RAMPLA JUNIORS

Clasificó a la Copa y da clase en la cárcel

Odriozola le dicta contabilidad a los privados de libertad.

Rodrigo Odriozola junto a su familia.
Rodrigo Odriozola junto a su familia.

Rodrigo Odriozola, el arquero de Rampla Juniors que clasificó a la Copa Sudamericana, cursa facultad de Economía y da clases de contabilidad en la cárcel de Juan Soler, un establecimiento penitenciario ubicado en la ruta 11 a pocos kilómetros de San José, donde vive.

En la cárcel de Soler donde hay poco más de un centenar de personas privadas de libertad, en su gran mayoría jóvenes, se trabaja y se estudia. Ambas cosas son importantes para el INR (Instituto Nacional de Rehabilitación). Odriozola va dos veces por semana a dictar clases de contabilidad. Lo hace tras haber salido de su casa a las 6:30 horas para trasladarse en ómnibus a Montevideo y entrenar con el equipo picapiedra. Ese dirigido por el “Ronco” Luis López, que hizo una gran campaña y que terminó con la clasificación a la Copa Sudamericana.

“Presenté una carpeta de méritos y la inspección de contabilidad la aceptó. Estaban estas horas vacantes en la cárcel de Juan Soler. Es un convenio que tiene el INR con Secundaria, que brinda educación en un contexto de encierro”, explicó Rodrigo.

“Los PPL (personas privadas de libertad, como les llaman) salen de los celdarios y van al sector educativo donde se dan las clases. Es mi primera experiencia dando clase y hemos ido aprendiendo juntos. Al principio, yo tenía una cantidad de inseguridades, más en el contexto en que me tocaba dar clases. En el camino aprendí un montón de ellos y espero que ellos hayan aprendido de mí”, agregó quien también ha ido al penal de Libertad a tomar exámenes donde notó que el ambiente es diferente, más complicado.

Tiene solamente tres alumnos, porque no son muchos los que ya tienen estudios avanzados de Secundaria entre los reclusos. “No tengo vínculos afectivos con ellos. La relación es supercordial y son muy respetuosos. No les pregunto mucho porque pienso que de repente no tienen ganas de contar muchas cosas. A veces se abren un poco, pero yo no estoy para preguntarles sino para enseñarles contabilidad. Hay gente más calificada que yo para hablar de ciertas cosas, pero cuando alguien tiene ganas de hablar, obvio que uno presta la oreja”, contó.

Que el profesor de contabilidad sea arquero, no le sorprende a los reclusos. “Lo toman con naturalidad. Por ahí me dicen que me vieron o me comentan si anduve bien o mal, comentarios de fútbol, como los que se hacen en cualquier otro lado nomás”.

Rodrigo va haciendo la carrera de a poco. Como puede. “Arranqué hace poco, yo estudio en casa, consigo los libros. No puedo ir a clase, voy muy de vez en cuando. Estudio solo y voy dando los exámenes. No puedo hacer la carrera como una persona que está dedicada solamente a eso. De repente, por eso valoro mucho cada vez que salvo un examen y lo que espero es que cuando me tenga que dedicar solo a eso ya tenga la carrera bastante avanzada y con la menor cantidad de materias por salvar”, relató el arquero quien defendió diez camisetas en su carrera. Y no duda en afirmar que lo de este año con Rampla fue lo mejor.

El consejo. “Disfruté mucho este año. Uno cuando es jugador de fútbol siempre se está preguntando que va a pasar dentro de seis meses. Que tenés que andar bien para irte o para renovar contrato. Y en una de esas charlas profundas que he tenido con mi mujer ella me dijo por qué en lugar de estar siempre pensando en lo que iba a hacer después no me dedicaba a disfrutar el presente. Y tenía razón. Me lo propuse y disfruté de cada momento. Y del rol que tuve dentro del equipo, tratando de aportarle siempre a los compañeros”, afirmó.

“En principio el objetivo era mantener la categoría, pero a medida que fue pasando el campeonato, el objetivo fue cambiando. Después que conseguimos el primero, la Sudamericana estaba muy cerca. El saldo fue muy positivo”, añadió quien llegó al club de la mano del “Ronco” López tras una mala experiencia en Colombia.

“Esto de Rampla fue lo mejor de mi carrera deportiva. Y se lo dije a mis compañeros. En el fútbol a veces son más los fracasos que los éxitos, o uno se acostumbra que los momentos no siempre son buenos. Por eso, alcanzar algo impensable como lo que conseguimos con Rampla, algo histórico para el club, fue como vivir en el cielo. Nadie pensaba que lo podíamos lograr. Formamos un grupo muy bueno y lo que logramos nos llena de orgullo”.

Aseguró que hay cosas de su carrera que no volvería a hacer. O al menos le hubiera gustado razonar como lo hace ahora, con 29 años, cuando tenía 18. Lo que obviamente nunca es fácil. “No me arrepiento de nada, porque todo es experiencia, pero no haría cosas que en su momento hice. Me manejaría de una forma diferentes dentro de los planteles, pensaría diferente, razonaría diferente. Si uno tuviera la experiencia de hoy a los 18, actuaría diferente y tomaría decisiones diferentes. Le daría mucho más al fútbol, sería mucho más profesional a una edad en que la profesión puede ser mucho más explosiva”, reconoció quien tuvo un papel importante en el Movimiento Más Unidos Que Nunca.

“Por ejemplo, hoy no sé si me iría a Irán, no iría a un lugar tan exótico con una niña pequeña”, contó. “Salvo que la diferencia económica pesara mucho en la balanza”.

Isabel. Nació en Durazno, pero vive en San José porque se casó con Agustina, una maragata a quien conoce desde niño, porque es prima de unos primos suyos. “Me gusta San José, además está más cerca de la capital, pero para mi no hay como Durazno”, dijo riendo. “Tuve una niñez muy sana, con muchos amigos. Vivía en la ciudad, pero como mi padre trabajaba en una empresa de negocios rurales íbamos mucho al campo. Yo lo acompañaba. Me gusta mucho”, relató.

“Generalmente voy a entrenar en ómnibus, aprovecho a dormir y además es mucho más barato. El ómnibus sale 6:30 de San José, después cuando vuelvo, como algo y me voy a dar clase. Luego, a las cinco y cuarto sale mi hija de la escuelita y la voy a buscar. Mi mujer trabaja hasta las siete, pero es odontóloga y tiene el consultorio al lado de casa. No demora mucho en volver del trabajo”, explicó sobre Isabel, su hija de dos años.

Presidenta. Isabel Peña es la presidente de Rampla. Rodrigo la respeta y la aprecia. “Soy de las personas que cree en la igualdad de géneros y que una mujer es tan capaz como un hombre de hacer cosas. Y de alcanzar la presidencia de un país y de un club. Obvio que en un ambiente tan machista como el fútbol, no resulta fácil, pero las cosas han cambiado. Lo veo como algo natural. Son cosas que van a suceder cada vez más. Y se van a naturalizar. Si alguien está capacitado para una función no importa si es hombre o mujer”, afirmó sobre su presidenta.

“La relación con ella es divina, como ya lo era antes con Juan Castillo. Y la sigue siendo, porque renunció pero sigue estando muy cerca del club. El otro día tuvimos una charla muy linda con Isabel, cuando le pedimos una remera para llevar a la Teletón. Tenemos una relación muy amable. Nosotros como jugadores y ella como presidenta, queremos lo mejor para Rampla y se nota en cada charla que tenemos”, finalizó el arquero profesor.

Lo amenazaron con no dejarlo volver a casarse

Hace tres años atrás, Rodrigo jugó en el Gostaresh Foulad de Irán. Estuvo sólo cinco meses y la experiencia no fue buena. “Las diferencias culturales son muy grandes. Mi esposa no la pasó muy bien. Tenía que salir a la calle siempre cubierta, con el pelo tapado, manga larga, pantalones largos y que el largo del buzo le pasara la cola”, contó el arquero.

“Me quedé poco por diferentes factores, el que acabo de mencionar es uno, pero tampoco funcionó bien el tema deportivo. Tuve un buen comienzo, pero el técnico renunció y el que vino no quería que yo continuara aunque tenía contrato vigente. Quería que rescindiera y me amenazó con no dejarme venir de vacaciones y yo tenía todo pronto para casarme cuando volviera. Tenía que volver a Uruguay de cualquier manera y tuve que aceptar un arreglo en los términos que pude”.

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