HISTORIAS

El corazón lo llevó a la "C"

En Bella vista lo mandaban a correr al Prado a ver si se aburría y se iba, hoy volvió a darle dos manos

Adrián Berbia en Bella Vista. Foto: Francisco Flores
Adrián Berbia en Bella Vista. Foto: Francisco Flores

Cuando Adrián Berbia le dijo a su esposa que iba a jugar en la C, primero pensó que estaba loco, que iba a seguir sacrificándose y postergando las tantas veces prometidas vacaciones familiares. Pero como lo conoce desde que tenían ocho años y eran vecinos en Capurro, entendió su sentimiento y sus ganas de volver a jugar en Bella Vista.

A sus 40 años, el arquero tomó la decisión de regresar al club al que llegó a los 10, en el que se formó y en el que debutó en Primera División. A la institución que le permitió hacer una carrera en el fútbol, en la que valora más el aprendizaje que le dejaron los vestuarios que las copas que pudo haber levantado.

“Siempre tuve el deseo de volver algún día al club en el que empecé en el baby fútbol y donde hice todas las juveniles. Han pasado 18 años desde que me fui a mitad del 2000 y nunca se había dado la posibilidad de regresar. Este año después de lo de Boston River, tuve algunas propuestas de equipos de la B, pero no me sedujeron porque no le veía seriedad a los proyectos. Y justo me llamó el “Vasco” Santiago Ostolaza, que está coordinando las divisiones fomativas de Bella Vista, para preguntarme qué iba a hacer. Si quería seguir jugando o cumplir alguna otra función en el club. Y me dijo que Bella Vista tenía la puertas abiertas y estaba a disposición fuera cual fuera la decisión que tomara. Le dije que quería seguir jugando porque me siento bien y sigo disfrutando de ir a entrenar todos los días. Y me sumé. Fue cumplir el sueño de volver al club, más allá de que esté hoy en una situación muy complicada. Tengo un cariño especial por todo lo que viví en el club y a mí me enseñaron a ser agradecido. Y creo que cuando alguien te necesita, sea un ser humano o un equipo, no hay que darle la espalda. En la situación que está hoy el club, más me comprometo”, explicó Berbia, recién llegado del entrenamiento en el Nasazzi, que es muy temprano porque la mayoría de los jugadores tienen que trabajar o estudian.

Adrián Berbia. Foto: Francisco Flores
Adrián Berbia. Foto: Francisco Flores

“En Bella Vista jugué en baby fútbol, en juveniles, en la B, en Primera, me tocó jugar Liguillas y Copa Libertadores. Y si hoy toca jugar en la C, voy a estar siendo uno más”, agregó el “Gallego”, quien le dejó claro a Ostolaza desde el principio que iba a ser uno más. Que si nadie recibía ni un viático, él tampoco lo haría.

Obvio que si Berbia no tuviera el respaldo económico que generó con el fúitbol no podría estar cumpliendo el sueño de haber vuelto al club que quiere, para jugar en la C. “Es lo que me trasmitieron mis padres que vinieron sin nada. Esa mentalidad de que había que guardar para el día de mañana. Y eso me sirvió siempre. No tuve la posibilidad de jugar en Europa, pero siempre supe que hacer con lo que iba ganando”.

El primer día Ostolaza lo presentó al primer equipo y a los chiquilines de las formativas que muchas veces entrenan a la misma hora. “Me recibieron muy bien. La mayoría tienen edad de Quinta o de Cuarta, les doblo la edad. Podrían ser mis hijos. Tienen muchas ganas, y le ponen mucho sacrificio. Hoy el club no les puede brindar nada. Todo es a pulmón. Entrenamos muy temprano para que ellos puedan ir luego trabajar o estudiar”.

Se levanta a las seis de la mañana, casi de noche, y cuando entrenan en el complejo tiene una hora de viaje hasta la práctica. Pero no le importa. Tampoco tener que bañarse muchas veces con agua fría. Es como volver al pasado porque lo mismo le sucedía cuando era un juvenil junto a Giacomazzi, Pilipauskas, Pumar, y Darío Rodríguez allá por 1994. “O como en los primeros años de Primera cuando nos tocó estar siete meses sin cobrar y nos ayudábamos entre todos. Es poderle trasmitir a los jóvenes, que la ilusión y el sueño que puedan tener siempre va a estar vigente si uno lo alimenta día a día. Me pasó a mí, siempre traté de ser muy profesional, de cuidarme mucho, de no dar ventajas. De disimular los defectos y reforzar alguna virtud, si es que la tenía”.

Lo echaban.

A pesar del cariño y el agradecimiento que siente por Bella Vista, sus primeros pasos en el fútbol y en el club fueron duros. “Desde Séptima en adelante me echaban todos los años. Si había cuatro arqueros y yo siempre era el último. Muchas veces vino el técnico a decirme que si conocía a alguien en otro club donde tuviera más chance, le hablara y lo aprovechara. Y yo contestaba que no, que me quería quedar. Que me gustaba ira a entrenar y compartir el día con los compañeros. Creo que si en cuatro años de juveniles jugué diez partidos fue mucho”, relató.

Hasta que un día llegó su oportunidad. “Una vez, en Cuarta División, estando Bella Vista en la B, había un arquero suspendido y el otro no tenía la ficha médica. No sabían a quien poner. Fue el ‘Chiquito’ Andrés Vismara , (el histórico kinesiólogo papal), que le dijo al técnico que me diera una oportunidad. ‘Ganas no le van a faltar, llega siempre el primero, deja atada la bicicleta en la entrada y es el último en irse’, le dijo al DT, el ‘Chiquito’. Y fue así, me llamaron por un partido y terminé jugando el resto del torneo, como once o doce partidos. Me fue muy bien. Y algunos días me mandaban a entrenar a Primera”.

Debutó en Primera División con Juan Duarte como técnico, pero fue con Julio Ribas que se afianzó en el principal equipo en 1997. “Por eso le digo a los jóvenes hoy que todo está en las ganas que cada uno tenga, porque a mí me echaban todos los años”.

Y para reafirmar lo de sus inicios, recordó una anécdota. “A mí y a Giacomazzi, siempre nos querían dejar libres. Entonces nos mandaban a correr una vuelta al Prado. Íbamos al otro día, todos hacían fútbol y nosotros a correr al Prado. Y cada día nos ponían una vuelta más (2 kilómetos y medio). Hasta que nos mandaron siete vueltas, era bien ara ver si nos aburríamos y no íbamos más. Pero los dos aguantamos y luego pudimos llegar a Primera División y cada uno hacer su carrera. Además de dejarle un dinero al club cuando nos fuimos”.

Si bien no tiene una tarea específica con las formativas del club, siempre que coincide con los chiquilines les cuenta alguna de sus experiencias. “Conversamos y trato de explicarles que el fútbol te educa, te da formación. Por más que es muy importante estudiar, también el fútbol te enseña. Porque en un vestuario se comparten realidades muy diferentes. Son todos iguales, y se aprende a ser solidario. El disfrutar y sufrir por tus compañeros te lo da sólo el deporte. Yo siempre fui un excelente estudiante, en el liceo y en la escuela. Nunca tuve una baja, eran abanderado y todo, pero la mayor educación me la dio el fútbol. Me la dieron los compañeros más grandes, me lo dio el vestuario. Los valores de vida te los termina dando el deporte”, aseguró convencido.

“Fui un excelente estudiante. Nunca tuve una baja y fui abanderado. Pero la mayor educación me la dio el fútbol”

Adrián Berbia
Adrián BerbiaArquero de Bella Vista

El campeonato de la C comienza el próximo fin de semana y Berbia se prepara para defender a Bella Vista con su profesionalismo de siempre. Y aunque no lo ha definido, no descarta colgar en el club los guantes. “Quería volver y lo estoy disfrutando. La idea es jugar y disfrutar. Aunque sé que por la edad que tengo no me puedo proyectar mucho”, explicó. Y cerca del final de su carrera, contó qué fue lo más importante de la misma. “Los compañeros que tuve. Lo que te deja el vestuario es lo más valioso. Lo que me remarcaban López Baez, Mario Orta o el ‘Mellizo’ Morales en Bella Vista y después en Peñarol Gabriel Cedrés, Bengoechea y Paolo Montero. Y el ‘Negro’ Méndez al que tuve de compañero en la selección. Ellos me explicaron que los recuerdos son lo mejor que te puede dejar el fútbol, más allá de que también te deje otras cosas. Más allá de si te pudiste comprar esto o lo otro o si levantaste una copa”.

Familia

Encontró un sucesor para el arco

Conoció a Fernanda cuando ambos tenían ocho o diez años. Eran vecinos en Capurro y amigos de la infancia, de un grupo que mantienen hasta hoy. Recién a los 20 años, esa amistad de transformó en otra cosa. “Eramos muy buenos amigos entre los que nunca pasaba nada, pero un día se despertó otra cosa en los dos. Hoy seguimos con la misma amistad y el mismo respeto de aquellos tiempos, pero con dos hijos hermosos”, contó Berbia sobre Bruno de 9 años y Thiago de cinco. Los dos juegan en Uruguay Buceo, pero no elegieron el arco. Son volantes o delanteros. “A veces agarran los guantes en casa y de repente si falta el arquero en algún partido o entrenamiento se meten. El que sí agarró para el arco es mi cuñado, Franco, que tiene 15 años y es como si fuera un hijo más, el hijo mayor. Siempre nos acompañó a todos lados, desde que era bebé cuando yo jugaba en Peñarol. No vive con nosotros, pero tiene su cuarto en casa. Es uno más. Y ataja en la sexta de Fénix , salió para el arco”.

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