ESPECIAL DE NACIONAL

Una conquista inolvidable

Los tricolores celebran este viernes los 30 años del título de la Copa Libertadores de 1988 de la mano de Roberto Fleitas. 

Nacional
El capitán Hugo De León levantando el trofeo de la Libertadores. FOTO: Archivo El País. 

El Estadio Centenario era una caldera. No entraba un alfiler. Nacional estaba a un partido de coronarse como Rey de América y el público respondió. Los tricolores jugaron uno de los encuentros más inolvidables de su historia y literalmente le pasaron por arriba a Newell’s de Rosario. Fue 3-0. El árbitro pitó el final del alargue y las lágrimas empezaron a caer. ¡Nacional era otra vez campeón de América!

Algo impensado en el inicio de la temporada. Con un equipo que se fue armando con el paso de los partidos y un plantel reducido para lo que era jugar doble actividad, teniendo en cuenta también el Campeonato Uruguayo, donde Nacional no tuvo un buen año. Pero qué importaba si era campeón de América contra todos los pronósticos de los especialistas.

Nacional
El Estadio Centenario explotó esa noche del 26 de octubre. FOTO: Archivo El País. 


En la serie se debía enfrentar a Montevideo Wanderers, América de Cali y Millonarios de Bogotá. Una serie que aparecía en lo previo como sumamente pareja. En esa edición de la Copa, solamente eran dos los equipos que avanzaban a la segunda fase.

El 29 de junio de 1988 Nacional salió a la cancha por primera vez en esa Copa Libertadores. Era contra los bohemios, acostumbrados a jugar la Libertadores en una década de buenos resultados.

Fue empate a cero en una noche gélida. Ese primer equipo de los conducidos por Roberto Fleitas formó con Jorge Seré, Tony Gómez, Martín Lasarte, Felipe Revelez (que había llegado para esta temporada), Pintos Saldanha, Santiago Ostolaza, Yubert Lemos, William Castro, Ernesto Vargas, Juan Carlos De Lima (otra incorporación) y Sergio Olivera.

En la doble fecha como local contra los equipos colombianos es que empieza a tomar color la clasificación a la siguiente fase.

Primero fue 2-0 a América de Cali gracias a los goles de Revelez y Vargas y luego hubo una gran presentación frente a Millonarios 4-1, triunfo que se gestó gracias a los tantos de Lemos, Cardacio y el “Pato” Castro, que en esa Copa jugó habitualmente como atacante por izquierda en un 4-3-3.

Los fanáticos de Nacional se fueron entusiasmando con la campaña. La expectativa que no había al principio se fue generando y empezó una sinergía entre el plantel y los hinchas.

Con gol de Morán, Nacional venció a Wanderers 1-0 en un Centenario con 41.000 espectadores y prácticamente que abrochó el boleto a la siguiente instancia.

Ahí llegó el momento de viajar a Colombia. Un duro revés fue la derrota 6-1 ante Millonarios en Bogotá, en un encuentro donde Nacional ya se sentía clasificado.

El 0-0 contra América cerró la fase de grupos, en una jornada donde Juan Carlos De Lima desperdició un tiro penal.

Nacional dejó por el camino a Universidad Católica en los octavos de final (1-1 y 0-0) y se topó con Newell’s Old Boys en los cuartos de final. Otra llave extremadamente pareja, que tras el 1-1 en Rosario (De Lima), los albos supieron ganar 2-1 en casa (Ostolaza, Lemos) para jugar las semis.

Un preciso centro de Carlos Soca terminó con otro gol de Lemos para el trabajado 1-0 a América de Cali en el Centenario, en el primer partido semifinal.

En la ciudad caleña fue quizás el partido más difícil de los tricolores, en un ambiente hostil, donde los colombianos hicieron de todo para sacar de foco a los uruguayos. No lo lograron. Fue 1-1 (De Lima) y Nacional a la final.

Otra vez un rival conocido: Newell’s. Los argentinos vencieron 1-0 en Rosario, pero no pudieron sobrellevar el juego de los tricolores en la vuelta: 3-0 en un partidazo, donde igual se jugó alargue por la regla que existía en la Copa en ese momento. Vargas, Ostolaza y De León marcaron en esa inolvidable noche del 26 de octubre.

Nacional
Tremenda captura en el momento exacto de uno de los goles. FOTO: Archivo El País.

Entrevista a William Castro: "Era un equipo muy solidario"

El popular “Pato” era uno de los habituales titulares, jugando como puntero izquierdo en un 4-3-3. Habla de la consagración del 88’, de lo bien que le hizo al equipo la llegada de Hugo De León y de todo lo que tuvieron que vivir en Cali, cuando se dieron cuenta que podían ser campeones.

Castro
El "Pato" Castro vive actualmente en La Teja y trabaja en una empresa de seguridad.
FOTO: Marcelo Bonjour.

-A 30 años de haber ganado la Copa Libertadores, mirás para atrás y ¿qué sentís?

-Cada vez que pasan los años uno lo va valorando mucho más. En esa época uno no tomaba dimensión de lo que significaba ser campeón de América y del mundo. Yo miro algunos partidos de la campaña con mis hijos cada tanto y me emociono. Poderlo revivir ya con cierta edad me genera un recuerdo muy lindo y que es para siempre.

-En esa temporada pasaste por varios puestos y en la Copa te convertiste en un gran asistidor...

-En la Libertadores le hice un gol a Millonarios, pero hice casi que diez pases de gol. Mi promedio por temporada era hacer cinco o seis goles y si me pongo a analizar el 99% de mis goles fueron de tiro libre. En la última final me hicieron el penal para el tercer gol y participé en los otros dos. En la Copa jugaba siempre como puntero izquierdo, pero en el Uruguayo jugaba de lateral izquierdo. Y en la Supercopa jugué como centrodelantero porque todavía no había venido Carlitos De Lima. Le hice dos goles a Flamengo en Maracaná y es uno de los recuerdos más lindos que tengo como jugador.

-En la previa a la Libertadores, ¿qué objetivos tenían?

-Por lo menos pasar la primera fase. Se logró, y después era el mano a mano. Pienso que con la llegada de Hugo De León el equipo se afirmó más, por la experiencia que aportó. Felipe (Revelez) jugando con un Hugo se transformó en un jugadorazo. Un tipo con un temperamento brutal, y Hugo ordenaba mucho la defensa. De ahí en adelante el equipo tomó más confianza. En semifinales con América, que empatamos allá, dijimos ‘esta Libertadores no se nos puede escapar”. Nos dimos cuenta que éramos los campeones.

-¿Por qué ahí?

-Habíamos ganado 1-0 en Montevideo y en ese partido de vuelta pasó de todo. Sacamos el resultado faltando poco. Entre nosotros hablamos que estábamos a un paso de salir campeones y que lo podíamos lograr.

-¿Qué pasó en ese partido?

-De todo. No nos dejaron dormir en toda la noche, nos metieron mujeres en el hotel, ellas nos tocaban la puerta, pero nadie abría. Gracias a Dios el equipo estaba muy concentrado, era un equipo muy profesional y creo que fue uno de los motivos importantísimos que tuvo ese plantel. Había como 20 militares en el piso que estábamos, nos protegían. No teníamos miedo a un atentado ni a la comida, porque Nacional llevó su propio cocinero.

-Afuera de la cancha, ¿cómo era Hugo De León?

-Un crack, como el ‘Vasco’ (Ostolaza). Éramos un grupo muy unido y mirá que éramos un plantel de 20 jugadores. No era un plantel grande, pero cada uno tenía un propósito en la cancha. Teníamos un técnico muy capaz, que me enseñó muchísimo. Roberto (Fleitas) te aportaba confianza, un tipo que tanto de local como de visitante nunca cambió el equipo.

-¿Cuáles fueron las grandes virtudes de ese plantel, más allá de la unión?


-Las ganas, la garra, la virtud de jugar simple, de no complicarse. Cuando había que luchar, se luchaba, cuando había que pegarle afuera, se pegaba. Era un equipo muy solidario en ese sentido.

-¿Cómo vivieron el día del 3-0 a Newell’s en la final?

-Ese día jugamos tan bien... Tuvimos 10 oportunidades de gol, metimos tres; los maniatamos desde el primer minuto hasta el final del alargue. Ellos no tuvieron reacción, dominamos todo el partido. Mucha gente dice que nunca había visto un partido con un equipo tan dominante como Nacional ese día.

-¿Qué expectativas tenían para la final del mundo?

-Después venía la frutilla de la torta que era ganar la Copa Intercontinental. Jugamos con un rival que creo que un jugador de ellos valía más que todo el plantel de Nacional. PSV tenía una selección, nosotros íbamos de punto, pero éramos un plantel humilde, sacrificado y que sabía lo que tenía que hacer adentro del campo de juego.

PERFIL
Castro
Se formó en el papal

William “Pato” Castro nació en Mercedes el 22 de mayo de 1962. Se formó en Bella Vista, donde debutó en Primera, y después pasó por Gimnasia de la Plata, Nacional, Cruz Azul, Peñarol, Universitario de Perú, Progreso, Liverpool, Punta del Este hasta que se retiró en Miramar en 1998. Con la selección jugó el Mundial de Italia 1990. Tiene dos hijos varones (29 y 24 años) y una nieta de un año. Además, hace un año que trabaja en una empresa de respuesta de alarmas. Fue técnico algunos años, pero ahora no quiere saber nada con el fútbol.

Una historia diferente.

Nacional
FOTO: Archivo El País.
flavio alles

El sueño del pibe

El niño que vio el alargue en el banco junto a su padre

¿Qué fanático del fútbol no sueña con ver la final de la Libertadores del equipo que es hincha adentro de la cancha? ¿O de dar la vuelta olímpica con el plantel y la copa? Eso fue lo que le sucedió a Flavio Alles. Claro, él tenía un vinculo directo que le permitió que las cosas se le facilitaran cuando apenas tenía ocho años en 1988.

Flavio es el hijo de Mario Alles, el arquero que esa temporada fue el suplente de Jorge Seré en la consagración en la Copa Libertadores.

“Yo en esa época jugaba en Nacional al baby fútbol y ese día tenía puesto el uniforme deportivo del club. Me acuerdo que el estadio explotaba salado. Fui con mi familia y con un amigo de mi viejo. Porque mi viejo jugó en Argentinos Juniors, con Diego Maradona y ahí se hizo amigo de una persona que es como un tío para mí y que es el padrino de mi hijo. Se llama Héctor Pérez. Él, que siempre vio la popularidad del fútbol en Argentina, me dijo que nunca había visto un estadio así”, cuenta Flavio Alles.

Alles
Alles sobresale atrás arriba de su padre, cuando De León ya tenía el trofeo. FOTO: Nacional. 




Además de ser el hijo de Mario (que hasta hace dos años entrenó a los arqueros en Defensor Sporting y que ahora está jubilado), es el hermano del delantero Gustavo Alles y el primo y padrino de Maximiliano Villa, el lateral derecho que integra el plantel principal y juega en la Tercera tricolor.

¿Cómo hizo para terminar de ver la final contra Newell’s en el banco de suplentes? “Lo cuento y todavía no lo puedo creer... Yo estaba en la Platea América. Mi viejo en la semana me había dicho que si Nacional salía campeón de América yo iba a dar la vuelta con él, me lo había prometido. Mi tío argentino me agarró aúpa cuando íbamos 3-0 y mi viejo desde el banco, con la canaleta de por medio, me intentó pasar por arriba. Ahí fue cuando tuvo lío con la Policía. Me contó que no me dejaban pasar para adentro de la cancha, pero mi viejo, con la euforia que había, se metió y dijo ‘¡no! ¡Este pasa!’. Creo que los intimidó y lo logró, je. Me pasaron aúpa para el banco de suplentes y ¡el partido todavía se estaba jugando! Me pasaron cuando se estaba jugando el alargue. Hay que acordarse que se jugó la final en Rosario, que perdimos 1-0, luego la final en Montevideo, que ganamos 3-0, y antes en la Copa se jugaba un tercer partido, pero justo ese año cambió la modalidad y se jugaba un alargue. ¡Terminé viendo la final de América desde el banco de suplentes con los jugadores! Eso no me lo olvido nunca más, fue impresionante, impagable”.

Pese a los ocho años que apenas tenía, Alles tiene muy presente todo lo que sucedió en aquella noche que mostró un Centenario de algarabía.

“Di la vuelta aúpa de mi viejo. Imaginate, él mide 1.90 y arriba de él salí en todas las fotos, je. Si había algo que sobresalía, ese algo era yo”, recuerda. Es que días atrás hubo una foto (arriba, a la derecha) que se hizo viral en Twitter, donde aparece Hugo De León levantando el trofeo y él en hombros de su padre, sobresaliendo entre los jugadores.

También contó cómo fueron los festejos más íntimos de esa noche: “Cuando terminaron los festejos con los hinchas salimos a festejar en el auto de mis viejos hasta altas horas de la noche y después recuerdo que fuimos al restaurante del ‘Pinocho’ Vargas, cerca de Canal 5. Ahí fue el festejo íntimo de jugadores y personalidades. Me acuerdo que estaba ‘Cacho’ De la Cruz, je. Yo miraba mucho ‘Cacho Bochinche’ por ese entonces y estaba loco de la vida. Tengo claro que como esa noche no voy a vivir nunca más una igual”.

Seguramente cada hincha tenga su historia, su recuerdo, de una noche que fue sensacional para los tricolores.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)