le entregarían a Tabárez la velocidad y profundidad por afuera que en el pasado Uruguay supo tener -por ejemplo- con Álvaro “Palito” Pereira.

Laxalt, por otra parte, no es un futbolista que no sea capaz de asociarse a la construcción del fútbol en la mitad del terreno. De hecho, hasta su cambio de ritmo es positivo para aportar circulación rápida y para lograr más llegadas claras.

Ayer, en su llegada a Uruguay, entre otras cosas, el entrenador remarcó que este ciclo con los futbolistas jóvenes recién está comenzando y pidió que se les entregue un poquito más de tiempo.

"Esa adaptación a cosas que se les propone es más difícil en jugadores jóvenes. (Rodrigo) Bentancur y (Federico) Valverde entraron a la Selección en la segunda mitad del año pasado y (Lucas) Torreira este año. Hay que darles un poquito más de tiempo”.

Las mejores imágenes del duelo entre Uruguay y Brasil en Londres. Foto: Reuters.
Óscar Tabárez

Le asiste la razón. Solamente el trabajo podrá demostrar que se avanza. Eso sí, no lo puede perder y tiene que mirar fijamente hacia el futuro, porque toca mirar hacia adelante.

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