HISTORIAS

Daniel Leites: de jugar la Libertadores a personal trainer

Superó el cáncer de su hijo mayor; lo acusaron mal de venderse en un partido y trabajó como asistente de cocina; pero siempre sale a flote

papito
Papito. Daniel Leites con su hija menor Alexia, que es la mimosa de la familia. Foto: Marcelo Bonjour.

Se crió en Nacional desde los 14 años. Guarda cada uno de los partidos por la Copa Libertadores entre sus mayores recuerdos. Pero la ayuda que tanto el club albo como Cerro, además de sus colegas, le brindaron cuando luchaba contra el cáncer que padeció Bryan, su hijo mayor, es lo mejor que le ha dejado el fútbol. Hoy lo sigue agradeciendo, sobre todo cuando mira a Bryan curado y convertido ya en un hombre de casi 20 años.

Dejó de jugar profesionalmente hace dos años. Su último equipo fue Progreso. Podía haber seguido, es más, hoy a los 37 años está igual que cuando corría por el lateral, pero se desencantó del fútbol. Tanto que hoy es raro que se siente a ver un partido por televisión. Mucho menos ir a la cancha.

Se preparó para ser personal trainer antes de dejar de jugar. Sabía que iba a tener que conseguir un trabajo y le interesó seguir vinculado al deporte. Y descubrió una vocación. Pero siendo padre de tres hijos, necesitaba un ingreso seguro. Por eso no dudó en aceptar cuando un amigo encargado de un restaurante céntrico le ofreció ser ayudante de cocina.

ENTRENAMIENTO. “Yo en los planteles ya era de los más grandes y sabía que tenía que sacar la cara por los que estaban empezando. Pero había muchas cosas que no me gustaban. Muchos equipos no tienen lo mínimo: el agua caliente, la ropa. Y ni hablar del sueldo. Todo eso me cansó”, contó quien actualmente entrena más que cuando jugaba. Hizo un click cuando jugando en Cerro Largo tuvo peritonitis aguda. Luego tuvo que cuidarse mucho en las comidas y le dijeron que tenía que estar un año sin jugar. Él sabía que si pasaba un año sin jugar desaparecía. Fue el kinesiologo de Nacional, Walter Ferreira, quien lo ayudó a recuperarse con una cámara hiperbárica que tenía. Y gracias a él, en cinco meses estaba jugando nuevamente.

“Hoy hago una cantidad de cosas a las que no les daba bolilla cuando tenía 20 años. Como la alimentación, por ejemplo. Nunca tuve alguien que me explicara bien lo que había que hacer, creo que eso hoy ha cambiado. Por ejemplo, en Nacional, cuando se había hecho aquel acuerdo con Pepsi, había dos botellas de refresco por mesa en el comedor. Hoy sé que eso era una locura, que no es lo ideal para un deportista”, admitió, y recordó a Carmen la cocinera de Los Céspedes a quien encontró por Facebook cuando se hizo una página para promocionar su trabajo de personal trainer.

Trainer

“Cuando me di cuenta que me quedaba poco en el fútbol, me puse a ver qué podía hacer. Había hecho sólo hasta segundo de liceo. Entonces terminé el ciclo básico estudiando de noche porque para los cursos de personal trainer y de instructor de fitness y musculación que hice, necesitaba tenerlo”, explicó.

Haber tenido una carrera de futbolista de más de 15 años y haber defendido a Nacional, es bueno para atraer clientes, aunque básicamente son mujeres. “Cuando ellas le cuentan al marido o al novio como se llama el personal trainer, entonces caen”, dijo quien da clases personalizadas y grupales. El inconveniente de su profesión es que es inestable. Y hay ciertas épocas del año en las que el trabajo baja. O hay personas que no pueden seguirle pagando por diferentes circunstancias.

“Necesitaba una entrada fija y me metí en el restaurante. Era mucho menos que lo que gano con las clases, pero yo sabía que contaba con ese dinero seguro. Era ayudante de cocina. De rostro, porque no sabía nada. Tenía los dedos todos rotos de tanto pelar papas. Y no me daba cuenta por qué era. Un día mi abuela me dijo eso era de pelar papas. Porque en casa pelaba una o dos papas, pero ahí estaba todos los días pelando papas, frutas y lavando mil platos. No me gustaba, pero iba porque me servía”, relató sobre el trabajo que duró hasta hace un par de semanas.

Fue campeón uruguayo con Nacional en tres oportunidades: 2002, 2005 y 2006. “Llegué a Nacional a los 14 años. Y debuté en Primera a los 21 con Daniel Carreño. Lo más importante fue jugar la Copa Libertadores, sobre todo cuando llegamos a cuartos de final. Aquel 2 a 2 y 4 a 4 con Santos. Fue lo más lejos que llegué con Nacional”.

familia

Dos varones y Alexia

El exfutbolista es padre de tres hijos: Bryan de casi 20 años, Ezequiel de 13 y Alexia de seis. Ellos pasan una semana con él y Sofía, su nueva pareja, y otra con la madre. El mayor trabaja en un supermercado y el del medio estudia en la UTU y juega al fútbol en el Potencia. Es puntero derecho y según su padre es rápido y juega bien. “Hoy disfruto mucho a mis hijos. Mucho más que antes, seguramente porque estoy más maduro. Y tuve una niña y las niñas siempre son del padre”.


BRYAN. Cuando intenta pensar cuál fue el peor momento de su carrera, lo relaciona con la enfermedad de su hijo mayor. Tenía ocho años cuando le diagnosticaron un cáncer en una de sus vértebras. En ese momento él jugaba en Fénix. La recuperación total le llevó a Bryan tres años. “Tuvimos la suerte que en la Médica Uruguaya lo trató el doctor Dabezies, que es el mejor en Uruguay. Fue lo peor de mi vida. Es su momento, no lo viví como una tragedia. Nunca se me pasó por la cabeza que se podía morir. Y él lo vivió igual. Esa enfermedad tiene mucho que ver con la mente y con los estados de ánimo. Los del enfermo y de la gente que lo rodea. Y tanto la mamá como yo, por más que estábamos muy tristes y preocupados por la forma en que lo veíamos, nunca se nos pasó por la cabeza algo peor. Capaz que porque éramos muy jóvenes y no sabíamos mucho del tema”.

Para Ezequiel, el segundo de sus hijos, la enfermedad de Bryan tampoco fue fácil a pesar de que en aquel momento tenía uno o dos años. “Lo sintió mucho porque la madre se dedicó al grande y él sintió ese vacío”.

Bryan cumple 20 años dentro de unos días. “Hoy siento una gran alegría de verlo tan grande y trabajando. Es muy maduro, capaz que por todo lo que le tocó vivir”, contó.

“La gente me ayudó mucho. Nacional, donde ya no estaba, y Cerro donde aún no había jugado. Además, todos los jugadores de fútbol. El que empezó todo fue OJ Morales con su señora. Se hizo un partido en el Parque. Eso me hizo darme cuenta que soy una persona querida. Y fue lo mejor que me dejó la carrera. Más allá de haber jugado bien o mal”.

ALBICELESTE

El deseo de jugar en Cerro

Leites se crió en el Hipódromo y fue hincha de Nacional desde niño, pero al mismo tiempo siempre quiso jugar en Cerro. “Siempre me gustó, sobre todo por la hinchada. Además, me parecía que mi forma de jugar era para Cerro. Y cuando jugué viví de las mejores y de las peores. Fui campeón de la Liguilla, con Eduardo Acevedo de técnico. Y también supe pelear el descenso hasta el último partido con Pablo Rodríguez. Pero tengo un gran recuerdo, la gente fue de lo mejor siempre”.

VENDIDO. “Fue algo que nunca entendí. Yo estaba mal, con problemas personales. Me estaba separando de la madre de mis hijos. Y la gente no tenía por qué saberlo. No rendía en mi trabajo que es con el físico y la cabeza. Un día me hice un gol en contra frente a El Tanque y la gente dedujo que me había vendido porque Della Valle que estaba en El Tanque había sido dirigente de Nacional cuando yo jugaba”, contó sobre lo que pasó cuando jugaba en Cerro.

“Por suerte tuve un gran apoyo de mis compañeros. El que me conoce sabe qué clase de persona soy, pero siempre hay algún bobo. Nunca me gritaron nada en la cancha, pero era algo de lo que se hablaba. Y me afectó”, finalizó.

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nacional

El dolor de irse del club de sus amoresa

En el año 2006 tuvo que irse de Nacional, donde se había formado. “Se estaba por terminar mi contrato y el club tenía una deuda importante conmigo, de años. Entonces, reclamé y no les gustó. Lo tomaron mal porque yo era del club. Capaz que en parte por eso me tuve que ir. Salir del club me dolió mucho”, admitió. De allí se fue a Wanderers, también jugó en Fénix, Cerro, Tiro Federal de Argentina, Cerro Largo, otra vez Cerro, Villa Teresa y se retiró en Progreso. Hoy despunta el vicio en el Santa Rosa de Canelones.

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