FÚTBOL

La curiosa historia de la sustitución de jugadores

Ahora son habituales, permiten superar lesiones y modificar la estrategia en partidos complicados, pero durante mucho tiempo estuvieron prohibidos

La sustitución de jugadores se ha vuelto una situación normal del juego, pero no siempre fue así.
La sustitución de jugadores se ha vuelto una situación normal del juego, pero no siempre fue así.

El caso de Eliseo Álvarez, que no quiso salir de la cancha ni siquiera fracturado, para seguir defendiendo a Uruguay ante la Unión Soviética en un partido decisivo por el Mundial de Chile 1962, siempre es citado como ejemplo de amor por la Celeste y entrega a la causa. Pero también debe servir como muestra de un absurdo: durante 40 años, la Copa del Mundo no autorizó los cambios de futbolistas. Y Eliseo no quiso dejar al equipo con uno menos en una instancia tan importante.

Hoy, las sustituciones resultan algo común en los partidos, pues solucionan los inconvenientes físicos imprevistos de cualquiera de sus protagonistas. Pero además permiten a los técnicos introducir rectificaciones estratégicas que no pocas veces han modificado el curso del juego. Es más: a menudo se critica a los entrenadores cuando demoran los cambios o si se abstienen de realizar alguno en encuentros que se presentan complicados. En ese sentido, el cambio representa una bala más en la recámara, una última carta en el mazo. En definitiva, una esperanza.

Con los cambios nacieron los bancos de suplentes y se alargaron los planteles. Surgieron costumbres que hoy están asentadas, incluso apareció el cartel indicador que levanta el cuarto árbitro al costado de la cancha. Pero durante muchos años, los cambios directamente estaban prohibidos.

¿Qué habrá animado a la International Board a ser tan estricta en este tema, durante tantos años? Si bien en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX los partidos no eran tan intensos como en el presente, ni los jugadores realizaban tanto recorrido, el juego era más recio, incluso brutal. Las lesiones abundaban y los equipos quedaban desmantelados, circunstancias de las cuales siempre salía beneficiado el equipo más violento.

Eliseo Álvarez siguió en la cancha pese a estar fracturado en el partido contra la URSS en el Mundial de 1962 para no dejar al equipo celeste con diez hombres.
Eliseo Álvarez siguió en la cancha pese a estar fracturado en el partido contra la URSS en el Mundial de 1962 para no dejar al equipo celeste con diez hombres.

En el fútbol uruguayo, lo habitual era que el futbolista lesionado, si podía tolerar el dolor y permanecía en la cancha, pasara a ubicarse en alguna punta, generalmente la izquierda, por lo menos para hacer número. Pasaba a ser entonces una “figura decorativa”, como calificaban los cronistas de antes a quienes no se destacaban durante “la brega”.

A partir de la década de 1930 comenzó a permitirse la sustitución de jugadores en amistosos, así como la del arquero en partidos oficiales, aunque en este caso solo por lesión. Se sabe que más de una vez el golero fue reemplazado sin dolencia de por medio, simplemente porque su rendimiento era un desastre, pero nadie lo cuestionaba.

La Confederación Sudamericana fue pionera al permitir dos cambios por equipo en la Copa América de 1935, “con carácter experimental” según se dijo entonces. Se estrenó en un Argentina-Chile. Y se mantuvo en las siguientes ediciones. En algún caso, incluso fueron tres sustituciones.

Lo más curioso es que en algún momento se llegó a autorizar incluso el reingreso de jugadores que habían sido reemplazados. Por ejemplo, frente a Uruguay en 1955, el veterano argentino Ángel Labruna salió para dejar su lugar a Conde. Pero este se lesionó un minuto después, en un encontronazo con el defensa celeste Matías González, por lo cual Labruna volvió a la cancha.

En los primeros tiempos de la Copa Libertadores solo se admitía al cambio de golero. Pero en 1966 se autorizó la sustitución de un jugador de campo, siempre que se efectuara antes del entretiempo. Lo mismo ocurrió en 1967. Lo habitual fue que el suplente entrara luego del minuto 40, pero antes del 45 por supuesto. En las dos ediciones siguientes el cambio pasó a ser posible en cualquier momento. Y desde 1970 fueron dos cambios.

Foto: archivo El País.
El primer cambio de Uruguay en un Mundial fue Julio César Cortés por Pedro Rocha, lesionado pocos después del comienzo ante Israel en México 1970. Foto: archivo El País.

Las sustituciones fueron permitidas en la actividad oficial uruguaya a partir de la temporada 1969, con el primer certamen del año que fue el Torneo de Copa. Revisando recortes, este cronista encontró cambios antes de ese año, en algún Torneo Cuadrangular, que también era oficial, pero se puede presumir que no fue una norma duradera.

Y en los mundiales, los cambios comenzaron con el Mundial de México 70. El primer reemplazado fue el soviético Vicktor Serebryanikov, que salió en el entretiempo del partido inaugural ante los locales para que ingresara Anatoli Puzach.

Para Uruguay, el primer cambio representó una instancia dolorosa. Se jugaban apenas 12 minutos del debut en aquel torneo ante Israel cuando Pedro Rocha, capitán y figura, tuvo que salir lesionado. En su lugar entró Julio César Cortés. Rocha no pudo actuar en lo que restaba de la Copa.

A partir de ese momento, la regla se hizo universal, permitiendo dos cambios. En 1994 se agregó al arquero como posible tercer cambio. Y un año más tarde, tres cambios, sin importar la posición. La innovación más reciente fue el cuarto cambio para los alargues. En los amistosos a menudo no se limitan.

¿Habrá más novedades en este rubro? ¿Llegará el día en que no habrá límites? ¿Se permitirá el reingreso de jugadores, como en el básquet? Será el día que en el banco de suplentes se sentará algún gran cabeceador o un eximio rematador de tiros libres ya veterano, listo para entrar, hacer lo suyo y regresar. Suena dudoso, pero mucho se ha transformado últimamente en el fútbol del mundo, por lo que también los cambios podrían seguir cambiando...

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