HISTORIA

Horacio "Chino" Peralta: el pescador que quiere ser técnico

Espera recibirse de entrenador a fin de año y destaca a uno con el que no jugó. "Por rebelde no fui buen profesional, pero lo podía suplir con otras cosas. Hoy eso ya no se puede”, afirmó el exjugador.

Foto: Marcelo Bonjour
Foto: Marcelo Bonjour

"Hace años que lo mío es cazar y pescar. Siempre me gustó y ahora sigo en esa”, dijo Horacio Peralta, que acababa de regresar de pescar en Portezuelo con un par de amigos. Habían salido a las dos de la mañana y al mediodía ya estaban de vuelta. Llevaban varios días atrás de los lenguados y tuvieron suerte. Se trajeron varios, uno de ellos de unos seis o siete kilos.

“Por lo general se pesca cuando amanece. Es ahí que pican, al amanecer, y después en la tarde. La pesca es entretenida, relaja mucho. Me gusta caminar en la arena tirando y recogiendo el ril. Puede parecer aburrido, te tiene que gustar. A veces no sacás nada, pero estás ahí pasándola bien y relajándote. Cuando jugaba en Nacional tenía una cábala con un amigo antes de los clásicos: íbamos a pescar. Siempre antes de concentrarnos íbamos un rato a pescar y llegaba al clásico tranquilo. Me servía en una semana que es medio caótica con los hinchas y los hinchas rivales”.

En sus épocas de futbolista tricolor, Peralta llegaba a Los Céspedes con una cantidad de jaulas, de tramperos, que colocaba en las zonas cercanas para llevarse algún pájaro. “Eso era para escucharlos cantar, pero ya no lo hago. Lo que sí sigo haciendo es salir de cacería. Es uno de los hobbies que comparto con algunos de los amigos del fútbol, como Claudio Dadomo. Cazamos jabalíes. Pero no matamos por matar, es para comer. En el supermercado no venden jabalí. Se puede hacer a las brasas como el lechón, pero nosotros lo mandamos a una panadería. En el horno de panadería queda mucho más rico”, contó.

El alumno.

El 15 de febrero volverá a las clases. Tres veces por semana Peralta se traslada a Atlántida donde esta haciendo el curso de entrenador en Audef (Asociación de Entrenadores de Fútbol). Espera recibirse a fin de año.

“Yo creo que la idea del técnico debe ser la misma del jugador”, dijo respondiendo sobre cómo se imagina que será como entrenador. “Jugar bien o intentarlo, siempre. Quiero que mis equipos sean ofensivos. A veces me pongo a ver fútbol y veo cosas que no haría o que las haría diferente. Tengo los conceptos claros, pera mí el equipo tiene que tener la pelota y tratar de lastimar al rival, cuando se pueda. Eso no quiere decir que no haya partidos en los que hay que esperar y jugar de contragolpe”, explicó quien destaca a Víctor Púa, quien lo dirigió en la selección juvenil, a Daniel Carreño en Nacional, a Jorge Fossati en Danubio y a Jorge “Culaca” González con quien debutó en la Primera División de Cerro, entre los muchos técnicos que tuvo en su carrera. “Es un poquito de cada uno”, reconoció.

FAMILIA

Nahuel, el hijo mayor de Peralta, heredó su calidad, pero también sus mañas.

“No le gusta entrenar. Sacó todo lo mío, je. Estuvo un tiempo entrenando en Danubio y tiene condiciones, pero hoy si no entrenás, y si no vivís para el fútbol es muy difícil rendir. Hoy juega con sus amigos, en el Náutico, pero yo no le exijo que juegue al fútbol. Un día cuando estaba en Danubio, dijo que no quería ir más. Que no tenía ganas y que no quería jugar más. Y tanto yo como su madre, lo entendimos. Lo obligamos a estudiar, pero no a jugar al fútbol”.

“Muchas veces cuando hablo con amigos del fútbol, porque siempre estoy con gente de fútbol, se ríen cuando les digo que uno de los mejores técnicos que tuve fue el ‘Vasco’ Ostolaza y apenas jugué dos o tres partidos con él. Cuando llegó a Nacional lo primero que hizo fue hablar conmigo y decirme que yo no era la idea de profesional que él tenía y que me iba a usar poco. Fue de frente. Y hasta el día de hoy, cada vez que lo encuentro voy y le doy un abrazo. Prefiero mil veces una persona así y no los que te palmean la espalda y por atrás te apuñalan”, relató.

Es probable que Peralta tenga, en su nueva función de entrenador, un plus frente a sus jugadores. Basta que busquen algún video en You Tube, como el del clásico en que remató un penal con cada pierna, para que aprecien su calidad, si es que no lo vieron jugar. Pero seguramente también se enteren de sus andanzas fuera de las canchas.

“No creo que eso me juegue en contra. El fútbol cambió mucho. Antes yo podía salir un día, pero llegaba bien al partido. El fútbol no era tan físico como ahora. Hoy si no entrenás, descansás y te alimentás bien, no podes jugar. Hoy el fútbol está basado más en lo físico que en la técnica que pueda tener un jugador. Hoy si un jugador además de tener calidad es muy profesional le va a ir mucho mejor. Antes uno podía relajarse un poco y hacía la diferencia con la calidad”, admitió, quien sabe que si hubiera sido más profesional, hubiera llegado mucho más lejos en su carrera.

“Uno vive la vida a su manera, con errores y con aciertos. Seguramente muchas veces me equivoqué, pero era mi manera de vivir. Además muchas veces no se conocían las internas. En Nacional, por ejemplo, donde se me juzgó mucho, en el 2002 o 2003 teníamos diez meses de atraso en los salarios. Nadie lo sabía o si lo sabían no les importaba. A veces por rebelde no fui lo suficiente profesional que debí haber sido, pero lo suplía con otras cosas y podía hacer la diferencia. Hoy ya no se puede”, admitió.

Sueños.

No niega que le gustaría llegar algún día a dirigir a Nacional o a Danubio, donde se crió. “Como soñar sueño en grande, y me gustaría llegar a ser un técnico reconocido, pero entiendo que hay que empezar de abajo, con los jóvenes y cometiendo errores, para llegar a Primera con una buena base. Sabiendo cómo cambiar un partido, cómo tratar a los jugadores y mejorarlos día a día. Pero son sueños a largo plazo. A corto plazo el sueño es recibirme y empezar a trabajar con juveniles para aportarles mi experiencia. Hoy los jugadores se van muy jóvenes y hay que darles las armas para que lo aprovechen. Yo salí muy joven y como no jugaba tomé la decisión de volverme. Salir de Cagliari fue uno de los errores de mi carrera. Debí haberme quedado fogueándome como querían los italianos”.

El bichito de ser entrenador le picó después de colgar los zapatos, lo que hizo el año pasado tras defender al club Artesano de Nueva Helvecia. “Ya tenía la decisión de dejar tomada, pero muchas veces los equipos del interior te invitan y uno no puede decir que no. Porque también te llevan para transmitir lo que uno vivió en la carrera. Para compartir vestuario con los jugadores jóvenes”, contó sobre su última experiencia con los pantalones cortos. En realidad, a los 35 años y con la calidad intacta, todavía podía estar jugando. Sus amigos se lo dicen todo el tiempo, pero él la tiene clara. “Hoy el fútbol es muy competitivo, muy físico y hay que estar muy bien entrenado”.

LESIÓN

Un torneo esperando el quirófano.

En la temporada 2016-2017 fichó para Deportivo Maldonado, pero no pudo jugar. “Me pasé todo el torneo esperando que me operaran. Fue muy raro. Era una operación simple, de meniscos, pero en la Médica Uruguaya nunca había lugar. Me lesioné antes de empezar el torneo y me iba a perder dos fechas, pero terminé operándome dos fechas antes del final. Mandamos cartas a todos lados, a la AUF, y fui a la Mutual, porque supuestamente por los convenios los jugadores tenemos prioridad. Pero me pasé el torneo esperando”.

libros. Como a muchos futbolistas, a Peralta, estudiar fue algo que le quedó en el tintero. Aunque tuvo que volver a agarrar los libros para poder hacer el curso de entrenador. “Tuve que terminar ciclo básico ahora de grande. Por un lado fue muy difícil porque llevaba muchos años sin estudiar. Pero uno, de grande tiene otra cabeza y se da cuenta de la importancia del estudio. Y que para hacer otras cosas, ya sea el curso de entrenador o para cualquier otro trabajo en el rubro que sea, es necesario estudiar”, afirmó convencido.

“Se formó un lindo grupo, con varios ex jugadores. Volví a estudiar en grupo, algo que hacía años que no hacía. Todo eso hace que te vuelvan las ganas de estudiar. Además, para ser técnico tenés que ser un estudioso del fútbol. Empezás a descubrir cosas que cuando sos jugador no sabés. Pedagogía, psicología, cómo tratar a los niños, cómo manejar un grupo. Cosas que también te sirven en la familia, para criar a tus hijos”.

A propósito de hijos, Peralta tiene dos: Nahuel de 15 años y Martina de cuatro. Y Leandro, de 7, que es el del corazón. “Martina es la reina de la casa. Nos babeamos por ella y nos manda a todos. Estuvo varios días en casa y es ‘Papu esto y Papu lo otro’. Es una divina y la estoy disfrutando mucho. Aunque me manda, todo el tiempo me manda. Y a veces la debilidad hace que uno le haga caso”.

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