HACIENDO HISTORIA

Cien años de la primera leyenda de Nacional: la muerte de Abdón Porte

El episodio de su deceso conmovió en su momento al fútbol, inspiró un cuento de Horacio Quiroga y presentó un amor por los colores que fue más allá de la tumba.

Abdón Porte
Abdón Porte, serio y concentrado como lo era en la cancha.

El lunes 4 de marzo de 1918, hace ahora cien años, Abdón Porte concurrió a la sede de Nacional, entonces en el centro, para celebrar el triunfo del domingo anterior sobre Charley por 5 a 1. Alrededor de la una de la mañana del martes tomó un tranvía del recorrido 52 en la esquina de 18 de Julio y Convención. Se bajó al llegar al Parque Central, entró a la cancha y se dirigió al círculo central. Un disparo quebró el silencio de la madrugada, pero nadie le dio importancia en ese momento.

La mañana siguiente, un peón del Montevideo Lawn Tennis -que administraba las canchas de ese deporte del Parque Central-vio un cuerpo en el centro del campo y avisó a la policía y al presidente de Nacional, José María Delgado (otra versión dice que el hallazgo fue de Severino Castillo, el canchero del estadio tricolor).

Esta reconstrucción de los últimos momentos de Porte fue realizada por el diario El Día del 6 de marzo de 1918 (El País todavía no había sido fundado). El periódico se hizo eco de la pregunta de todos: ¿por qué?

La primera versión fue que el futbolista sufría dificultades financieras. Poco tiempo antes había renunciado a su empleo en la droguería del Rey, ante la promesa de otro mejor pagado que no se cumplió. Los jugadores eran entonces aficionados que generalmente dependían de otro oficio para vivir. Pero la posibilidad fue descartada pues él nunca comentó nada a sus compañeros. Además, estaba previsto que se casara el siguiente 3 de abril.

Algún familiar comentó que un año antes, Abdón le había dicho: “El día que no le pegue, me pego un tiro en el Parque Central”. La expresión fue tomada entonces como una broma.

Junto al cuerpo se encontraron dos cartas. Una dirigida al presidente del club y la otra a su familia. Según la prensa de la época, en ninguna explicaba las razones de su trágica decisión. Pero en cada línea quedaba claro su incondicional, desaforado amor por Nacional. En la primera, pedía que su cuerpo fuera enterrado junto a los hermanos Carlos y Bolívar Céspedes, fallecidos de viruela en 1905 cuando eran figuras, otra desgracia que había golpeado a la institución.

“Usted sabe por qué hago esto. ¡Viva el Club Nacional! Que siempre esté adelante, el club para nosotros anhelo. Yo doy mi sangre por todos mis compañeros, ahora y siempre el club gigante. ¡Viva el Club Nacional!”, decía Porte en su nota a Delgado. Y agregaba: “Nacional, aunque en polvo convertido y en polvo siempre amante, no olvidaré un instante lo mucho que te he querido. Adiós para siempre”.

Nacional de 1915
El famoso Nacional de 1915 del cual Abdón Porte era un puntal.

En mayo de 1918, es decir, dos meses más tarde, el escritor salteño Horacio Quiroga publicó en la revista bonaerense Atlántida un cuento titulado Juan Polti, half-back, en el cual un jugador se quita la vida ante la pérdida de su puesto en el equipo. “Cuando un muchacho llega, por a o b, y sin previo entrenamiento, a gustar de ese fuerte alcohol de varones que es la gloria, pierde la cabeza irremisiblemente. Es un paraíso demasiado artificial para su joven corazón. A veces pierde algo más, que después se encuentra en la lista de defunciones”, escribía Quiroga.

El cuento alentó la leyenda del futbolista-hincha que no soporta la idea de perder su puesto. La misma teoría sostuvo después el periodista Luis Scapinachis, quien conoció a Abdón. Según se relató, Nacional había traído aquel año 18 a Alfredo Zibechi de Wanderers para cubrir el puesto de centrehalf, el mismo de Porte, ya que este se encontraba en decadencia.

Sin embargo, los hechos desmentían esa declinación. Porte tenía 25 años en el momento de su muerte. Había llegado a Nacional en 1911, proveniente de Colón y Libertad. Después de un tiempo en la zaga, se afirmó en el centro del campo. Desde allí fue pieza clave en el tricampeonato logrado por los albos entre 1915 y 1917, que le valió la primera Copa Uruguaya en propiedad. Además, disputó 39 clásicos consecutivos. Y en 1917 integró el plantel uruguayo que ganó el Sudamericano en Montevideo.

El fútbol no es un deporte cualquiera, encierra pasiones sin explicación, más trascendentes que los resultados del domingo. Ese es el fundamento de las adhesiones que despierta en todo el mundo. Un siglo después, ya nadie puede saber la verdadera razón del suicidio de Abdón. Lo que trascendió al tiempo es un amor a los colores que fue más allá de la tumba. Si en verdad temía perder el puesto, no imaginó que en realidad nunca iba a salir de Nacional. Se convirtió de inmediato en la primera gran leyenda del club. Y hoy sigue en el Parque Central, con su nombre identificando una tribuna y una bandera de la hinchada.

El 6 de marzo de 1918, los restos de Porte fueron velados en la sede de Nacional. Concurrió tanta gente que la policía tuvo que desplegarse para asegurar la entrada. Luego, el cortejo fúnebre se dirigió al Cementerio Central. Lo acompañaron sus amigos de Nacional, así como futbolistas del resto de los equipos montevideanos. El cuerpo quedó en depósito en esa necrópolis y al día siguiente fue trasladado a La Teja, a la tumba de los hermanos Céspedes, como había expresado en su última voluntad.

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