HACIENDO HISTORIA

"Cococho": A 50 años de su gran homenaje ante América

En 1969 Nacional tributó un inédito reconocimiento a Emilio Álvarez por sus diez años de adhesión a la causa: fue un partido ante el Resto de América

El saludo previo de los capitanes: Emilio Álvarez por Nacional y el famoso mediocampista argentino Antonio Rattin por la selección de América.
El saludo previo de los capitanes: Emilio Álvarez por Nacional y el famoso mediocampista argentino Antonio Rattin por la selección de América. Foto: Archivo El País

Los hinchas reconocen al crack que gana partidos y campeonatos, pero también (y quizás con mayor aprecio) al jugador que deja todo por su equipo y demuestra una inquebrantable lealtad. Hace 50 años, precisamente, se realizó un homenaje a un futbolista que se convirtió en símbolo de su club durante una década.

El 10 de diciembre de 1969, Emilio “Cococho” Álvarez recibió por parte de Nacional un reconocimiento inédito, acaso único, para un jugador en actividad. Acababa de batir el récord de partidos jugados con la camiseta tricolor (437), superando al legendario goleador Atilio García (en su carrera llegaría a los 511 encuentros). Y para eso se organizó un partido con un “equipo internacional”, que hoy podría llamarse Resto de América, ante 40.000 personas en el Estadio Centenario.

Los invitados extranjeros, que vistieron la camiseta roja de alternativa de Nacional (sobre cuyo escudo se colocó el mapa sudamericano), jugaron con el argentino Roma en el arco, la defensa con el paraguayo Bobadilla, el chileno Quintano, el argentino Gallo y el paraguayo Ivaldi; en el medio el argentino Rattin, el peruano Mifflin y el argentino Willington; adelante el boliviano Blacutt, el argentino Daniel Onega y el chileno Fouilloux. En su mayoría, nombres de primera línea.

Por Nacional, que ya había formado un gran equipo, empezaron Manga, Anchetta, “Cococho”, Ubiña, Montero Castillo, Brunell, Cubilla, Prieto, Artime, Celio y Morales. Luego se realizaron numerosos cambios.

Se impuso el tricolor 4 a 0, con dos goles de Morales, uno de Celio y el último en contra de Bobadilla. Sin embargo, el resultado e incluso el partido fueron anécdotas. Lo que quedó fueron los homenajes: de la directiva, de sus compañeros de ese momento y del pasado, de los reporteros gráficos, de Peñarol, de las estrellas invitadas, del cuerpo técnico de la Selección (encabezado entonces por Juan Eduardo Hohberg), de la OFI y hasta de su club infantil, el Ciclón del Cerrito. Los dos equipos ingresaron a la cancha con una bandera uruguaya y formaron una doble fila, mientras él esperaba sentado en la escalera del túnel. Cuando lo anunciaron, subió los últimos escalones bajo una gran ovación.

“Es el premio a la adhesión, la honradez, la sencillez y la bondad”, dijo el presidente tricolor Miguel Restuccia por los altoparlantes del Estadio. “Cococho”, que acostumbraba a hablar poco, comentó: “Estos días han sido lo más grandioso para mí” (la noche anterior había sido protagonista de un programa especial de Canal 12).

¿Quién era “Cococho” y cómo jugaba? Nacido en el Cerrito de la Victoria en 1939, ingresó a las inferiores del club en 1954 y llegó a primera a fines de esa década. Pasó por varios puestos de la defensa, pero se ganó la titularidad como zaguero izquierdo durante los siguientes diez años. Formó un famoso triángulo final con Roberto Sosa y Jorge Manicera, aunque compartió zaga también con Horacio Troche y Atilio Ancheta, entre otros.

Era un moreno zurdo, alto, de piernas flacas y largas, que parecían juntarse en las rodillas. Pese a ello, se movía en la cancha con elegancia. Y esas piernas alcanzaban siempre la pelota, aunque fuera el último hombre solo ante el avance rival. Por ejemplo, en la segunda final por la Copa Libertadores de 1964, cuando se debatió contra los delanteros de Independiente en Avellaneda. También dominaba el juego aéreo como pocos.

En octubre de 1963 fue convocado para integrar el seleccionado del Resto del Mundo que iba a disputar un amistoso contra Inglaterra en Wembley por el centenario de la creación de la Football Association. Pero él prefirió quedarse a defender a Nacional, que peleaba por conquistar el Uruguayo después de cinco años. Por eso se ganó el apodo de “Mr. Wembley”. El de 1963 fue precisamente su primer título, y lo siguieron los de 1966, 1969 y 1970. Además, defendió la Celeste en el Mundial de Chile 1962.

Sin embargo, nada es para siempre. A mediados de 1970 llegó Washington Etchamendi para dirigir a Nacional. Y pronto decidió prescindir de “Cococho”. Luego del clásico de la primera rueda del Uruguayo, el técnico le otorgó licencia, una forma más o menos disimulada de dejarlo afuera del equipo. Ya no volvió a jugar por el club.

Pero el hincha no lo olvidó: en diciembre de ese año, el tricolor celebró el bicampeonato uruguayo con un amistoso ante Ferencvaros de Hungría en el Estadio Centenario. Los jugadores fueron presentados uno por uno para recibir la banda de campeón, y la mayor ovación se la llevó justo “Cococho”.

En enero de 1971 quedó libre, tuvo ofertas de varios clubes locales y extranjeros y eligió la de Sud América. Allí estuvo junto a otra vieja gloria, Juan Joya, a su vez “descartado” de Peñarol. El equipo buzón estaba armando una especie de “equipo espectáculo” que llamó la atención, pero al final no hizo buena campaña.

Un año más tarde pasó al fútbol venezolano, donde se retiró. Vivió casi dos décadas más en aquel país, hasta que regresó al país. Lo trajo Atilio Cazajoús, el propietario de Cymaco Repuestos. También Nacional le dio un empleo, pues en su época de esplendor no se ganaban fortunas. Falleció en 2010, a los 71 años.

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