HISTORIAS MUNDIALISTAS

1986: Los celestes por la cancha de los sueños rotos

Uruguay llegó con grandes expectativas a México, apoyado en un rico plantel y buenos resultados previos, pero todo comenzó a rodar mal incluso antes del torneo. Y después llegaron los seis goles de Dinamarca...

Foto: archivo El País.
Foto: archivo El País.

En la década de 1980, la Celeste dejó atrás las desventuras que siguieron a Alemania 74 y logró clasificarse a dos mundiales seguidos, además de conquistar la Copa América en 1983 y 1987. Una generación de grandes jugadores, muchos de ellos campeones sudamericanos juveniles, hizo posible esa recuperación. Sin embargo, las actuaciones en México 86 e Italia 90 borronearon todas las expectativas despertadas.

Y esas expectativas no eran solo de los aficionados uruguayos. En 1984, el seleccionado le ganó a Inglaterra en Montevideo, con un claro 2-0 y por momentos con baile. Eso determinó que en los pronósticos de la prensa británica para la Copa del Mundo 86, Uruguay figurara entre los favoritos.

Para cumplir una buena campaña mundialista es necesario que todo funcione bien en un equipo, desde la organización general hasta el rendimiento de cada jugador. Y en aquel 1986 hubo piezas que comenzaron a desarticularse antes del torneo, sin que se tomaran en cuenta las señales.

Por ejemplo, una accidentada gira por Europa, armada por un empresario casi adolescente, o una pelea con los futbolistas del seleccionado de México en un amistoso, que predispuso al público anfitrión en contra de los celestes durante la Copa. Y la despedida del público uruguayo, enfrentando en dos partidos a Nacional y Peñarol, resultó del todo inconveniente: el arquero titular Rodolfo Rodríguez se lesionó, no pudo jugar en México y eso generó tensiones en el plantel.

Los 22 jugadores, representando a 17 clubes de siete países, un signo de los tiempos que estaban cambiando en el profesionalismo internacional, fueron Fernando Álvez (Peñarol), Nelson Gutiérrez (River argentino), Eduardo Acevedo (Defensor), Víctor Diogo (Palmeiras), Miguel Bossio (Peñarol), José Batista (Español de Argentina), Antonio Alzamendi (River argentino), Jorge Barrios (Olympiakos), Enzo Francescoli (River argentino, recién transferido al Racing Matra de Francia), Sergio Santín (Nacional de Medellín), Jorge Da Silva (Atlético de Madrid), Rodolfo Rodríguez (Santos), César Vega (Danubio), Darío Pereira (San Pablo), Eliseo Rivero (Peñarol), Mario Saralegui (Elche de España), José Luis Zalazar (Peñarol), Ruben Paz (Internacional de Porto Alegre), Venancio Ramos (Lens), Carlos Aguilera (Nacional), Wilmar Cabrera (Valencia) y Celso Otero (Wanderers).

El técnico fue Omar Borrás, que había comenzado en forma prácticamente interina en 1982 pero que se ganó el puesto en base a triunfos. Sin embargo, para el momento de la clasificación, en 1985, ya el grupo parecía estar escapándosele de las manos. Al llegar a México, intentó parar al equipo con el sistema 3-5-2, que se puso de moda entonces, sin tiempo suficiente para ensayarlo.

Y aunque contaba con un rico plantel, la elección de los titulares no resultó siempre acertada. Por ejemplo, cuando Borrás le dio una oportunidad a Rubén Paz, ante Argentina, ya era tarde. De cualquier manera, el nivel general de los futbolistas estuvo lejos de su potencial, y en eso el técnico no tuvo la culpa...

El sorteo, además, deparó un grupo muy duro, ante tres europeos. El debut fue ante Alemania: 1-1, con un gol regalado a Alzamendi por los germanos al comienzo y una defensa a ultranza después, hasta que sobre el final llegó el empate por Allofs. A continuación, un desastre contra Dinamarca: se perdió 6-1, al exponerse al contragolpe de los velocísimos daneses. Para colmo, la FIFA amenazó con expulsar a los celestes por su juego duro.

Pese a todo, un empate ante Escocia alcanzó para clasificar entre los mejores terceros. El juez francés Quiniou se tomó en serio la palabra de la FIFA y expulsó a Batista antes del minuto de juego, por la primera infracción de todo el encuentro. Todo un récord. Con 10 hombres, Uruguay logró mantener el cero en base a sudor y especulación.

El camino terminó frente a Argentina, que ya insinuaba su gran nivel gracias sobre todo a Diego Maradona. Los albicelestes se pusieron 1-0, pudieron hacer más de contragolpe pero en los veinte minutos finales hubo una notoria levantada celeste, a impulsos de Paz, que puso incertidumbre en el resultado. E inevitablemente, hizo pensar qué hubiera pasado si Paz jugaba antes, si el equipo hubiera sido más ofensivo...

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