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Damiani optó por dar "paz y tranquilidad" al equipo

El presidente entiende que el gran problema del club son los dirigentes y no se excluye de esa definición. Para no ahondar en la crisis deportiva prefirió darle continuidad a Leonardo Ramos y eso lo tenía decidido sin necesidad de escuchar a los gerentes deportivos.

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"Hace falta un presidente que una en lugar de seguir dividiendo", dijo Damiani.

"Paz y tranquilidad". Esas palabras Juan Pedro Damiani las repitió una decena de veces en la intimidad de una soledad que él mismo provocó en su mente para aislarse del ruido que provocaba en las entrañas de Peñarol una nueva derrota clásica.

La noche del clásico, en el propio Estadio Centenario y dentro de un palco aurinegro convulsionado por voces encendidas que ya sin tapujos pedían el cese inmediato de Leonardo Ramos, el presidente aurinegro se encerró en su mundo. Buscaba con firmeza "paz y tranquilidad", ya no solo para él que se encuentra en el final de su mandato como principal directivo del club si no para tomar la mejor decisión.

Así, apartado del quejoso sonido de quienes se hartaron de seguir cosechando malos resultados, bajó al vestuario. Fue a escuchar, pero también a preguntar. Dicen quienes fueron testigos del encuentro que nunca antes habían visto a un Damiani tan inquisidor. Con preguntas que surjían del alma de un dirigente muy preocupado y, también, de un hincha que necesitaba entender qué estaba pasando y por qué se tomaban determinaciones deportivas que para sus ojos eran incomprensibles.

Damiani preguntó y siguió preguntando. Llevó la conducción diálogo con Leonardo Ramos y no le dio pausa. La imagen que se llevaron todos del encuentro, por el tenor de lo consultado y por su extensión, que Damiani le soltaba la mano al entrenador (llegó a decirle "le estás matando la ilusión al hincha") que había ido a buscar sin realizar la consulta con sus pares del Consejo Directivo.

En la mañana del martes, además, el intercambio de diálogo entre los consejeros carboneros sacó a luz algo incuestionable: Ramos ya no tenía el apoyo para quedarse en el cargo. Con oficialismo resuelto a dar el golpe de timón, con Betingo Sanguinetti acompañando la iniciativa de terminar el ciclo las cuentas eran fáciles de hacer.

Además, el propio intercambio de opiniones dentro de una reunión que comenzó pasada las 13:30 horas y que terminó casi tres horas después, revelaba que el destino de Ramos estaba sentenciado. Sin embargo, eso no aconteció.

Dicen todos que terminaron encolumnándose detrás de la postura que expuso la Gerencia Deportiva. ¿Fue eso en realidad lo que sucedió? Cómo hacerlo cuando uno de los consejeros, Gervasio Gedanke, admitió después del encuentro que no hubo un argumento consistente de los gerentes para mantener a Ramos. Simplemente se encargaron de establecer que lo correcto era "mantener los procesos".

Además, cuánto peso puede tener en el oficialismo la versión de un grupo de trabajo que ha perdido su confianza. Es más, así se lo han dicho en las propias reuniones del Consejo Directivo. Y hasta públicamente, por ejemplo, Damiani y Gedanke dicen que no creen en las estructuras deportivas.

Por otra parte, no son pocas las fuentes aurinegras que establecen que el futuro de algunos funcionarios de la gerencia deportiva tiene fecha de caducidad.

Lo que sucedió en verdad, de acuerdo con lo que contaron a Ovación allegados al presidente Juan Pedro Damiani, es que mientras todos hablaban, mientras todos exponían, el titular aurinegro se mantuvo ensimismado. Mirando sin mirar. Haciendo que escuchaba atentamente, pero pensando.

"El gran problema de Peñarol somos nosotros, los dirigentes. Y me incluyo, yo tengo que darle paz y tranquilidad al equipo. Tengo que decidir abstrayéndome de lo que me rodea", habría dicho Damiani a uno de sus amigos más íntimos en la madrugada del martes. Y así lo hizo.

La determinación, no puede soslayarse, tiene también un tinte político. O si se quiere, un fundamento para no dañar al grupo de sus amigos que se presentarán en las elecciones de diciembre. En año de elecciones no puede echarse a un técnico y si el próximo resultado del equipo es negativo, lo que terminará ocurriendo es que Ramos tendrá que tomar la decisión de alejarse sin necesidad de que le den un empujón.

En definitiva, eso sería una renuncia y no un despido.

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