El chofer de ómnibus que sacó campeón a Mandiyú

Pablo Sixto Suárez manejó el ómnibus de 06:00 a 14:00 y de 17:00 a 19:00 sacó campeón a Mandiyúy consiguió el ascenso del torneo Federal B al A.

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Pablo Sixto Suárez en su versión de chofer de ómnibus. Foto: La Nación - GDA

La rutina se repite diariamente: como chofer a bordo del ómnibus 104 D, en Corrientes, Argentina, la jornada de trabajo transcurre de 06:00 a 14:00. Tras eso, almuerzo y si el tiempo lo permite una pequeña siesta, porque a las 16:00 deberá calzarse la indumentaria de entrenador de Deportivo Mandiyú. Religiosamente, todos los días. Nunca descansa. No tiene francos. O sí, pero los arregla de antemano con su jefe. Su único día libre en la empresa de transportes lo utiliza para dirigir a su amado Mandiyú.

El hombre en cuestión es Pablo Sixto Suárez, 50 años, el DT que llevó al club de Corrientes al ascenso del torneo Federal B al A. "Mientras manejo siempre pienso en los partidos. Para mí, vivir exclusivamente del fútbol es difícil, no me alcanza para mantener a la familia", cuenta a LA NACIÓN.

Suárez es gloria y leyenda en su club. En 1988 subió al plantel superior desde las inferiores, a la vez que trabajaba en la fábrica Tipoití. Es el segundo jugador con más presencias en el historial de los "Algodoneros" en primera división (144) por detrás de Pedro Barrios (227). "Tengo recuerdos hermosos de esa época", asegura. Por aquéllos días, fue tentado por Boca. "Pero Eduardo Seferian, fundador del club y presidente, me duplicó el sueldo. Ahí entendí que sería mi lugar para toda la vida", relata este "romántico" del fútbol, que siempre se calza sus mocasines para ir a dirigir. Y también lo hacía cuando entrenaba: los memoriosos locales recuerdan cuando viajaba en una moto de 50 cilindradas, en camiseta, pantalón corto y. mocasines.

El último fin de semana, el Albo derrotó 1-0 a Ben Hur de Rafaela y concretó su ascenso al Federal A, tercera categoría del fútbol de Argentina. Por la mañana, Suárez condujo su ómnibus. Por la tarde, celebró por partida doble: además era su cumpleaños. "Estamos en una nube, todavía no caemos. El resultado final nos tomó por sorpresa. Valoro mucho la unión de un grupo de chicos bárbaros", detalla.

En otra historia de ensueño que se vive en el ascenso del fútbol de Argentina, el logro de Mandiyú cobra todavía más valor cuando se explica que disputó la temporada con el presupuesto más bajo entre los 61 equipos del Federal B. "Los muchachos de Ben Hur cobran el triple de lo que ganan los chicos de mi equipo. Ellos tienen jugadores profesionales que viven exclusivamente del fútbol", detalla Suárez.

Pablo, el hijo de Suárez, -también futbolista, en la liga local con el Albo- lo traslada en el tiempo y cada dos meses le agarra el celular al padre y le cambia la foto de perfil de whatsapp: actualmente muestra una imagen noventosa con Diego Latorre; suele poner otra con Roberto Cabañas corriendo desde atrás al ex lateral derecho, en la Bombonera. Apenas culminó la final con Ben Hur, Suárez se fundió en un abrazo con su hija Camila, de 16 años. La joven lo acompaña en todos los encuentros de local. "Es mi estandarte", afirma. Suárez volvió a hacer historia en Mandiyú. Pablo Jr., su otro pilar, ya podrá renovarle la foto de perfil.

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