HACIENDO HISTORIA

La costumbre de ir al fútbol por la noche

En los comienzos se jugaba entre penumbras y había que adivinar quién era el jugador que llevaba la pelota; la exigencia del calendario hizo nacer una tradición.

Una antigua iluminación del Estadio Centenario. Foto: Archivo El País.
Una antigua iluminación del Estadio Centenario. Foto: Archivo El País.

El fútbol nació como pasatiempo y espectáculo para los domingos de tarde (sábados de tarde en Inglaterra, por razones religiosas) pero la multiplicación de torneos obligó a jugar también en días laborables o en pleno calor veraniego. La solución fue hacerlo de noche, por supuesto. Los partidos nocturnos se volvieron una tradición, que en América se vinculó pronto con la Copa Libertadores y en Europa con la Copa de Campeones, hoy Champions League.

Eso obligó a los administradores de los estadios a dotarlos de iluminación artificial. Las exigencias aumentaron cuando los partidos comenzaron a emitirse por televisión y después cuando la televisión se hizo en colores. Y los requerimientos son cada vez más estrictos, pues las emisiones en alta definición reclaman todavía más luz. Es habitual hoy que se enciendan las lámparas incluso en tardes nubladas.

No siempre fue así: los hinchas veteranos recuerdan cómo a veces había que adivinar quién llevaba la pelota ante la insuficiencia de la iluminación (para colmo, las camisetas no tenían números). La cancha dejaba amplios espacios en penumbras. Y como la luz no llegaba de manera uniforme, los jugadores tenían cuatro sombras, una por cada torre.

El primer partido de fútbol por la noche se disputó el 18 de julio de 1878 en el estadio Bramall Lane de Sheffield (Inglaterra), cuando tanto el deporte como la luz eléctrica eran dos invenciones recientes. Dos equipos locales realizaron un juego experimental, que seguramente no salió bien porque la liga inglesa demoró casi 80 años más en organizar encuentros después de la puesta de sol. Wembley, por ejemplo, no tuvo iluminación hasta 1955.

El club Bristol de Mercedes se proclama como el pionero del fútbol nocturno en Uruguay: su Parque Bristol organizó una demostración el 14 de febrero de 1930. Según historiadores locales, se eligió una noche de luna para complementar la acción de los focos, que no eran demasiado potentes.

Poco después del Mundial de 1930, Cafo comenzó a proyectar la red lumínica para el Estadio Centenario. En 1932 realizó una licitación para comprar las torres de acero que sostendrían los focos, que adjudicó a la empresa Tomás Clivio. En noviembre de ese año ya estaba la instalación, que se probó varias veces. Una de ellas, con un partido entre periodistas y árbitros. Finalmente, la luz se hizo el 7 de diciembre, con el partido Nacional 2-Wanderers 0, que puso en juego la copa Usinas Eléctricas del Estado. El primer clásico nocturno se jugó el 11 de febrero de 1933 (Peñarol 2-0), correspondiente a la tercera rueda del Campeonato Uruguayo de 1932.

El sistema se basaba en cuatro pequeñas torres colocadas en los extremos de las tribunas Amsterdam y Colombes, donde existe un descanso de las escaleras. Pero no se consiguió derrotar a las penumbras. Entre esa limitación y la antigua tecnología fotográfica, resultaba muy difícil poder captar una imagen de futbolistas en acción de noche. Por ejemplo, no se conocen fotos de aquel clásico de 1933, ni de los goles de Atilio García en el Torneo Nocturno de 1938 o del gol de Bibiano Zapirain a Argentina que le dio a Uruguay el Sudamericano de 1942. Y, muchas veces, los equipos posaban para la prensa en el amplio pasillo de los vestuarios.

Esto ocurría también en Argentina: el Sudamericano de 1937, con sede central en el viejo Gasómetro de San Lorenzo, estrenó los partidos nocturnos para ese certamen. Las revistas porteñas de la época solo muestran fotos de jugadores posando, no escenas del juego.

Cuando la AUF organizó el Sudamericano de 1956, se ampliaron las tribunas Amsterdam y Colombes y se cambió todo el sistema de iluminación. Se instalaron cuatro grandes torres metálicas para sostener los focos, dos en la Olímpica y dos la América, más otros focos en la torre de los Homenajes.

Esa innovación permitió el registro de imágenes en blanco y negro, tanto fotos como televisión. Pero si se tomaban fotografías en color, el fondo era totalmente oscuro.

Para la Copa de Oro 1980 el Centenario tuvo una nueva remodelación, que incluyó las luces. Se sustituyeron las torres de 1956 por cuatro columnas de acero ubicadas fuera del estadio, con una potencia lumínica que sorprendió en aquel momento a los montevideanos. Era imprescindible para la transmisión internacional de la televisión en colores.

La realización de los torneos de selecciones de OFI en verano determinó que los estadios principales de cada ciudad instalaran temprano sus redes lumínicas. Algunas, ya en la década de 1940. Fue una ventaja del interior sobre Montevideo, pues durante años solo el Centenario podía albergar partidos oficiales nocturnos. Sin embargo, algunas canchas tenían luz para los campeonatos de barrio veraniegos, como la de la Liga Palermo o la vieja cancha de Racing frente a la Cervecería Oriental.

Liverpool, Racing, Progreso, entre otros escenarios, tuvieron brevemente su sistema, pero el primero en adoptarlo en forma continua fue Defensor, que lo inauguró en 1976. Hoy en la capital tienen también luz el Parque Central, el Campeón del Siglo, el estadio Charrúa, el Parque Viera y el Luis Tróccoli. El Nasazzi dispone de una red para entrenamientos pero no es suficiente para partidos.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)