Fútbol

Conquistador de Arabia

Era medianoche en Riad, Arabia Saudita. Fabián Estoyanoff intentaba instalar un programa para pasar la señal de "Roja Directa", el sitio web por el que puede ver los partidos de Peñarol, al televisor.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Una de las cosas que más extraña el "Lolo" es ir a pescar. Foto: Archivo El País

"Que voy a estar durmiendo, acá por el calor que hace, todo cierra tarde. Los comercios y los shoppings están abiertos hasta las 12 de la noche", aclara el "Lolo" y suena entusiasmado, a pesar de que le costó mucho volver a salir. Se había prometido no volver al exterior cuando terminó antes de tiempo su contrato con el Pianonios griego para regresar a Peñarol.

Fanático aurinegro, al extremo de tatuarse la locomotora, esperó hasta último momento, rechazando ofertas de afuera y del medio, por si le renovaban el contrato. Cuando se concretó el retorno de Urretaviscaya, recién le dio el sí al "Polilla" Jorge Da Silva, que lo quería a toda costa en su equipo, Al Nassr árabe.

"Acá no hay mucho que hacer, dedicarte al fútbol y vivir para el fútbol. No hay en qué distraerse, pero bueno, para eso vine. Y como está el Polilla, el Profe, Odine y el hijo del Polilla, la llevo bastante bien", relató desde el barrio privado en el que vive y donde tiene al resto de los uruguayos como vecinos.

A sus pocas ganas de volver a alejarse de Uruguay se sumaba el lógico temor a enfrentarse a una cultura muy diferente, pero los árabes lo conquistaron desde el día que llegó. "Me sorprendió mucho que hubiera como dos mil personas esperándome en el aeropuerto. No esperaba que me conocieran, sobre todo porque estamos del otro lado del mundo. Tenían fotos mías hasta de cuando jugaba en Valencia, en Deportivo La Coruña y también de la selección y de Peñarol. Me hacían firmarles esas fotos. Se ve que las habían buscado en Internet y las imprimieron. Me tuvieron que sacar con la policía y les pedía que no los corrieran. Fue algo muy lindo", contó.

"No me imaginaba como era esto acá, creí que iba a ser todo mucho más difícil. Ya la llegada me sorprendió. Además, me está yendo bien en lo deportivo y eso también es bueno. Jugué tres partidos de los que ganamos dos y empatamos el otro. Estamos primeros, a nueve puntos del segundo y a 12 del tercero. Son todas cosas que te dejan contento. Al Nassr es un equipo grande que aspira siempre a salir campeón", explicó "Lolo".

Amague.

A pesar de que sólo ha jugado tres partidos, no le ha costado adaptarse al fútbol árabe. "Es muy fuerte, con jugadores que van fuerte a la pelota. Son algo brutos y quizás tienen un poco de inocencia. Al menos no tienen la picardía que tenemos nosotros. Les hacés una amague, de esos que en Uruguay te lo adivinan, acá no. En algunas cosas son ingenuos, pero no paran de correr en todo el partido y presionan en todas las líneas", contó el refuerzo del Al Nassr. "Creo que por la manera de jugar mía en velocidad puedo andar muy bien acá", añadió.

El cariño que los hinchas le demostraron en la llegada se repitió en el estadio, desde el primer partido. "La primera vez que jugué acá en casa todo el estadio coreó mi nombre".

"Lolo" firmó contrato por seis meses, pero en realidad el torneo termina dentro de cuatro. Y como también juegan la Copa Asia, pasa mucho tiempo concentrado. De todas maneras su familia irá a visitarlo, para hacerle más corta la estadía. Sus hijos aún son pequeños, Santiago tiene cinco años y Agustín dos y medio, por lo tanto no tendrán inconvenientes para ir de visita. "Cuando vengan voy a tener que ir a buscarlos al aeropuerto para llevarle a mi mujer y a mi madre las túnicas que se usan acá para taparse las mujeres. Porque si te llega a agarrar en la calle la Policía de Religión, podés tener problemas, por más que seas extranjero. Tienen que cubrirse el pelo, la cara y las manos. No es fácil para una mujer estar acá. No pueden salir del barrio privado si no van conmigo, por ejemplo. Eso, lo de la mujer, es lo que más me sorprendió. Sólo se les ven los ojos y hay un gran respeto, no se puede mirar a las mujeres", relató.

Una de las primeras veces que fue al shopping no pudo entrar. "Hay días en que sólo se puede entrar con la familia o con tu pareja, solo no te dejan entrar. Y otra vez estaba en el supermercado y cerraron las puertas porque era la hora del rezo. Pasa cinco veces al día y no podés salir hasta que no terminen de rezar. Yo no sabía qué hacer. Lo mismo pasa con los compañeros en el vestuario, que de repente vamos a salir a la cancha y se arrodillan a rezar. Yo los respeto. Y hasta los admiro porque rezan cinco veces al día y lo hacen convencidos. No sé si yo lo haría".

El Príncipe juntó a todo el plantel y puso de ejemplo a Estoyanoff

"Se ve que le caí bien al Príncipe", dice Estoyanoff, refiriéndose a Faisal Bin Turki, el presidente del club. "Lo veo siempre porque va a todos los entrenamientos, creo que le caí bien porque le gusta mi juego y además por mi manera de ser", agrega.

Pero hubo un hecho que marcó la relación del Príncipe con el uruguayo. El "Lolo" estuvo en duda para el primer partido porque tuvieron que operarlo de una fístula. En Uruguay nunca había tenido ningún problema, pero le explicaron que seguramente se debía al estrés del viaje, y a la comida árabe que es bastante picante.

El médico le dijo que debía quedarse internado tres días después de la operación y él le respondió que al otro día debutaba en el Al Nassr. El médico insistía que no podía irse, y Estoyanoff que sí. "Ya me operaste, me sacaste la fístula y me diste anestesia local, así que yo mañana juego", le dijo el "Lolo".

El galeno le explicó que le podía venir una hemorragia y que además, no iba a poder jugar por el dolor. Pero nada lo hacía cambiar de opinión. Al día siguiente jugaban en otra ciudad, a dos horas de Riad y "Lolo" viajó. Fue su debut, entró cuando el partido estaba 2 a 1 y ganaron 4 a 1 con dos asistencias suyas. Cuando se fue a bañar comenzó a sangrar. Llamó al médico, quien no podía creer que hubiera jugado.

"Cuando volvimos a Riad, el Príncipe llamó a una reunión con todo el plantel y les contó lo que había hecho. Dijo que esos eran los jugadores que quería en el equipo. Con ese temperamento", confesó a Ovación.

Al encuentro siguiente empataron, pero Estoyanoff jugó muy bien. Tras el partido estaba en su casa y lo llamaron para avisarle que lo esperaban en la puerta del barrio privado. Era un emisario del príncipe que le mandaba un obsequio. "Ya antes de venirme le pedía cosas y más cosas, como para que me dijera que no, porque no quería venir y a todo me decía que sí. No lo podía creer. Por eso tomé la decisión de venir, algo decía que mi destino era este. Que tenía que venir", finalizó.

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