HACIENDO HISTORIA

Ya hubo un clásico entre Nacional y Peñarol jugado a puertas cerradas

Fue en agosto de 1934 y correspondió al "pico" de la accidentada final de 1933: pasó a la historia como el "nueve contra once" que celebra Nacional.

El País
La página deportiva de El País, al otro día del partido

La larga historia del clásico Nacional-Peñarol también guarda un partido a puertas cerradas, mucho antes que la pandemia cambiara vida y costumbres de todo el mundo, incluyendo las de los hinchas que concurren al fútbol. Aquella vez, en 1934, la razón para dejar afuera a los aficionados fue otra: los incidentes registrados en la primera parte del encuentro, jugada casi tres meses antes.

Fue el famoso “pico” de la final del Campeonato Uruguayo de 1933, iniciada el 27 de mayo y suspendida a los 70 minutos. Se continuó jugando el 25 de agosto, con los 20 minutos que faltaban más dos alargues de media hora cada uno. El episodio quedó para la historia como “el partido de los nueve contra once”, consecuencia de otro hecho, “el gol de la valija”, dos ejemplos del increíble desarrollo del torneo del 33.

Es sabido que aquel 25 de agosto, nueve futbolistas de Nacional lograron mantener el cero durante 80 minutos ante once de Peñarol. Pero lo que no resulta tan conocido es que se jugó sin público.

Todo ello fue decisión del Tribunal Arbitral de la Asociación Uruguaya de Football, el organismo que podía rectificar las decisiones del árbitro en la cancha, singularidad del fútbol criollo que duró hasta 1936. Se lo ha comparado con el VAR, porque el organismo tenía potestad para dar penales o anular goles, lo cual incluso cambiaba los resultados de los partidos, aunque en vez de la tecnología actual apelaba a declaraciones de protagonistas y testigos. El proceso lo desencadenaba la protesta del capitán del equipo que se sentía perjudicado por algún fallo del árbitro. Incluso la definición del torneo de 1933 se demoró por fallos pendientes de las últimas fechas.

Para entender lo ocurrido el día del nueve contra once, hay que regresar al 27 de mayo del 34. Esa tarde, los rivales clásicos igualaban sin goles, cuando el delantero aurinegro Bahía remató cruzado sobre el arco de Eduardo García, en la tribuna Colombes. La pelota salió de la cancha y rebotó en la valija de madera del kinesiólogo albo Juan Kirchberg, que estaba junto a un palo, ingresando de nuevo a la cancha. Braulio Castro la metió en el arco, quizás sin pretender que fuera gol.

En ese momento, el árbitro Telésforo Rodríguez hizo un gesto confuso. Los jugadores de Nacional entendieron que había dado el gol y se le fueron encima. Rodríguez expulsó a Nasazzi, Labraga y Chifflet por agresión y se retiró de la cancha.

Luego de un rato de discusiones, lo reemplazó el primer línea, Luis Scandroglio, pero ya estaba oscuro y la red lumínica del Estadio sufrió un imprevisto apagón, por lo cual el partido se suspendió.

El Tribunal se tomó su tiempo para analizar lo sucedido y decidió invalidar el gol, ratificar las expulsiones de Nasazzi y Labraga, anular la de Chifflet y disponer que el resto del encuentro se disputara a puertas cerradas. Nacional debía hacerlo con los nueve hombres que le quedaban.

El “pico” tuvo lugar el 25 de agosto, por la tarde del feriado, ante un Centenario prácticamente desierto, solo ocupado por dirigentes y periodistas en la tribuna América. Muchos aficionados se acercaron al Estadio para curiosear y acaso festejar un posible triunfo de sus colores, algo que de repetirse en este 2020 representaría una preocupación para las autoridades. En 1934 ya existían las transmisiones radiales de fútbol, por lo cual todos desde sus casas podían saber lo que estaba ocurriendo.

Nacional jugó con Eduardo García; Ulises Chifflet, Juan Ramón Cabrera; Arsenio Fernández, Miguel Andriolo, Marcelino Pérez; Francisco Arispe, Aníbal Ciocca y Enrique Fernández.

Peñarol lo hizo con Juan Carlos Tea; Lorenzo Fernández, Adhemar Canavessi: Erebo Zunino, Álvaro Gestido, Nicolás Riccardi; Braulio Castro, Luis Mata, José Pedro Young, Peregrino Anselmo y José Pedro Arrremón.

El entrenador húngaro de Nacional, Américo Szigeti, armó durante esas semanas de espera una táctica defensiva con los nueve hombres disponibles, apelando incluso al pizarrón, una novedad en la época. Usando muñequitos de plomo para mostrar las posiciones de los futbolistas, según las crónicas, armó una retaguardia cerrada y ordenó el manejo paciente de la pelota cuando la recuperaba.

Peñarol pareció confiar en su superioridad numérica, sin una estrategia diferente a las habituales. A medida que pasaban los minutos y al comprobar que no sería tan sencillo, comenzó a ponerse nervioso. Al final incluso dejó espacios para algún peligroso contragolpe tricolor, incluso un remate en el travesaño.

Nacional festejó el empate con tono de hazaña, que le permitió jugar una nueva final. Fue el 2 de septiembre, cuando ya había comenzado el Campeonato Uruguayo de 1934. Y otra vez terminó sin goles, pese a que también se jugó un tiempo suplementario. Por eso, hubo una tercera final, el 18 de noviembre. Nacional se impuso por 3 a 2, lo cual le dio el título del largo campeonato 1933.

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