HISTORIAS

Un Charrúa casi Guaraní

El volante Marcelo Palau pasa por un gran momento: jugará las semifinales de la Libertadores.

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Marcelo Palau, con Guaraní. Foto: Archivo El País.

Marcelo Palau acaba de clasificar con Guaraní de Paraguay a las semifinales de la Copa Libertadores. Algo que el club no conseguía hace 50 años.

"Estoy loco de la vida. Es algo inédito para el club y para nosotros como plantel. Nos tocó un grupo muy difícil y lo pasamos. Eliminamos a Corinthians que era uno de los candidatos. Y a Racing, el campeón argentino. Ahora seguimos con la fe intacta y confiamos en nuestro poderío. Vamos a dar pelea", afirmó desde el complejo de apartamentos en el que vive en el centro de Asunción.

"El equipo tomó el estilo de juego de Diego Alonso, que estuvo un año y con quien peleamos los dos torneos. Eso marcó para bien al grupo. Ahora ya llevamos dos años de trabajo con Fernando Jubero y ha sido muy bueno", contó Palau.

En semifinales se enfrentarán a River Plate, el equipo dirigido por Marcelo Gallardo, quien fue su compañero cuando el floridense cumplió el sueño de jugar en el equipo de sus amores: Nacional.

La camiseta de Guaraní es amarilla y negra, y fue lo primero que le dijeron sus amigos cuando firmó contrato. "Lo que hago es mirar enseguida el escudo y como veo al indio, me quedo tranquilo".

A poco de llegar, Palau logró ser capitán del equipo y llevó la cinta por más de un año. "Me adapté muy bien, la gente es muy parecida a los uruguayos. Me sentí enseguida como en casa".

El calor de Asunción fue la parte más difícil de la adaptación. "Este es mi cuarto año, estuve seis meses, luego fui a préstamo a Atlético Paranaense y volví. Es muy complicado, ahora aflojó un poco, pero tenemos nueve meses de más de 40°C", relató. "Por eso entrenamos muy temprano o de tardecita. De mañana empezamos a las 9 porque a las 9.30 o 10 ya es insoportable. O, si no, después de las 19. Yo prefiero de tarde, porque no me gusta mucho madrugar".

Palau ya es casi un paraguayo más, por eso la siesta es sagrada para él. "Es una obligación porque es la peor hora del calor. No anda nadie en la calle".

A lo que no logra acostumbrarse es al tereré. "Cuando tengo sed tomo agua o jugo. Y en casa tomamos mate caliente, la costumbre nuestra no la podemos cambiar. No agarramos para el tereré, incluso en las concentraciones cuando todos están tomando, no me llama la atención. Es bastante rico, dulce. Lo preparan de diferentes maneras, con agua y yuyos o con jugo de limón, de naranja o yerba saborizada".

Tiene 29 años y está en uno de los mejores momentos de su carrera. Es pieza clave en Guaraní, aunque dice que no hay muchas diferencias ente la garra charrúa y la guaraní. "Somos muy parecidos, quizás nosotros un poco más jugados. Somos más de ir a buscar y no nos achicamos con nada, acá son más resguardados. Eso sí, cuando se enojan, son muy bravos".

Las semifinales de la Copa Libertadores se jugarán recién después del 15 de julio. Palau lo prefiere así. "A nosotros nos viene bien, porque desde el 30 de enero hasta ahora jugamos 32 partidos. Veníamos con un desgaste grande, entonces esta pausa nos viene bien".

Para un uruguayo acostumbrarse a jugar tanto, nunca es sencillo. "No es fácil, pero después el cuerpo se acostumbra. Tenemos un plantel grande y aunque no rotábamos siempre, cuando llegabas a jugar cuatro partidos seguidos, luego quedabas afuera para descansar. O jugabas menos minutos. Además, cuando los resultados acompañan, el cansancio queda de lado".

En Nacional tenía dos años más de contrato, pero se fue.

Palau defendió nueve camisetas en su carrera. En el exterior jugó en Deportivo Quito, Puebla, Cruz Azul, Atlético Paranense y Guaraní. En Uruguay en Atenas de San Carlos, Rampla, Wanderers y Nacional. Cuando se fue del club albo tenía dos años más de contrato, pero pensó en la carrera y salió. "Jugar en un grande es el sueño de todo niño. Por suerte me tocó Nacional que es el equipo del que mi familia es fanática por varias generaciones. Fue poquito tiempo, pero lo disfruté mucho. Me hubiera encantado seguir, terminar el torneo y ser campeón, pero a veces hay que dejar los sentimientos de lado". Palau era titular, pero dejó de ser tenido en cuenta cuando llegó Carrasco. "No estaba ni en el plantel, entonces rescindí", contó.

Francisca lo cambió todo hace dos meses.

Francisca esperó a su padre para llegar al mundo. "Habíamos viajado a Venezuela a jugar y regresamos el jueves, ella nació el viernes. Todo salió bien. Era difícil que naciera justo en un día que yo estuviera en casa y se dio", contó.

"Los jugadores de fútbol nos perdemos muchas cosas, fechas familiares, casamientos, cumpleaños, y hasta el nacimiento de un hijo. A veces uno debe resignar todo eso para estar metido en la carrera que también se debe respetar".

Como Francisca llegó al mundo de apuro, no había nadie de la familia, pero no tardaron en viajar. "Por suerte, como es un vuelo corto vienen y van. Incluso pueden venir en auto. Gracias a la cercanía hemos estado bastante acompañados", dijo el volante que está feliz con la paternidad.

"Todo es nuevo y muy lindo. Todo el mundo te dice que los hijos te cambian la vida, pero hasta que no te pasa no te das cuenta. Acá estamos disfrutándola. En estos sus primeros dos meses estuve muy poco en casa, siempre concentrado o viajando. Por suerte falta una fecha para terminar el torneo y nos vamos unos días para Uruguay", destacó el volante.

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