ENTREVISTA

Daniel Baldi: el futbolista escritor ya llegó al cine

Era el futbolista que escribía, aunque al principio solo lo sabían su familia y algunos amigos. Después pasó a ser el futbolista que escribía libros para niños, y alcanzó gran éxito. Ahora, es el exfutbolista cuya obra llegó al cine.

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Foto: Marcelo Bonjour

Mi mundial llevó a la pantalla su novela del mismo nombre, publicada en 2010, con la historia de Tito Torres, un niño del barrio Los Nogales de Colonia que juega muy bien. Un día aparece un contratista llamado Rolando y lo hace fichar por un club de Montevideo, donde Tito enfrenta las tentaciones y desafíos del fútbol profesional, que resulta menos dorado que en los sueños.

Algunos sueños que compartió también Baldi en su adolescencia y que lo condujeron a defender a Plaza Colonia, Cruz Azul de México, Peñarol, Nueva Chicago de Argentina, Mineros de Venezuela, Treviso de Italia, Cerro, Danubio y Bella Vista hasta su retiro en 2011. Luego dirigió las inferiores de Racing y Wanderers. Hoy es gerente de la Fundación Celeste. Y sigue escribiendo. Lleva 16 libros, y hay más proyectos.

-¿Qué te pareció la película?

-Me gustó mucho. Lo que yo aspiraba era que el espíritu de la novela fuera trasladado a la pantalla. Por eso puse como condición leer el guión. Hubo muchos guiones, en un proceso de más de seis años, hasta que quedé conforme. Pienso que Carlos Morelli, el guionista y director, hizo muy buen trabajo. Logró que la gente salga del cine con la misma carga reflexiva y emotiva que yo traté de darle al libro.

-La historia muestra una cara cruda del fútbol…

-Describe una realidad. Los números son claros. De todos los chicos que empiezan, apenas el 1% llega a jugar en primera y solo el 0,17% hace dinero como para vivir cómodo el resto de su vida. Los demás llegan al momento del retiro sin saber qué hacer después. Personajes como el representante Rolando aparecen con cada vez más frecuencia y van por jugadores cada vez más jóvenes. No hay un trato humano. El jugador es como el tomate que se lava y se prepara para exhibir. Y si se machuca, se tira y se pone otro en su lugar. Muchas veces los culpables de esto son los propios padres, que quieren recibir dinero de su hijo sin pensar en su educación. Alejandro Garay me contaba de un chico del sub 17 que tenía que ir a sacarse el pasaporte y no le preocupaba, decía que el representante lo haría. Y él lo hizo ir, sacar número y esperar su turno como todo el mundo. Los que no llegan se encuentran con la frustración de un entorno que es agresivo. La película es ficción pero los que lo vivimos de adentro sabemos que es así.

-¿Te tocó vivir momentos como los que atraviesa el personaje central de la película?

-Cuando te vas a probar es el momento más feo del fútbol. Yo odiaba el llamado a aspirantes. Vas solo, tenés poco tiempo para lucirte, el resto hace la suya e incluso juegan en contra porque tienen miedo que le saquen su lugar. Una vez que estás fichado ya es diferente, podés hacer amigos. De hecho, en el libro Tito empieza a tener amigos. El personaje Terminator, que en la película no llega a generar empatía, en la novela termina siendo su amigo.

-Cuando niño, ¿cuál era tu vocación? ¿Querías ser futbolista, escritor…?

-Convertirme en jugador de fútbol fue casi un accidente, algo que me pasó. El fútbol para mí era un sueño lejano, si no se daba no me iba a sentir mal. En todo caso, jugaba en la liga coloniense, trabajaba allá en algo que me gustara y chau. Lo mismo ocurrió con los libros. Las dos cosas fueron golpes de suerte que se presentaron, los aproveché y gustaron. Tuve un poquito más de suerte que muchos y un poquito menos que otros.

-En tu caso, llegaste a jugar en el exterior, ¿formás parte del 0,17% de que hablabas?

- Soy un agradecido al fútbol, porque me ayudó a viajar y conocer países, a hacer muchos amigos y algún dinero que me ayudó a empezar este camino llamado vida, pero después de dejar de jugar tenía que salir a laburar. No me alcanzaba para quedarme cruzado de brazos.

-Y la vocación por escribir, ¿cómo surgió?

-De chico era lector, pero lo normal, no de esos que se leen un libro por día. Me gustaban los de la serie Elige tu propia aventura y revistas como Patoruzito. Ya en el liceo empecé con autores como J.R.R. Tolkien. Y ahí se me ocurrió empezar a escribir. Al principio quería algo de ciencia ficción pero no lograba buenos resultados. Encontré en la escritura un vehículo para hacer catarsis, despojarme de frustraciones y tristezas. Siempre fue un lugar que me hizo recomponer, inventando historias y personajes. Y todo lo que yo no podía lograr en la vida real, o no me gustaba, por lo menos mis personajes lo lograban. Y eso me hacía sentir bien, como en una isla donde me refugiaba y sucedían las cosas que quería que sucedieran. Escribía por eso. Era un momento de descarga.

-¿Y cuándo empezaste?

- Ya escribía cuando jugaba. Mi vida era jugar al fútbol, leer y escribir. Nunca supe hacer otras cosas (se ríe). Empecé a publicar cuando ya llevaba como cinco años de jugador profesional. Fue sobre todo por la insistencia de dos amigos que me habían leído, me prestaban libros. Yo no me animaba a llevar eso a una editorial. Y terminé llevando mi material a Fin de Siglo. Así surgió La Botella FC, mi primer libro. Y desde 2006 empecé a publicar todos los años. Ahora llevo 16 libros y publico con Santillana y Planeta.

-¿Cuánto hay de tus experiencias personales en los libros?

-En todos hay algo. Por más que son ficción y la imaginación tiene un papel preponderante, están plagados de vivencias personales. Y de hecho para comenzar una historia empiezo por algo de la realidad que veo, que analizo, me disgusta, me da bronca, y ahí arranco la historia. Nace en momentos de tristeza, de ira, de algo que me incomoda mucho y ahí se me ocurren personajes y hechos para trasladar un mensaje al papel y que el lector lo lea y puede incluso reflexionar. No cambiaré el mundo, pero al menos dentro de mi historia sí lo cambio. Dentro de mi historia soy todopoderoso. Y eso fue lo que me gustó siempre de la escritura. Puedo hacer con mi texto lo que se me antoje. Claro que luego hay una batalla en la editorial para ajustar el texto. Seguramente esos cambios sean necesarios, pero a mí me cuesta ceder.

-¿Cómo ha sido el retorno con los niños?


-Es bárbaro. Espectacular. Tengo la suerte de que los niños me leen. Ya eso para mí es un objetivo cumplido en sí mismo. Que lean un libro, que apuesten a un papel lleno de palabras cuando hoy tienen celular, tablet, playstation… Que todavía tengan ese refugio para desarrollar la lectura y la imaginación ya es un objetivo cumplido. Y cuando me hacen una devolución linda, mucho más. Tengo un libro, Los mellis, un verdadero equipo, que hace reflexionar. Me tocó ir a liceos donde hubo hasta discrepancias y un ida y vuelta jugoso, que no era tirarle flores al escritor. Eso me pareció riquísimo, invalorable. Cuando un libro hace reaccionar al lector, es un libro bueno, aunque lo haga reaccionar en la discrepancia. Porque así estás fomentando el pensamiento analítico. Y eso no lo logra ninguna tablet, celular o play station.

-¿Volverías a dirigir fútbol?

-Me encanta, me gusta mucho transmitir, sobre todo de inferiores, como las que yo dirigía, pero con la Fundación dejé porque me consume mucho tiempo. Pero tengo un espíritu muy analítico de las cosas y me cuesta encajar en lugares donde no se sienta cómodo. A veces, por alguna razón, la dirigencia del club, los padres, el hecho de que se premia más la victoria que la formación, me empiezo a apartar de la función y quiero irme. Pero sé que en un año o dos voy a querer volver, lo voy a necesitar.

SABER MÁS

Sus temas:

De los 16 libros de Baldi, 14 están relacionados con el fútbol. Las excepciones son El desafío de la montaña y Kate, la beba, la niña. Este el único dirigido a adultos o, más exactamente, a padres. Es la visión de su hija de dos años, Katerina, que narra las cosas que vive, piensa e imagina de los padres, con un tono humorístico. “Por ejemplo, ella entra al cuarto de sus padres cuando están teniendo relaciones sexuales y cree que la madre tiene frío y el padre quiere darle calor”, cuenta, risueño.

Le gustaría escribir para adultos, aunque no resulta fácil. “Un día me dijo Roy Berocay: ‘Se me hace muy difícil irme del sapo (Ruperto)’. Y a mí se me hace muy difícil irme del fútbol. Es difícil cuando encontraste un nicho, como le dicen, comenzar a explorar otros horizontes y que te vaya bien. Y es difícil que a las editoriales les seduzca eso. Me dicen ‘dejate de pavadas, volvé”, cuenta.

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