FÚTBOL

De qué color es el corazón deportivo de los famosos

De la realeza a los políticos, los músicos y los actores, un repaso a los hinchas que también son celebridades internacionales: la pasión por el fútbol iguala a todos.

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Detrás de un rostro conocido de la pantalla o una voz reconocible en una canción de moda suele haber un corazón que late por un equipo. Se trata de pasiones que igualan a los famosos y al público común. Por ejemplo, en Argentina se sabe que Charly García, Palito Ortega, Guillermo Vilas, Maxi Ginobili y el expresidente Carlos Menem son fanas de River, en tanto Alejandro Dolina, Adrián Suar, Juan Martín del Potro, Roberto Giordano y el actual presidente Mauricio Macri son de Boca. Apoyan a San Lorenzo el Papa Francisco, Viggo Mortensen, Susana Giménez y Marcelo Tinelli. De Independiente son Pablo Echarri y Andrés Calamaro. De Racing, Diego Capusotto, Guillermo Francella, Mirtha Legrand y Graciela Alfano. Y Fito Páez sigue a Rosario Central.

Nadie es ajeno al fútbol en Brasil, por supuesto: la presentadora infantil Xuxa es de Flamengo, el músico Chico Buarque de Fluminense, la actriz Sonia Braga y el expiloto de Fórmula 1 Nelson Piquet de Vasco da Gama. De Corinthians son los excorredores de Fórmula 1 Emerson Fittipaldi y Rubens Barrichello, el actor Antonio Fagundes y el expresidente Lula. Los actores Lima Duarte y Toni Ramos son del San Pablo, en tanto el cantante Roberto Carlos es torcedor de Palmeiras. La expresidenta Dilma Rousseff es de Atlético Mineiro y el músico Gilberto Gil de Gremio. Vitoria de Bahia, en tanto, es el cuadro de tres músicos: Gal Costa, Caetano Veloso y María Bethania.

El fútbol separa a tres figuras de la canción española: Joan Manuel Serrat es fanático del Barcelona, Julio Iglesias sigue al Real Madrid (y llegó a jugar en juveniles) y Joaquín Sabina es del Atlético Madrid. El exciclista Miguel Indurain es del Barça, en tanto el tenista Rafael Nadal es madridista. Cuando tenía siete años y era príncipe, el hoy rey Felipe dijo ser del Atlético Madrid.

No solo la política enfrenta al actual presidente francés François Hollande con su antecesor Nicolas Sarkozy: aquel es del Mónaco y del parisino Red Star, este es del Paris Saint Germain. En Italia, el cantante Eros Ramazzoti es de Juventus, igual que la presentadora Raffaella Carrá. El tenor Andrea Bocelli es tifoso del Inter y la actriz Mónica Bellucci de Roma.

En Inglaterra las preferencias están bien repartidas. Del Liverpool son los actores Daniel Craig (el agente 007) y Mike Myers. Su colega Michael Caine es del Chelsea, en tanto Christian Bale del Bournemouth y Jude Law del Tottenham. Del Newcastle United son el exprimer ministro Tony Blair y el músico Sting. El gran Paul MacCartney es hincha de Everton, el otro club de Liverpool, aunque los conocedores aseguran que ninguno de los Beatles era muy futbolero. El músico Noel Gallagher es del Manchester City, en tanto del United son el golfista Rory McIlroy y el boxeador Floyd Mayweather. En la familia real también hay divisiones. El príncipe Harry es de Arsenal, su hermano William de Aston Villa y su padre Carlos, del modesto Burnley. Se afirma que la reina Isabel hincha por Arsenal pero no hay pruebas de ello.

Los astros de Hollywood saben poco de fútbol, pero siguen otros deportes. En fútbol americano, hay fanáticos como Brad Pitt (New Orleans Saints), George Clooney (Cincinnati Bengals), Jennifer Garner (San Francisco 49ers) o Adam Sandler (New York Jets). Entre los políticos, Donald Trump es de Buffalo Bills y Barack Obama de Chicago Bears. En la NBA, Jack Nicholson es fanático de los Lakers, Billy Cristal de los Clippers, Samuel L. Jackson de los Spurs y Will Smith de los 76ers.

¿Y los personajes históricos? Winston Churchill era del Milwall, un equpo chico de Londres. John Kennedy, seguidor de los Boston Red Sox en béisbol. Benito Mussolini, del Bologna y Lazio. ¿Y Hitler? Una nota del Times de Londres lo presentó como hincha del Schalke 04. Pero los directivos de este club reaccionaron enojados, señalando que no tenían nada que ver con el líder nazi. E historiadores alemanes concluyeron que en realidad a Hitler no le gustaba el fútbol. Queda entonces salvado el honor del deporte más popular.

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