EN JARDINES

Danubio lo empató de corazón

El franjeado levantó un 2-0 en contra ante un Wanderers que se dejó estar y lo pagó demasiado caro

Danubio vs. Wanderers. Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

Con un muy buen planteo que se vino abajo en los últimos minutos, Wanderers estuvo a punto de sacarle el invicto a Danubio, que despertó y con más ganas que fútbol logró empatarlo.

El equipo de Eduardo Espinel salió a jugarle de igual a igual a un rival que tiene en Carlos Grossmüller a su máximo exponente y que, bien rodeado, puede ser letal.

¿Qué hizo Wanderers? No dejó jugar al 20, pobló la mitad de la cancha, presionó y trató de potenciar un ataque liderado por un encendido Rodrigo Pastorini, quien no necesitó ser el “9” de área para marcar la diferencia porque a los 3’ sacó un potente remate que reventó el palo derecho de Facundo Silva y a los 19’, por esa misma vía, hizo un golazo.

Con esas armas, el bohemio tenía controlado a un Danubio que no encontraba armar juego y que tenía en Leandro Sosa a su mejor jugador, intentando generar situaciones de peligro, buscando algún cambio de frente hacia las bandas.

Mientras tanto, “Maravilla” Grossmüller entraba poco en juego y eso la franja lo sentía.

Wanderers no se limitó solo a neutralizar el juego rival, sino que también mostró buenas combinaciones entre Nicolás Albarracín y Diego Riolfo, respaldadas con el gran despliegue de Colombino y Noy. Con eso era suficiente para mantener a Danubio lejos del arco de Ignacio De Arruabarrena, quien en el complemento iba a tener más trabajo.

A los 64’, Pablo Peirano movió el banco, puso a Federico Rodríguez por Ignacio González y a Pablo Ceppelini por Gonzalo Camargo, el lateral izquierdo del equipo.

Con esos cambios ofensivos la franja se iba con todo arriba, pero cayó el segundo de Wanderers. Albarracín de cabeza puso el 2-0 y todo parecía derrumbarse en 66’ para el local en Jardines.

Pero apareció la magia que necesitaba Danubio. A los 68’, Carlos Grossmüller definió notable y a colocar en el área para descontar y ponerle incertidumbre al final del partido, pero a los 73’, el 20 se lesionó y dejó la cancha. El juvenil Tomás Chacón se puso el traje de generador de fútbol, las buscó todas y asistió. Federico Rodríguez se perdió un gol increíble y de ahí en más, el bohemio se desmoronó, pero tenía un salvador: Ignacio De Arruabarrena.

El golero no pudo evitar el empate de Ceppelini a los 89’, pero sí fue el responsable de que su equipo se llevara un punto de Jardines.

Danubio lo empató a corazón. Suplió la falta de fútbol con ganas y aunque no ganó, sigue invicto en el Clausura.

Sosa se puso el traje de “Maravilla”

Carlos Grossmüller venía siendo la gran figura de Danubio a lo largo de las cuatro presentaciones en el Torneo Clausura.

“Maravilla” es el toque de distinción en el equipo de Pablo Peirano, es la pausa en el momento justo, la asistencia perfecta y el gol en varias oportunidades.

Leandro Sosa en el partido entre Danubio y Wanderers. Foto: Fernando Ponzetto
Leandro Sosa en el partido entre Danubio y Wanderers. Foto: Fernando Ponzetto

Pero ayer no pudo demostrarlo en todo su esplendor. Apenas fueron chispazos y el primero, fue el más importante: el gol para poner a Danubio en partido.

A Grossmüller lo marcaron bien, lo rodearon los volantes de Wanderers y lo neutralizaron. Fue ahí que apareció la figura de Leandro Sosa, el volante que siempre buscó el desdoble ofensivo, el cambio de frente, la asistencia y también el remate desde lejos para ser el mejor de la franja.

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