A 40 AÑOS DEL MUNDIALITO

Una constelación de estrellas en el verano montevideano de 1980

Fue un torneo con grandes partidos y extraordinarios jugadores, empezando por Diego Maradona

Waldemar Victorino
Waldemar Victorino, con un cabezazo en palomita, logra el segundo gol uruguayo ante Holanda.

El Estadio Centenario nunca asistió a una convención de estrellas del fútbol internacional como en la Copa de Oro 1980. Tal vez ni siquiera en el propio Mundial de 1930, teniendo en cuenta que entonces los mejores jugadores estaban casi todos en Uruguay y Argentina.

Los argentinos, por ejemplo, campeones del mundo vigentes, reunieron por primera vez a Mario Kempes, la figura del Mundial 78, con el ascendente astro Diego Maradona, que fue el futbolista de mayor cartel de todo el torneo. También vinieron Fillol, Passarella, Ramón Díaz, Ardiles, Luque, Gallego, Bertoni… Además, el técnico César Menotti tuvo a casi todo el plantel con semanas de anticipación para una buena preparación, que incluyó una serie de amistosos ante selecciones. Kempes fue titular ante Alemania pero se lesionó casi al comienzo y ya no pudo volver a jugar el torneo. 

Alemania (entonces Alemania Federal) vino con casi todos los campeones europeos del 80, encabezados por Karl Heinz Rummenigge, Balón de Oro ese año. Estuvieron el arquero Schumacher, Kaltz, Briegel, Hans Muller, Allofs, Bonhof, el grandote Hrubesch que definió con un cabezazo la final de la Eurocopa contra Bélgica...

Italia convocó a casi todos los futuros campeones mundiales de 1982: Cabrini, Tardelli, Scirea, Gentile Antognoni, Graziani, Conti, Altobelli… Faltó Paolo Rossi, suspendido por el escándalo de las apuestas clandestinas. El técnico Enzo Bearzot solo prefirió dar descanso al legendario arquero Dino Zoff, para probar a su suplente Ivano Bordon.

En Brasil brillaron Sócrates, Junior, Toninho Cerezo, Oscar, Luizinho, Batista, Paulo Isidoro, base del equipo que haría maravillas en España 82. Faltó Zico, lesionado en uno de los varios partidos preparatorios que hizo el seleccionado verdeamarillo, en tanto Falcao no fue cedido por Roma.

Holanda fue el equipo menos parecido al de sus antecedentes en el Mundial 78 y la Eurocopa 80, pues ya había comenzado un proceso de renovación, donde no abundaban los cracks de años anteriores. Sin embargo, estuvieron los célebres mellizos Willy y René Van de Kerkhof, con importantes actuaciones en el Mundial argentino. También Brandts y Peters, que jugaron en el 78, mientras que el arquero Doesburg estuvo en el plantel que viajó a Argentina pero no llegó a actuar.

Para viajar al Uruguay, los campeonatos de Alemania, Italia y Holanda hicieron una pausa. En el segundo semestre de 1980 comenzaron las eliminatorias para España 82, por lo cual todos los seleccionados se encontraban en rodaje.

 UN TORNEO APASIONANTE

El torneo se inauguró el 30 de diciembre de 1980 con Uruguay-Holanda. Luego de una ceremonia inaugural simple y breve, con actuaciones de gimnastas y la exhibición de una réplica gigante del trofeo, los celestes demostraron una clara superioridad sobre los entonces vicecampeones del mundo. Ya en el primer tiempo el resultado era el definitivo: 2-0, con goles de Ramos, al tomar un rebote, y Victorino, con un cabezazo en espectacular palomita.

El 1 de enero de 1981 Argentina y Alemania protagonizaron un encuentro electrizante. Ganaban los alemanes con un gol de Hrubesch desde el primer tiempo, pero los campeones del mundo vigentes lo dieron vuelta en los 10 minutos finales. El empate fue un gol en contra de Kaltz, al intentar despejar un cabezazo de Passarella. Casi en la hora, un pelotazo permitió que Ramón Díaz escapara de sus marca y convirtiera el segundo.

Uruguay definió anticipadamente su grupo al vencer 2-0 a Italia el 3 de enero. Fue un partido áspero, duro, con apretadas marcas italianas sobre los delanteros celestes. Hasta que Daniel Martínez fue derribado cuando entraba al área. El árbitro español Guruceta dio penal y lo convirtió Julio César Morales. Cerca del final lo liquidó Victorino con un golazo, bajando la pelota con el pecho y definiendo ante la salida del arquero Bordon.

Ya sin chances, Holanda e Italia igualaron el último partido de la serie 1-1.

El 4 de enero, Argentina y Brasil empataron 1-1. Maradona abrió la cuenta con un remate desde fuera del área pero pronto emparejó Edevaldo. Tras el final del encuentro algunos jugadores de ambos equipos se trenzaron en una breve pelea.

El finalista se definiría el 7 de enero con Brasil ante la ya eliminada Alemania. La verdeamarilla debía ganar por más de un gol de diferencia para superar a Argentina en el saldo de goles. Tras un primer tiempo en blanco, Allofs marcó para los campeones europeos. Pero a partir de allí Brasil fue muy superior ante unos germanos desmotivados (e incluso ya en tren de vacaciones en Montevideo). Cuatro goles, por Junior, Toninho Cerezo, Serginho y Zé Sergio rubricaron el triunfo.

En aquel momento se tomó el resultado como una pequeña venganza del 6-0 argentino a Perú en el Mundial 78, que dejó afuera a Brasil por diferencia de gol.

La FIFA tomó nota del “problema” del equipo ya eliminado que podía decidir un triangular y aplicó un reglamento especial para la segunda ronda de España 82.

Desde Brasil también se vio la final con Uruguay como una posible revancha de Maracaná 50, reflejo de la trascendencia que se le daba a la Copa de Oro. Y el partido del 10 de enero pareció seguir el libreto del Maracanazo, pero al revés: un gol del dueño de casa apenas iniciado el segundo tiempo (Barrios), el posterior empate visitante (Sócrates de penal). Pero a 10 minutos del final apareció nuevamente el oportunismo de Victorino para darle el triunfo a Uruguay, descartar cualquier revancha de Maracaná y desatar festejos en todo el país.

Diego Maradona
Diego Maradona, entonces de 20 años, en acción en el partido Argentina-Brasil.
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