Clásico

El clásico llegó de yapa

Bentancor dirigirá Nacional-Peñarol y disfruta sus “cinco minutos de fama”.

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Esfuerzo. Javier Bentancor se preparaba ayer en la playa Pocitos para su primer clásico.

La tarde está por dejarle su lugar a la noche en la rambla de Pocitos. Un grupo de muchachos corre detrás de una pelota desafiando al frío. Muy cerca de ellos dos hombres corren cumpliendo con las órdenes del profesor Erwin Rodríguez. Ninguno de los jóvenes se da cuenta que uno es Darío Ubriaco, y el otro el juez del clásico del próximo domingo.

"Hoy pude trabajar poco, me llamaron de todos lados. Son mis cinco minutos de fama", bromea Javier Bentancor tras el entrenamiento.

Bentancor ya había perdido las esperanzas de dirigir un clásico, salvo que le dieran uno a modo de premio retiro como han hecho con otros árbitros de su categoría.

"Hace un mes atrás esto era impensable para mí. Lo soñaba sí, pero nunca pensé que se me fuera a dar antes y que fuera un clásico tan especial. No sólo es el partido más importante de nuestro fútbol sino que es decisivo", admitió el árbitro. Sin embargo, después del fin de semana comenzó a escuchar que podía ser nombrado para el clásico.

El martes de noche lo llamó Martín Vázquez para confirmarle la noticia. Bentancor es divorciado y tiene tres hijas, pero vive solo. "En el momento en que Vázquez me lo iba a decir se cortó, fue un poco cómico. Parecía de locos, después me volvió a llamar y se reían todos", contó el juez que se recibió en 1997, cuando ya tenía 25 años. Y ascendió a Primera en 2005.

También es árbitro internacional de fútbol playa. Se convirtió en árbitro de ese deporte a los 36 años cuando se dio cuenta que ya no tenía tiempo de esperar un escudo FIFA en el fútbol once. Ya fue a dos mundiales: en uno arbitro la final y en el otro la semifinal. Y vivirá en julio en Portugal, su tercer mundial.

"A la primera que llamé fue a Rosina la madre de mi hija mayor porque es la gran responsable de que hoy esté viviendo todo esto. Éramos recién casados y una mañana fui con mi padre a ver un partido de Sexta División al Parque Forno, creo que jugaban Danubio y Nacional, porque arbitraba un amigo suyo. Ahí me picó el bichito del arbitraje", relató.

"El juez era un tipo alto, grandote, como Darío (Ubriaco). Y me llamó la atención cómo manejó el partido y el entorno. Llegué a mi casa y le comenté a Rosina lo que me había pasado y que hubiera estado bueno haber hecho el curso. Al otro día ella fue a la AUF y retiró el formulario para la inscripción. ¡Una fenómena! Por eso fue en la primera persona en que pensé".

Bentancor no se considera un futbolista frustrado. Jugó solo al baby fútbol en Zona 3. Se define como un defensa raspador. "Cuando pude haber ido a algún cuadro mi mamá empezó a insistir con el estudio y se terminó mi carrera. Además, tampoco prometía ser una estrella. Je", reconoció quien se define como un árbitro hablador.

"No soy de los árbitros que no aceptan una opinión, siempre que sea con respeto. Podemos hablar un montón de cosas y hasta subir el tono, porque las revoluciones de todos están a mil y en un clásico más. Trato de dejar jugar". Bentancor hizo de cuarto árbitro en varios clásicos y eso le permite tener cierta experiencia. "Tuve la suerte de compartir varios vestuarios de clásicos y sé como es. Sé como se vive la previa, y adentro de la cancha".

Espera poder dormir la noche anterior al partido, algo que no pudo hacer tras la llamada de Vázquez y de los muchos mensajes que recibió. "Creo que en un clásico hay que tener un cuidado mayor en las protestas. Siempre digo que a mí en el mano a mano me pueden hablar, pero si me levantás los brazos a 50 metros, marchaste. Pero trato de ser amigo del jugador, es un espectáculo y la gente paga para ir a verlo. Trato de disfrutarlo", afirmó quien considera el haberse mantenido como uno de sus mayores méritos.

A la hora de recordar una anécdota, eligió una que vivió en el interior hace ya muchos años. "Fue en Cerro Largo o en Maldonado, no recuerdo. Una persona mayor se acercó al alambrado y me gritó: ¡árbitro injusto! Me llamó la atención porque uno está acostumbrado a los insultos".

El juez del clásico tiene una empresa de comercio exterior. Es el nexo entre el Estado y la empresa que importa o exporta. La mayoría de los trámites los hace en la Ciudad Vieja o en el puerto. Ayer muchos le desearon suerte y otros le exigieron que cobrara bien. Él lo único que espera es que Agustina (20), Sofía (7) y Emilia (4) estén orgullosas el domingo y que a la del medio no le digan nada el lunes en la escuela.

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