FUERA DE SERIE

Los Cebollitas, el legendario equipo infantil donde empezó Maradona

Era invencible en su tiempo, pero solo una de sus figuras llegó a ser estrella del fútbol profesional

Diego Maradona
Diego Maradona a los 12 años, en una foto publicada por la revista El Gráfico en 1973.

Diego Maradona fue famoso desde niño. Por supuesto, todavía sin la celebridad mundial que alcanzaría a partir de 1979, pero años antes el mundillo del fútbol argentino lo identificaba como ese niño que hacía todo tipo de malabarismos con la pelota en los entretiempos de los partidos de Argentinos Juniors o en los torneos infantiles con la camiseta de los Cebollitas.

Aquel equipo de chiquilines estuvo invicto por alrededor de 140 partidos, según algunos medios argentinos. Diego era su gran figura, aunque se asegura que había varios fenómenos. La historia vuelve a salir a la luz tras la muerte del ídolo, con un sabor agridulce: si lo mejor de la vida son los sueños infantiles, el despertar muchas veces no lo es, porque de aquellas lucecitas de los Cebollitas solo una se encendió como una estrella.

Empezando por el “había una vez”, el escenario fue un enorme baldío de Villa Fiorito (Lanús, Gran Buenos Aires), conocido como las Siete Canchitas. Una de esas canchas era de un cuadrito llamado Estrella Roja, donde jugaba un correntino, Diego Chitoro Maradona. El gran rival era Tres Banderas, cuyo líder era un tal Carrizo. Los hijos de ambos comenzaron desde muy chicos a entreverarse en esos partidos interminables. Y muy pronto mostraron que tenían pasta.

A fines de los 60, Francisco Cornejo, un exjugador de All Boys a quien todos llamaban Francis, colaboraba buscando talentos para Argentinos Juniors. Así armó un equipo de chiquilines nacidos a partir de 1958. Alguien comenzó a llevarle chicos de Fiorito. Se cuenta que un tal Mario Giménez se probó, no quedó y entonces llevó a Gregorio Carrizo, hijo del patrón del Tres Banderas. Goyo jugaba muy bien y fue fichado. Cuando el plantel de los nacidos en 1960 estaba armado, Carrizo le contó a Francis que tenía un amigo que jugaba mejor que él.

El entrenador no era de despreciar consejos y le dijo a Carrizo que invitara a su amigo. Así, un sábado de marzo de 1969, Cornejo vio llegar a un pibe morocho, chiquito, flaco. Lo recordó en su libro Cebollita Maradona:

“Dicen que por lo menos una vez en la vida todos los hombres asisten a un milagro, pero que la mayoría no se da cuenta. Yo sí. El mío ocurrió la tarde de un sábado de marzo de 1969 sobre el pasto mojado del Parque Saavedra cuando un pibe bajito, que me dijo que tenía ocho años -y yo no le creí-, hizo maravillas con la pelota. Cosas que yo nunca le había visto hacer a nadie”.

En particular lo asombró cuando el niño dominó la pelota en el aire con su zurda y antes de que tocara el piso, con el pie todavía en el aire, le hizo un sombrero a un rival y se fue con la globa dominada buscando el arco rival. Cornejo llegó a pensar que ese chico no tenía ocho años sino que era un enano de incógnito. Le pidió la cédula, pero la había dejado en su casa. Pero igual, por supuesto, Diego Armando Maradona fue incorporado al equipo.

Don Diego y otro padre, José Trotta, se turnaban para llevar a los niños desde Lanús al Parque Saavedra. Aquel lo hacía en colectivo; Trotta en su camioneta Rastrojero. Una foto de ese vehículo, con todos en la caja, ha vuelto a circular estos días.

Con Maradona, Carrizo y varios pequeños cracks también, aquel equipo comenzó a arrasar rivales. Disputaban todo tipo de campeonatos, salvo el oficial, pues la novena división, la de más abajo, arrancaba a los 14 años. Hay dos versiones sobre el origen del nombre Cebollitas. Una asegura que el nombre se lo puso Cornejo porque todos sus jugadores eran muy chiquitos. Otra, que fue una solución para anotar al equipo en los torneos infantiles Evita, una gran competencia nacional que organizaba el gobierno peronista argentino. No se admitía a equipos de los clubes del fútbol oficial, por lo cual varios de ellos competían con otras denominaciones.

La fama de los Cebollitas trascendió enseguida al barrio o a los hinchas de Argentinos. En agosto de 1973, la revista El Gráfico le dedicó dos páginas, en una nota del periodista Horacio del Prado titulada “Estos pibes la rompen”. Por supuesto, había espacio destacado para Maradona. Ya en ese momento dos clubes importantes le habían ofrecido dinero al padre para ficharlo, pero don Diego prefirió que siguiera por un tiempo con Francis. Se hablaba en el artículo de la amistad de todos, de los cumpleaños celebrados en conjunto y de la exigencia de Francis de tener buenas notas en la escuela para integrar el plantel.

Jugaban de a once, en canchas grandes, como quería Cornejo para formarlos mejor. El equipo habitual era: Ojeda; Trotta, Chaile, Chammah, Montaña; Lucero Dalla Buona, Maradona; Duré, Carrizo y Delgado. Así lo anotó el propio 10 en su libro Yo soy el Diego de la gente.

En 1971 el equipo vino a Montevideo en el marco de las Cruzadas Rioplatenses, pero Maradona se olvidó los documentos y no pudo jugar.

Los Cebollitas llegaron a la final nacional 1973 de los torneos Evita, que se disputó en Embalse Río Tercero, Córdoba. El partido era contra Santiago del Estero. Al parecer, los chicos (y los mayores) se confiaron demasiado. Pasaron demasiado rato en la piscina o andando a caballo. Se jugó bajo intenso calor y los Cebollitas, cansados, vieron como los santiagueños les empataron al final.

Hubo que definir por penales. Como Maradona no era buen ejecutante, Cornejo lo dejó fuera de la lista de los que iban a patear. Diego se puso a llorar tan fuerte que el entrenador tuvo que incluirlo. Y lo erró… Uno de los rivales lo consoló: “No llorés, hermano, si vos vas a ser el mejor jugador del mundo”.

En 1974 se tomaron revancha y fueron campeones sin discusiones.

Cuando los chicos cumplieron 14, se integraron a la novena de Argentinos y aquellos Cebollitas dejaron de existir como equipo. Casi enseguida, Maradona pasó a la primera y debutó a los 15.

Apenas tres de sus compañeros llegaron a primera división, aunque estuvieron a años luz de la fama del 10. Y ni siquiera eran los titulares habituales del equipo infantil: Abelardo Carabelli, Claudio Rodríguez y Marcelo Rende.

Goyo Carrizo, pese a haber sido “el mejor socio de Diego” dentro de una cancha en toda su carrera, según Cornejo (quien falleció en 2008), apenas una vez estuvo en el banco de suplentes de Argentinos. Una lesión inoportuna, su poca dedicación al trabajo y, sobre todo, su escasa conciencia profesional le terminaron cerrando las puertas.

En 2017, El Gráfico encontró a Carrizo en Villa Fiorito, de donde nunca salió. La evocación de aquellos tiempos en que formaba con Diego la dupla ofensiva de los Cebollitas se le mezcló con los sueños frustrados y lo llevaron a una fuerte depresión durante años. “El Maradona que no fue”, lo llamaban. Quizás como aquel Pete Best, el baterista inicial de los Beatles que fue reemplazado por Ringo antes de que los asaltara el éxito, hubo otros maradonas por el mundo que nunca salieron del campito.

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