FÚTBOL

China: la nueva meca del fútbol mundial

Un plan del gobierno con una meta: ser los mejores del planeta en 2050.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Tevez

LUIS PRATS

Es julio de 2050. Mientras los uruguayos celebramos el centenario del Maracanazo, Brasil organiza por tercera vez la Copa del Mundo, con la esperanza de por fin poder conquistarla en casa. Para eso deberá superar al gran favorito del torneo, China, que llega con una larga serie invicta.Suena disparatado, porque los futbolistas que jugarán ese Mundial ni siquiera han nacido todavía, pero es el objetivo que moviliza a gobierno y empresas chinas, decididos a conquistar el planeta de la pelota a mediano plazo. El plan ya está en marcha y explica las contrataciones de figuras extranjeras por sumas desmesuradas. Por ejemplo, Carlos Tévez dejó en estos días a su Boca tan querido para irse al Shanghai Shenhua por 722 mil euros semanales.

De esa forma, China se convierte en la nueva meca del profesionalismo mundial. A diferencia de otras ligas "exóticas", como la NASL norteamericana (que en los años 70 convocó a Pelé, Beckenbauer y Cruyff) o la J-League de Japón en los 90, que en realidad representaban retiros dorados para estrellas ya veteranas, la Superliga china pretende atraer a jugadores en su plenitud física y técnica.

El argentino pasó a ser el futbolista mejor remunerado del mundo, por encima de las superestrellas Messi y Cristiano Ronaldo. Pero todo indica que ese reinado será breve. Por ejemplo, el sueco Zlatan Ibrahimovic rechazó una propuesta de 1.180.000 euros semanales porque prefiere quedarse un año más en Manchester United. Se supone que en agosto de 2017 se mudará también cerca de la Gran Muralla.

Sin embargo, hay un equipo que quiere hacer la mayor apuesta posible en el fútbol de hoy: llevarse a Lionel Messi. El Hebei Fortune, dirigido por el chileno Manuel Pellegrini y donde juega el argentino Ezequiel Lavezzi, está dispuesto a ofrecerle un contrato de cinco años por un valor total de 500 millones de euros, o sea 100 millones por año.

Claro que emigrar a China, aunque sea redituable, implica alejarse del centro de la escena que asegura el fútbol europeo. Por ejemplo, el técnico alemán del Liverpool, Jürgen Klopp, jura que nunca se radicará en el gigante asiático: "Ni siquiera pienso en esa opción, no se me pasa por la cabeza trabajar en China. Pero cada uno decide por sí mismo. Estamos en un mundo libre y cada uno decide lo que considera mejor. En este momento los jugadores no quieren jugar en China, entonces la única manera de convencerles es pagándoles mucho dinero".

Otros temen que afecte el orden establecido en el deporte. Para el italiano Antonio Conte, técnico del Chelsea, "China es un peligro para el fútbol mundial".

El plan.

Como resulta habitual en esta China del siglo XXI, donde gobierna el Partido Comunista pero manda el capitalismo, el origen del boom futbolístico es una decisión estatal y el brazo ejecutor son las empresas privadas. En 2014, el presidente chino Xi Jinping —entusiasta del fútbol según se lo presenta— anunció un plan de diez años (2015-2025) para duplicar el tamaño de la economía deportiva china a más de 700.000 millones de euros.

"El gobierno está dispuesto a establecer una economía más equilibrada, basada en algo más que la producción de bienes para la exportación, con las industrias del deporte y el entretenimiento vistos como áreas de inversión. En China, las empresas dependen de las buenas relaciones con las autoridades y, por lo tanto, están a menudo dispuestos a ayudar con las iniciativas consideradas como de interés nacional", explicó el experto británico en fútbol chino Chris Atkins a la web Sky Sports.

Se pretende crear hasta 70.000 escuelas de fútbol en 2020 para "producir" 100.000 jugadores. Así, se apunta a convertir a China en una selección de primer orden: comenzarán con la clasificación a los mundiales; luego, como anfitrión de su propia Copa y finalmente, como campeón del mundo hacia 2050.

En diciembre de 2016, China se encontraba 82° en el ranking de la FIFA, justo por detrás de San Cristóbal y Nieves, una nación formada por un par de islas en el Caribe que cuentan con apenas 40.000 habitantes (contra los 1.370.000 millones de chinos, distribuidos en un territorio de nueve millones y medio de kilómetros cuadrados). A los dirigentes asiáticos les espera entonces un duro trabajo. Hasta ahora, solo jugaron una fase final de un mundial (Corea-Japón 2002): en la ocasión, perdieron los tres partidos y no marcaron ni un gol.

Las autoridades del fútbol chino tampoco desean que las figuras extranjeras le quiten lugar a los valores autóctonos. Por eso, cada club solo puede contratar a cinco extranjeros (uno debe ser asiático), de los cuales solo pueden coincidir en la cancha cuatro. Y los arqueros deberán ser siempre locales.

La fiesta la están pagando los clubes de la Superliga, integrada por 16 equipos respaldados por poderosas empresas, siempre con el visto bueno del gobierno. El Guangzhou Taobao, el más exitoso en los últimos tiempos, pertenece a la compañía inmobiliaria Evergrande, aunque la firma de comercio electrónico Alibaba compró una parte de las acciones. El Shangai SIPG tiene un acuerdo de patrocinio con el grupo Shanghai International Port, que maneja el puerto de la ciudad. La inmobiliaria China Fortune Land Development es dueña del Hebei China Fortune. El Shandong Luneng Taishan responde a la Shandong Electric Power Corporation. Y la lista sigue…

El fútbol tiene cada vez más adeptos en China, aunque por ahora prefieren seguir los campeonatos europeos por televisión antes que el propio. El promedio de público en la Superliga es de 22.000 personas por partido, una cifra muy baja tratándose de la nación más poblada de la Tierra. Los clubes esperan que esa cifra aumente con las nuevas figuras, incluso porque por razones de diferencia horaria, el torneo doméstico no sufre la competencia de las emisiones desde Europa. El tiempo dirá si la cuantiosa inversión tiene resultados.

Poyet dirige en Shanghai.

Desde fines de noviembre pasado, Gustavo Poyet dirige al Shanghai Shenhua. Ahora tendrá a Tévez en su plantel. Poyet es el primer entrenador uruguayo que accede al boom de la millonaria Superliga china.

Propuesta increíble para Messi.

El Hebei Fortune le ofrece a Messi 500 millones de euros por cinco años de contrato. Tras su su última renovación con Barcelona, que expirará en 2018, el argentino cobra 39.400.000 euros anuales como salario.

Oscar pasó del Chelsea al Sipg.

El penúltimo gran pase a China, antes del de Tévez, fue el del internacional brasileño Oscar. El Chelsea lo transfirió al Shanghai SIPG por 61 millones de euros. A Oscar, de 25 años, le toca un sueldo semanal de 470.000 euros.

Hulk: 20 millones por año.

El brasileño Hulk pasó del Zenit ruso al SIPG chino por 58 millones de euros en junio pasado. Su salario es de 20 millones de euros al año. En su momento fueron cifras récord para China, ahora ya fueron superadas...

Jackson quiere volver.

El colombiano Jackson Martínez pasó del Atlético Madrid al Guangzhou Evergrande por 42 millones de dólares. Pero su futuro en China está en duda: medios europeos aseguran que quiere volver al Viejo Mundo.

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