HACIENDO HISTORIA

Copa Libertadores: el torneo que los uruguayos no querían

Hace 60 años, los delegados de la AUF fueron los únicos que votaron en contra de la creación de la Copa, pese a que en 1929 la habían propuesto dirigentes de Nacional.

El festejo de Peñarol tras conquista la Intercontinental de 1961 ante Benfica.
El festejo de Peñarol tras conquista la Intercontinental de 1961 ante Benfica.

Hoy es el objeto de los desvelos de los clubes grandes uruguayos. Ayer fue el símbolo de sus mayores glorias. Sin embargo, anteayer, es decir hace 60 años, el fútbol uruguayo no quiso la Copa Libertadores. Y cuando la Conmebol, entonces más conocida como Confederación Sudamericana de Fútbol, puso a votación su creación, los delegados de la AUF fueron los únicos del continente que se pronunciaron en contra.

Y pensar que la primera idea de un campeonato sudamericanos de clubes fue lanzada en 1929 por dos dirigentes de Nacional, Roberto Espil y José Usera Bermúdez (los mismos que ese mismo año propusieron que Uruguay organizara el primer Mundial). Era una iniciativa quijotesca, en un continente de grandes distancias y escollos naturales, y no se avanzó (Espil, ya presidente del club, retomó el tema en 1946, sin resultados).

A partir de entonces, lo que ahora se llama Copa Libertadores de América tuvo un larguísimo proceso de gestación, tan largo que duró 30 años. Durante ese período, se disputaron numerosos torneos internacionales de clubes, como los Nocturnos Rioplatenses, la Copa Río, la Copa Montevideo o la Pequeña Copa del Mundo de Caracas, que atrajeron el interés del público. Pero solo uno adquirió el tono de un certamen de campeones.

En febrero-marzo de 1948, Colo Colo organizó en Santiago un Sudamericano de clubes campeones, que ganó Vasco da Gama, seguido por River argentino y Nacional. Pese al éxito del torneo, no se repitió debido a sus costos. Con los años, la Conmebol hizo oficial ese certamen.

La fama de la Copa de Campeones de Europa, hoy Champions League, cuya primera final Real Madrid le ganó al Reims francés en 1956, representó un estímulo para los clubes sudamericanos. Pero hubo algo más: durante el Mundial de Suecia 1958 se llegó a hablar de un desafío entre combinados de Europa y América del Sur, o bien de sus respectivos campeones, según una muy completa investigación de los periodistas Atilio Garrido y Jorge Barraza, publicada en el libro del cincuentenario de la Copa Libertadores. Claro que ese plan enfrentaba un escollo: no había campeón sudamericano de clubes.

Ese año 58, dirigentes chilenos habían comenzado a manejar la propuesta de la Copa de Campeones Sudamericana. La tomó el brasileño José Ramos de Freitas, presidente de la Confederación, que realizó una gira para presentarla a los directivos locales.

En 1959 el proyecto comenzó a tomar forma. Se lo consideró en marzo, durante el Congreso de la Confederación de Buenos Aires, mientras se jugaba la Copa América. Y ya entonces los delegados uruguayos Saturno González, Washington Cataldi, Justino Carrere Sapriza y Juan Barbaruk se manifestaron en contra. El argumento era que el nuevo torneo afectaría la disputa de los Sudamericanos de selecciones, así como la actividad local.

Víctor Espárrago besa la Libertadores tras su conquista por Nacional en 1980.
Víctor Espárrago besa la Libertadores tras su conquista por Nacional en 1980.

Algo de razón tenían, porque durante los años 60 y 70 la Copa América perdió buena parte de su gravitación ante la popularidad de la Libertadores. Y en Uruguay, el nuevo certamen hizo girar la temporada doméstica en función de las campañas internacionales de Peñarol y Nacional. Pero aquellos dirigentes no advirtieron al principio la formidable atracción que representarían las luchas continentales de clubes, sobre todo para los hinchas tricolores y aurinegros.

El tema pasó al Congreso de Caracas, en agosto de 1959. Allí se aprobó la disputa de la Copa de Campeones. De los diez afiliados, solo Uruguay votó en contra (el delegado Luis Tróccoli insistió con el daño que sufriría la Copa América) y Venezuela se abstuvo.

De la misma forma, la prensa montevideana le dedicó poco espacio a la noticia, lo mismo que cuando un posterior Congreso en Santiago, a fines de agosto, avanzó en la organización del torneo. O cuando el Congreso de Guayaquil, simultáneo al Sudamericano Extra que ganó Uruguay en diciembre, completó los detalles.

A menudo se maneja que la competencia se llamó inicialmente Copa de Campeones y que años después pasó a ser la Libertadores de América. Pero ya en el congreso de Santiago se la denominó oficialmente así, en homenaje a los héroes de cada país.

En esos tiempos, antes de la construcción de la faraónica sede de Luque, la sede de la Confederación era un simple oficina en el país del cual era originario su presidente. Y como el presidente en aquel 1959 era uruguayo -el dirigente colorado Fermín Sorhueta- el viejo edificio de la AUF recibió las inscipciones para la edición inaugural, que tendría lugar en 1960 con los campeones de 1959.

El trofeo fue diseñado por el ingeniero italiano Alberto de Gasperi, funcionario de la empresa de platería Camusso de Lima, donde se lo confeccionó a fines de 1959. Luego de un par de bocetos rechazados, se adoptó el diseño coronado por un futbolista a punto de rematar, copiado de un trofeo que Camusso vendía para campeonatos escolares.

Aquella negativa uruguaya ya había quedado atrás. El primer partido del nuevo torneo fue Peñarol-Jorge Wilstermann, el 19 de abril en el Estadio Centenario, y Peñarol el primer campeón, el 19 de junio. Casualmente, en dos fechas patrias.

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