HISTORIAS MUNDIALISTAS

1954: Cuartos, pero con un equipo que hizo historia

Luego de golear a rivales europeos se perdió en forma dramática la semifinal ante Hungría, otra formación de leyenda. Hubo quienes afirmaron que los celestes de Suiza eran mejores incluso que los de Maracaná.

Fotogalería: Postales de Uruguay en Suiza 1954
Imagen del partido con Austria. Foto: Archivo El País
Los celestes durante un paseo. Foto: Archivo El País
Las formaciones de Hungría y de Uruguay antes de la semifinal. Foto: Archivo El País
Hohberg se acomoda las vendas durante una práctica. Foto: Archivo El País
Obdulio Varela en el vestuario. Foto: Archivo El País

El cuarto puesto de Uruguay en Suiza 1954 fue considerado “un sitial que está reñido con la tradición uruguaya” por el vespertino El Diario, pues hasta entonces los celestes habían ganado todos los mundiales que habían disputado. Con el tiempo, sin embargo, aquel equipo fue construyendo su propia leyenda y hubo quienes aseguraron que era incluso mejor que el de Maracaná.

En verdad era un plantel repleto de estrellas y derrotó a varios rivales europeos con una facilidad inusual. Pero lesiones inoportunas, algún cambio de jugadores no bien explicado y el choque contra otro equipo mítico, Hungría, terminaron costando caras.

Luego del triunfo de 1950, la Selección uruguaya se volvió a reunir pocas veces, algo inconcebible hoy. De hecho, no se presentó en Montevideo hasta 1953, cuando Inglaterra visitó el Centenario y se llevó un baile de novela.

Del grupo campeón faltaban algunos, en especial Ghiggia (transferido a Italia), así como los baluartes Gambetta y Matías González, pero se habían sumado valores de enorme calidad, como Santamaría, Ambrois, Abbadie y Borges, además de que ya estaba autorizado a jugar el argentino nacionalizado Hohberg.

Uruguay era uno de los favoritos para la Copa del Mundo de Suiza, pero el gran candidato era Hungría, que con un fútbol vistoso y eficaz le había hecho seis a los ingleses en Wembley.

El plantel, dirigido nuevamente por Juan López, estuvo integrado por Roque Máspoli (Peñarol), Julio Maceiras (Danubio), José Santamaría (Nacional), Mirto Davoine (Peñarol), William Martínez (Rampla Juniors), Eusebio Tejera (Defensor), Víctor Rodríguez Andrade (Peñarol), Urbano Rivera (Danubio), Obdulio Varela (Peñarol), Néstor Carballo (Nacional), Luis Alberto Cruz (Nacional), Roberto Leopardi (Nacional), Julio César Abbadie (Peñarol), Rafael Souto (Nacional), Juan Eduardo Hohberg (Peñarol), Javier Ambrois (Nacional), Oscar Míguez (Peñarol), Omar Méndez (Nacional), Juan Alberto Schiaffino (Peñarol, aunque transferido poco antes de la partida al Milan de Italia), Julio Pérez (Nacional), Carlos Borges (Peñarol) y Luis Ernesto Castro (Defensor). Con ellos viajó a Suiza la Copa Jules Rimet conquistada en Maracaná, que había estado esos cuatro años depositada en una bóveda del Banco República. Ya nunca regresaría.

En la serie inicial, los equipos disputaban solo dos partidos. Los celestes vencieron 2 a 0 a Checoslovaquia y a Escocia por nada menos que 7 a 0. Por los cuartos de final, se le ganó a Inglaterra por 4 a 2. Pero esa tarde se desgarró el capitán Obdulio y ya no pudo jugar el resto del torneo.

La semifinal llegó con los húngaros como rivales. Además de Varela, tampoco pudo estar Abbadie, lesionado. Y Míguez fue excluído por razones no explicitadas (incluso se manejó un problema disciplinario).

Hubo quienes afirmaron que el partido del 30 de junio de 1954 en Lausana fue el mejor de la historia de los mundiales. Bajo la lluvia, se jugó tan intensamente que varios jugadores de ambos equipos tuvieron que salir del campo momentáneamente para atenderse lesiones, en tiempos en que no se autorizaban los cambios. Todos volvieron, aunque algunos en inferioridad física, como Rodríguez Andrade.

Hungría se puso 2 a 0, pero en una reacción memorable Uruguay llegó al empate con dos goles de Hohberg. Fue necesario ir al alargue, durante el cual hubo un remate en el palo de Schiaffino. Al final de ese tiempo extra Hungría logró dos goles más y determinó la primera derrota celeste en una Copa del Mundo.

Los húngaros pagaría caro ese esfuerzo en la final, derrotados por una poco brillante pero tesonera Alemania (años después corrió la sospecha de que además habían recurrido a sustancias estimulantes). Tampoco Uruguay pudo reponerse y cayó por el tercer puesto ante Austria, abriendo la tradición de derrotas celestes en ese tipo de encuentros “de consuelo”.

Nadie celebró entonces ese cuarto puesto. La posición se repetiría recién en México ‘70, con una campaña menos brillante y más empeñosa. Y solo en Sudáfrica 2010 Uruguay volvería a ganar dos partidos mundialistas consecutivos. Una señal clara de cómo los tiempos dorados se habían terminado en 1954, en la tierra de los quesos y las cuentas bancarias.

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