PEÑAROL

Un cierre perfecto: “Tomé una decisión de vida”

Todas las sensaciones de Juan Pedro Damiani tras dejar la presidencia de Peñarol: “Me fui preparando”.

Feliz. Damiani muestra orgulloso la maqueta del estadio que hoy ya es una realidad. Foto: Fernando Ponzetto
Juan Pedro Damiani. Foto: Fernando Ponzetto

Sereno. Logrando que cada palabra vaya apareciendo cadenciosamente, con un tono amigable, entregando el espacio a la respiración para que lo dicho sea comprendido en toda su dimensión, Juan Pedro Damiani dijo: “Tomé una decisión de vida. No me voy con la idea de ‘me tomo un retiro y vuelvo’. No. Esta decisión la tomé como un cierre para una etapa espectacular y comprendiendo absolutamente que detrás del fútbol hay vida, hay otras cosas”.

Atrás quedan alegrías, reconocimientos, decisiones que dieron campeonatos. También dolores de cabeza, discusiones políticas, decisiones que no trajeron festejos. Atrás queda un lugar de privilegio. Pero también uno de mucho castigo. Y, aunque no quiera, hay un duelo para hacer. “Sí, tomé la decisión que quería, pero eso no quiere decir que de acá a diez días extrañe enormemente, porque está claro que Peñarol es mi vida. Entré con 26 años, propuesto por Washington Cataldi en el año 1985, y pasaron 32 años. Esto forma parte de mi vida. Sé que es un duelo que tengo que hacer, pero lo estoy haciendo con serenidad, con tranquilidad. Quizás en otro momento me hubiese afectado más, pero los años te van cambiando, aplacando. Y hoy me apoyo mucho en el hecho de que fue muy sabio para mí y para el club. Desde el punto de vista racional fue una decisión espectacular, en lo emocional está claro que me estoy yendo de algo que ha sido parte de mi vida”.

El fútbol le dio todo, pero también lo alejó de aquellas pequeñas cosas que solía disfrutar. El impulso de sus hijos mayores terminó siendo fundamental para vivir la vida de otra manera. “Yo me fui preparando para esto. Nadie me creía, pero esto fue todo un proceso que fui haciendo. También me ayudó una cosa importante, y eso es que el final fue muy bueno desde el punto de vista deportivo. Además de darme cuenta que había que desmitificar las cosas que me generaron mucho dolor por culpa de la política del club, y lo digo con mucho respeto, lo más importante es que yo buscaba ser un tipo más normal. A veces es muy lindo que te reconozcan, pero hay cosas que vas perdiendo. A mí me encantaba ver vidrieras, caminar, disfrutar las cosas más sencillas. Quería ser un tipo más terrenal. Ojo, no hay cosa más linda que poder ser presidente y manejar el club de tus amores, yo me siento un afortunado por eso, pero tomé una decisión de vida. Y mis hijos mayores fueron clave también para que terminara decidiendo este cambio. No sé cómo transcurrirá este tiempo, pero hay algunos amigos que me dicen que el fútbol es como el cigarrillo, aunque yo no fumo: ‘cuando lo tenés lo disfrutás mucho, pero cuando lo dejás te sentís mejor’”.

No hay marcha atrás, ni siquiera es un respiro para volver con mayor fuerza. Es un adiós a un ciclo. “No te imaginas lo que le agradezco al fútbol. Yo aprendí con el fútbol, los amigos que conseguí, la gente que conocí, los lugares que conocí. La enseñanza de lo bueno y de lo malo, porque también aprendés de la miseria humana”.

Haber delegado funciones, entregado libertad para que se desempeñaran sin necesidad de estar bajo el control absoluto de la figura presidencial termina constituyéndose en un escudo protector para la nostalgia. “Hay un tema importante: yo confiaba en la gente de trabajo, daba total libertad y no iba todos los días al club, y eso es una gran ventaja porque si lo hubiese hecho me faltaría el horario físico. Yo iba dos veces por semana. Y, además, después de la elección yo ya era el expresidente. Aunque hice las cosas operativas ya no tomé ninguna decisión importante, ya avance en el proceso de alejamiento”.

Ahora, desde la tribuna, quizás con mayor asistencia al Campeón del Siglo que al Centenario, Juan Pedro Damiani tratará por todos los medios pasar desapercibido. “Asumió un nuevo presidente y una nueva directiva y hay que dejarlos trabajar porque tienen todas las intenciones de mantener lo bueno y de hacer más cosas. Me tengo que transformar en un hincha y un socio más, pero sé que mis palabras, mis gestos y mis silencios van a ser interpretados, entonces voy a ir a ver a Peñarol, pero seguramente al Campeón del Siglo y no sé si iré tanto al Centenario porque debo buscar la manera de pasar desapercibido”.

Además de seguir con su trabajo profesional, con sus emprendimientos empresariales, Damiani tiene la ilusión de dejar otro legado. “Tengo alguna deuda con la sociedad y me encantaría trabajar en eso, se ve que me estoy volviendo viejo. Quiero hacer. Ayudar. Tengo que buscar el espacio para ayudar a la gente y eso para mí va a ser algo muy lindo”.

“Me impactó el cariño de la gente”

Damiani disfrutó la ceremonia de cambio de mando, entregó de puño y letra especiales agradecimientos y no se olvidó de saludar a ningún funcionario de la institución. “Me pude ir por la puerta grande y con el afecto de la gente, que eso me encantó y me impactó. El día de la elección fue impresionante y ahí estaba el riñón del club. El otro día la ceremonia fue muy linda. Estaba Julio María Sanguinetti, dos veces presidente de la República y presidente honorario del club, estaba mi amigo Jorge (Barrera), Walter Pereira y el contador Juan Fernández Methol que fueron hombres importantísimos y la gente no sabe el valor que han tenido en la gestión del club. Cuando me fui le entregué una carta de puño y letra a Walter Pereira y a los tres gerentes en la que les agradecí su apoyo porque fueron claves para mi gestión. No dejé de saludar a ningún funcionario del club. Me fui con una paz increíble. Pensé que me iba a golpear y siento que mucha gente me llama para hablarme como si hubiese fallecido un familiar”.

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