COPA BANDES

Clásico: Un comienzo para llorar...

Los dos cuadros tiraron para el mismo lado en el homenaje a Walter Ferreira.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Festejo. Leandro Barcia celebra junto a sus compañeros el primer gol del clásico de anoche cuando transcurrían 11 minutos de juego en el Centenario. Foto: Marcelo Bonjour

No fue mucha gente al estadio a ver el clásico correspondiente a la Copa Bandes, es cierto. Se vendieron sólo 20.000 entradas, pero los que lo hicieron lo vivieron a pleno.

La forma en que las dos hinchadas celebraron los goles de Cerro Porteño frente a Banfield, dejó en claro que ni los "bolsos" ni los "manyas" querían que el partido preliminar se definiera con penales. Todos querían que el clásico arrancara cuanto antes.

Afuera, a la entrada del palco, varios niños y jóvenes le imploraban a cuanta persona se disponía a ingresar, que les dieran una entrada o que los hiciera entrar. El técnico Luis "Ronco" López y el presidente de Nacional, José Luis Rodríguez, fueron víctimas de esos ruegos. "No tengo entradas, si tuviera te daba. ¡Si casi no consigo ni para mí!", fue la graciosa respuesta del nuevo presidente tricolor.

El saludo de las dos hinchadas a sus equipos fue una fiesta. Cánticos, gritos, humo de colores, banderas que se agitaban al viento, bengalas.... Y los fuegos artificiales, que fueron lanzados en buen número desde afuera del estadio, hicieron las delicias de todos los presentes en Centenario.

Varios niños salieron a la cancha con los equipos. Un rato antes, Eros, ahijado de Gianni Rodríguez, se paseaba en la puerta del vestuario carbonero. Su padrino iba a ser titular en el clásico, pero el que estaba más nervioso era él.

Uno de los momentos más emocionantes de la noche, lo protagonizaron los futbolistas de ambos equipos cuando mostraron juntos, en el centro de la cancha una enorme pancarta en honor y recuerdo a Walter Ferreira, el kinesiólogo de Nacional y de la selección uruguaya, recientemente fallecido.

"Walter siempre grande, te llevamos en el corazón", rezaba el cartel. Y el estadio respondió con un sentido aplauso. Sebastián Eguren no pudo contener las lágrimas, Jorge Fucile hizo un esfuerzo enorme para no echarse a llorar y el "Vasquito" Aguirregaray cerró los ojos y levantó su cabeza al cielo.

Pero los tres tuvieron que sobreponerse porque arrancaba el primer clásico del año. Amistoso, de verano, sin el estadio repleto, pero clásico, al fin y al cabo; y con eso solo, basta.

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