PEÑAROL

Crack de corazón

Diego Forlán hizo su estreno con la camiseta de sus amores entre aplausos, abrazos y algunos silbidos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
En casa. “Cachavacha” se estrenó con la aurinegra y buscó a sus afectos en la tribuna.

Día especial en la vida deportiva de Diego Forlán. Al margen del estreno que tuvo la semana pasada ante Wanderers, el partido de ayer significaba para "Cachavacha" la inscripción de su nombre en la historia aurinegra.

Más allá del poco público que se acercó al Estadio Centenario, por el malestar de los hinchas con los precios de las entradas que fijó Cerro, el delantero no pudo ocultar su alegría por cumplir el sueño de él y de su familia.

Con una valija de mano, el pulgar arriba y una sonrisa inconfundible, Diego llegó al vestuario de la tribuna Ámsterdam, pero eso le llevó unos minutos más que al resto de sus compañeros. Entre abrazos, besos y fotos, donde siempre se mostró totalmente dispuesto, demoró más de la cuenta.

Realizó el calentamiento, comandó las risas del plantel y volvió al vestuario para luego salir a la cancha y hacer su debut absoluto.

En tanto, en las tribunas, los fanáticos se ponían de pie mientras por los parlantes aparecía su nombre en la formación inicial. Diego se puso al final de la fila, que encabezó el capitán Marcelo Zalayeta, y saltó al campo para jugar por primera vez en el fútbol uruguayo a los 36 años.

Se ganó los aplausos en cada pase y generó la protesta generalizada cada vez que le cometieron una infracción. Incentivó a sus compañeros cuando las cosas no salían de la mejor manera y la ansiedad de la gente se trasladaba a la cancha. Se acercó a hablar con Bengoechea, asintió con la cabeza y le trasladó la idea del DT a sus compañeros. Levantó los puños en cada gol y se frustró también luego de que Sebastián Fuentes le tapara un par de remates. Trancó los dientes, pegó un saltito con bronca y se quedó atragantado con ese grito de gol que todos esperaban. Pese a ello, siempre estuvo feliz, enchufado e incentivando al resto para darle ritmo al partido cuando el tanteador ya parecía estar sentenciado.

De todos modos, también vivió de las feas. Las veces que se acercó a tirar un tiro de esquina desde la Colombes y la América, recibió el abucheo y los insultos de gran parte de los casi 3.000 hinchas albicelestes, lo que provocó que los mirasoles "taparan" esos silbidos con cánticos directos contra Cerro.

Se fue saludando a los hinchas de la platea y a partir de ahí, todo se pareció al principio. Con la alegría de la victoria, regresó al vestuario como había llegado: entre abrazos, risas y con el pecho inflado de orgullo.

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